Excesos, escándalos y peleas mediáticas: Say No More el álbum concepto que cambió para siempre la carrera de Charly García

Say No More. No digas nada. La frase ya está incrustada en la cultura argentina como si siempre hubiera estado ahí. Hace tiempo que ya no es sólo una cita pronunciada por Paul McCartney en la película Help! Es un logotipo de fondo blanco, con una “S” negra sobre una “M” y una “N” rojas garabateadas. Es un concepto abstracto que definió toda una era de un artista. Es un mantra apropiado por una multitud de fans. Es el título del octavo álbum solista de Charly García, que está cumpliendo 30 años.

Como si fuera un camaleón humano, la estrella argentina ya había pasado por períodos distintivos y radicalmente diferentes entre sí: la época folk-rock de Sui Generis, el feroz rock progresivo de La máquina de hacer pájaros, la sofisticación y masificación de Serú Girán y el pop eléctrico de Clics modernos.

A principios de los ’90, momento bisagra luego de siete exitosos álbumes de estudio (sin contar los otros nueve como parte de agrupaciones), su cambio estuvo conectado de manera simbiótica a su persona mediática, a sus escándalos y a sus excesos.

¿Toda una performance artística que excedió su obra discográfica o los efectos de un consumo constante y excesivo de estupefacientes? ¿El sello final de una era creativa o, como dice el escritor Roque Di Pietro en su descomunal obra Esta noche toca Charly, “la ofrenda del artista que, luego de haber hecho todo lo que un músico pop puede hacer en un país como la Argentina, finalmente y en el más estricto sentido de la expresión, logró liberarse”?

Estaba en llamas cuando me acosté

"Say No More", la tapa del disco que marcó un quiebre en la carrera de Charly García.

La hija de la lágrima ya anticipaba Say No More: una pretendida ópera rock plagada de derivas instrumentales y atmósferas cargadas de ruidos analógicos, en donde el azar prevalece en la superposición de pistas. Es un puente: Chipi-Chipi o Fax-U, dos hits que podrían haber estado en cualquiera de sus discos anteriores, conviven con los paisajes sonoros y casi zapados de Jaco y Chofi o Calle (Taxi).

A la par, Charly vivía ya episodios que comenzarían a ser cada vez más comunes en la prensa argentina: internaciones en clínicas en 1991 y 1994, las accidentadas presentaciones de La hija de la lágrima en este mismo año (la primera fecha suspendida, ya que García llevaba tres días sin dormir y a otra llegó tres horas tarde) o su detención en Río de Janeiro en 1995 por haber provocado disturbios en el avión.

En enero de 1996 se presentó en Villa Gesell en un concierto que podría ser el precedente más directo de la era Say No More. Charly se encontraba en un estado descolocado, apenas cantaba, se cayó al suelo y acusó (en un chiste que no resultó) a su guitarrista Carlos “El Negro” García López de ser el responsable de sus adicciones, tras lo cual este le encajó un puñetazo. En la biografía Nunca digas nada de Sergio Marchi, el periodista atribuyó el estado de Charly a que se olvidó de tomar su pastilla del tratamiento ese día.

Y fue el mismo concierto en el que se lo acusó de apología de las drogas, todo porque el gobierno de la provincia de Buenos Aires estaba llevando a cabo la campaña “Sol sin drogas”, a lo que Charly, en uno de sus arranques de humor ácido, trastocó para decir: “¿Qué sol sin drogas? ¡Drogas sin sol!”. El resultado fue terminar en un juzgado de Dolores, en donde comenzó una causa por incitar el consumo de estupefacientes. Así dio inicio el año de la edición de Say No More.

El salto a la piscina en el hotel de Mendoza. Plena etapa Say No More de Charly García.

Constant Concept

Ya desde 1995 Charly había estado componiendo de manera entusiasta una banda sonora para la película Geisha de Eduardo Raspo, que ni siquiera había comenzado a producirse. Su participación se terminó cayendo, pero de las cenizas de lo que iba a ser aquella obra fue naciendo, poco a poco, su octavo álbum, que luego fue dando forma en España en marzo y abril de 1996.

Por primera vez desde Clics modernos, el técnico estadounidense Joe Blaney no tuvo un rol importante en la obra, y sólo editó ciertos pasajes. “Él grabó el disco de una forma en la que sabía que yo no iba a estar de acuerdo”, contó en la biografía de Marchi.

"Say No More no escucha, destrye". Concepto de Charly García. Foto: Maximiliano Vernazza

En su lugar, estuvo el ingeniero de sonido Marcos Sanz, para quien la obra de García era un completo enigma (por lo que no tenía ninguna idea preconcebida) y que justamente estaba buscando experimentar en el estudio, por lo que Charly encontró al aliado ideal. “No me gustaba grabar discos convencionales como graba todo el mundo, me parecía muy aburrido”, le dijo, a lo que Charly le respondió “A partir de ahora vamos a entrar en una dimensión nueva”.

“Trabajó con el mismo desorden que con La hija de la lágrima, pero multiplicado por cien”, escribe Marchi. Y es que el artista se guió por una filosofía que fue generando en esos años, la del “constant concept”, creada involuntariamente por su hijo Miguel cuando este vio a su padre enchufando cosas y le dijo ‘pa, pará con el concepto constante’, sobre el cual Charly reflexionó, entrevistado por Claudio Kleiman para El Musiquero: “Podés pensar que no hay ninguna idea, ningún concepto, que es solamente el rito de pasar lo que tenés en la cabeza a eso que puede ser una consola o una cinta. Eso es poesía. No pensar, ir y cantar”, contó el entrevistado

Aquel método libre, para algunos una forma de enmascarar una calidad cada vez más decreciente, incrementada por su consumo; para otros una muestra de su genio creativo, se fue reflejando en una grabación experimental que involucró capas de sonidos e instrumentos realizadas sobre las bases instrumentales hechas para Geisha con técnicas para nada usuales inspiradas en parte en la manera en la que se produjeron los temas Free as a Bird y Real Love de Anthology de The Beatles.

