The Queen Is Dead: el disco de The Smiths, con Alain Delon en la tapa, que compite por ser el mejor álbum de la historia

Te lo acordás como el primer beso. Hace 40 años, y más también, había álbumes que se escuchaban enteros. Se trataba de varias canciones, una detrás de otra. Cuarenta años pasaron desde el acontecimiento que significó la edición de The Queen Is Dead, el álbum sensible y poderoso de los Smiths que compite con cualquiera de los mejores discos de Los Beatles, y que además tiene la canción perfecta: There Is a Light That Never Goes Out.

Entre paréntesis, qué bueno que Morrissey siga vivito y calumniándonos, ahora, hace rato, desde una carrera solista que no tiene nada que envidiarle a la brevedad de su banda célebre.

The Queen Is Dead es el disco que nos gusta porque todas las canciones están buenas. Es la satisfacción del deber cumplido. Se siente el amor de una banda por la calidad de su legado. Un grupo que no iba al grano con las letras y que, cuando se debía hablar de mujeres, la conclusión era “algunas chicas son más grandes que otras”.

Musicalmente es un disco envidiable. El tercer álbum de los Smiths, editado exactamente un 16 de junio de 1986 -también durante un Mundial- salía a la venta mientras Diego Maradona le hacía un gol a Inglaterra con la mano de Dios.

Un trabajo asombroso. Cuando apareció en la Argentina, los Smiths se transformaron en un guiño de elegancia hacia el resto de la industria pop. En ese momento no se tenía muy clara la imagen de los músicos. No existía MTV. De Morrissey apenas se tenían unas fotos publicadas en la revista española Ajo Blanco, donde se le veían los gladiolos colgando del Levi’s.

Era algo extraña su imagen. Lo más parecido que habías visto a Federico Moura, de Virus. Ajo Blanco describía -durante una gira de la banda inglesa por España- los movimientos afeminados del cantante versus el garbo del guitarrista que se pondría irremediablemente de moda: Johnny “Fuckin” Marr.

La manera de tocar de Marr sigue siendo dificilísima de copiar. No usa acordes tradicionales, no hace punteos y, como si armara canciones paralelas, lleva la melodía lejos de la voz del cantante.

Es probable que los Smiths hayan sido el comienzo del britpop que poco más tarde estallará en los ‘90. Lo que lamentabas era un inglés a lo Roberto Quenedi, el personaje de Capusotto. Pero la letra era el plus porque en el rock primero está la música. Para poesía están los libros. Y los Smiths apilaban melodías con el color de la voz de quien hoy es es el último crooner.

No teníamos mucha idea de la Inglaterra conservadora y desagradable de Margaret Thatcher. Nos gustaba tararear los temas y mirar la tapa de un disco de culto que rompía con la monotonía de la foto de banda (aquí el hombre moribundo de tapa no es otro que Alain Delon).

Después nos preocupamos por saber lo que decían las canciones. “Y si un autobús de dos pisos se estrella contra nosotros / Morir a tu lado es una manera tan celestial de morir / Y si un camión de diez toneladas nos mata / Morir a tu lado… Bueno, el placer y el privilegio es mío”.

En la época vibrante del rock de paloma de la paz que promovía Live Aid, aparecían, ¡en un mismo disco!, temas como There Is a Light That Never Goes Out, The Boy With the Thorn in His Side y Bigmouth Strikes Again.

La inspiración sentimental de Noel Gallagher está aquí. Los Hermanos Macana se meten con todos, pero a Morrissey no se lo toca. Con la aparición de este álbum, un oportuno silencio de radio de Paul McCartney habría puesto de manifiesto cierto temor por el reinado. The Queen Is Dead era un monumento de melancolía para toda una generación que convirtió cualquier tristeza en un problema de padre ausente.

Las canciones son tremendas. Dicen que si no llorás con I Know It’s Over, no sabés vivir. Cemetery Gates, Vicar in a Tutu, Some Girls Are Bigger Than Others. Tener orgullo de los Smiths se traducía en remeras anti Ramones. Era un signo de distinción inapelable ir con el vinilo verde Artaud bajo el brazo.

There Is a Light That Never Goes Out. Esa podría haber sido mi respuesta a la pregunta sobre lo que opino de este disco, y hubiera sido suficiente”, dice el Cadillac Sergio Rotman. “¿Qué significó en la época de su lanzamiento en Argentina? En Freedom sonaba todas las noches”.

En 2013, la revista NME lo declaró el mejor álbum de todos los tiempos. The Guardian lo ha denominado “obra maestra”. El tiempo lo infla cada día más. Costará verlo protagonizar un retroceso.

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