Roberto Hermida, dentista: “Algunos alimentos, enfermedades y hábitos causan mal aliento. En muchos casos, puedes mejorar si mantienes la boca y los dientes limpios”

Las estanterías de las farmacias están llenas de chicles, caramelos de menta, enjuagues bucales y todo tipo de productos pensados para combatir el mal aliento. En realidad, muchos de estos productos son medidas a corto plazo y no resuelven las causas de este problema que, por cierto, causa mucha vergüenza.

La Mayo Clinic, de Estados Unidos, explica que “algunos alimentos, enfermedades y hábitos causan mal aliento” y asegura que, “en muchos casos, puedes mejorar el mal aliento si mantienes la boca y los dientes limpios”. Si el mal aliento persiste, es decir, se transforma en halitosis, habrá que consultar al dentista.

Pero lo más importante es saber, desde el vamos, que el mal aliento está causado por bacterias y no por la comida, la bebida o el tabaco, aunque también influyen de manera temporal. Las bacterias se desarrollan, sobre todo, en la lengua si falla el cepillado, sufres deshidratación o tienes la boca seca.

El dentista Roberto Hermida (@eldentistarober) explica que todo ocurre mientras dormimos. Durante la noche, tu cuerpo produce mucha menos saliva, lo que favorece que esas bacterias se multipliquen sin control. “Cuando disminuye nuestra saliva, las bacterias se multiplican y aparece el mal aliento, tan característico de la mañana”.

Luego advierte de que una mala, o nula, higiene bucal antes de dormir agrava el problema. Si uno se cepilla los dientes a las apuradas o de manera incorrecta, se olvida de limpiar la lengua o padece enfermedad de encías, el mal olor se intensifica. “Si a eso lo juntamos con que no nos lavamos la lengua o tenemos enfermedad de encías, ya estamos en problemas”, agrega.

Como dijimos, hábitos poco saludables como fumar, beber alcohol en abundancia o consumir determinados alimentos con olor persistente, como el ajo, complican la situación. “Si encima le juntamos el tabaco, el alcohol o ciertos alimentos, ya no se nos van a acercar ni a 20 kilómetros”, explica con humor.

Para Hermida, la clave está en mantener una buena rutina de limpieza nocturna, especialmente antes de acostarse, cuando la boca queda más expuesta a la proliferación de bacterias. “El lavado de los dientes y la boca por la noche es fundamental porque eso nos va a hacer que, dentro de lo que cabe, nos huela un poquito menos al despertarnos”, concluye.

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