Charly festejó su cumpleaños 50 en un bar de Palermo, al que habían bautizado Say No More. Una entrada impetuosa.

El disco de 14 tracks (alrededor de 55 minutos), grabado en cuatro estudios diferentes, se publicó el 28 de noviembre de 1996 e involucró participaciones de María Gabriela Epumer, Mario Serra y Rinaldo Rafanelli, entre otros. Con el lanzamiento, llegó un aluvión de críticas, muchas de ellas positivas.

Cuchillos

El álbum es un reflejo a carne viva de la vida de Charly García en aquellos años. Mientras que La hija de la lágrima estaba protagonizada por un personaje, en Say No More el músico se desnuda, casi como si en un gesto romántico eyectara toda su vitalidad, a la par que aquella silueta de la icónica portada fotografiada por Andy Cherniavsky, atravesada por un fulgor casi extraterrestre.

Say No More es un raro paso hacia adelante de Charly García. O, dicho de otro modo, un temerario salto al vacío”, escribió Oscar Finkelstein para Clarín; “Un trabajo desgarrador del hombre que impuso el rock autorreferencial en la Argentina”, escribió Martín Pérez para Página 12; “Se trata del álbum más oscuro de un artista único de nuestro rock que, en tiempos oscuros, inauguró claridades desde su lucidez y su ironía”, escribió Daniel Amiano para La Nación.

Pero más allá de la recepción crítica del álbum, tal vez lo más interesante de los efectos del álbum sean las filas de nuevos fans que atrajo. Toda una nueva generación de jóvenes se vio magnetizada por Say No More, algo que sorprendió hasta al mismo Charly: “Yo pensé que iba a generar nuevos fans, pero nunca imaginé que serían los pendejos”, le declaró al periodista Martín Pérez en 2002 en una nota de Página 12.

Aquellos serían sus “aliados”, término que forma parte de todo un campo semántico construido por el artista, junto a “Constant Concept” o a slogans como “La entrada es gratis, la salida vemos” o “La vanguardia es así”.

Di Pietro coloca una hipótesis muy sagaz en su libro: Charly se habría inspirado tanto en The Beatles como en Prince para su nueva identidad. De los primeros obtuvo la frase “Say No More”, dicha varias veces en una escena de Help!, mientras que del segundo obtuvo otra manera, más abstracta (en el caso del compositor estadounidense, cambió su nombre por un logotipo impronunciable) de ser nombrado.

El logo de "Say No More", en el Obelisco de la Ciudad de Buenos Aires.

La vanguardia es así

Días antes de la primera presentación de Say No More en el Teatro Ópera el 28 de diciembre, Marchi encontró a Charly con signos de desnutrición y hasta relató en No digas nada que tuvo un paro respiratorio. Lo intentó convencer para cancelar los shows, pero no hubo caso.

La presentación no sólo fue caótica como la propuesta del disco, sino fallida. La capacidad del teatro no llegaba ni al 50%, como relata Di Pietro en su libro y, como se puede observar en una grabación en YouTube, la intro de Charly es una deriva que pasó por Ticket to Ride de The Beatles, la Quinta sinfonía de Beethoven y fragmentos de Estaba en llamas cuando me acosté, para desembocar en un “Esto está dedicado a un hijo de puta y a una hija de puta que me quieren volver loco”.

El concierto continuó entre interrupciones, errores técnicos, y divagaciones, entre los cuales se escuchan Necesito un gol, Canciones de jirafas o Cuchillos, mientras la gente reclamaba clásicos y un concierto sin tantas complicaciones. La segunda fecha terminó cancelada casi a los veinte minutos después de comenzar, con Charly refugiado en su camarín desnudo, mientras que la tercera fecha directamente nunca sucedió.

Charly García en agosto de 2009, cuando regresó de las internaciones y estrenó "Deberías saber por qué". Final de la era "Say No More", pero el logo siguió firme. Foto: DyN

Aquel concierto de alguna forma inauguró de manera oficial toda una era de excesos, en donde ya casi no hubo distinción entre artista y obra. Se podría decir, de hecho, que la obra de García en su etapa Say No More no incluyó sólo el álbum que le da su nombre, El aguante o Influencia, sino también el momento en el que se tiró desde un noveno piso de un hotel de Mendoza a la pileta, sus fricciones memorables con Jorge Lanata o sus charlas magnéticas y desenfrenadas con Susana Giménez.

Es un milagro que Charly García haya sobrevivido a toda esa época. En el 2008 tuvo una crisis nerviosa en Mendoza al mezclar alcohol y ansiolíticos, y provocó destrozos en un hotel, tras lo cual fue internado en el Hospital Argerich por neumonía, y luego continuó su recuperación junto a Palito Ortega, en su quinta.

Cuando Charly anunció su retorno en agosto del 2009, ya recuperado, el Obelisco amaneció intervenido con el brazalete rojo y blanco con las famosas siglas “S”, “N” y “M” . Aquella era marcada por el álbum había terminado, y el significado de la frase, como gran parte de la obra del artista, mutó y trascendió. Say No More.

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