Natalia Oreiro y Gael García Bernal: la búsqueda de la conexión y el amor en los tiempos de algoritmo
A veces el deseo no avisa. Como una suerte de erupción aleatoria que, según donde te encuentre, es capaz sacudir y hasta arrasar lo cimentado cual estruendo. En ese tsunami emocional, ficcionado bajo la tutela de Juan Taratuto, su director y autor, conviven Natalia Oreiro y Gael García Bernal: que el 21 de mayo en cines y por primera vez juntos, estrenan Nada entre los dos.
Y entre miradas que otorgan, zumbidos involuntarios y madrugadas fortuitas en un resort playero, los protagonistas de la nueva comedia de romance maduro (producida por Cimarrón, Concreto Films, Particular Crowd y coescrita con Matías Scartascini) vislumbran mucho más que el chispazo en la conexión.
“El viaje imprevisto sorprende mucho a mi personaje, Mechi, que se reencuentra como mujer. No sin culpa, pero permitiéndose vivir algo en una adultez que no pensó y estaba necesitando. Es una película muy actual y reconocible”, dice Natalia Oreiro -que compone a una empleada corporativa desmotivada, colega de Guillermo, personaje de Gael García Bernal- sobre su despertar en el lugar menos pensado.
“La película toca una fibra sensible. Se lo manifesté varias veces, pero fue hermoso conocer a Natalia. Ojalá sea el principio de muchas”, dice el mexicano, que además es director y productor, sobre el filme que en clave de comedia agridulce (también rodaron juntos Hombre al agua, la tercera película de Gael como director) registró el debut de la dupla en escena.
La de hoy -un mediodía frío en Argentina y de tarde en continente europeo, desde donde se conecta Gael- los reencuentra vía virtual. “Estoy con un desfase de horario brutal”, aclara el actor y avisa su colega: “Yo terminé de filmar algo antes de ayer”.
Pero entusiasmo mata jet lag para el director de Déficit (2007) y Chicuarotes (2019), que actualmente protagoniza Santita en Netflix y la actriz de La mujer de la fila, dirigida nuevamente por Fernán Miras en La casaca de Dios.
“Fue una oportunidad no sólo de trabajar sino formar un vínculo fantástico de amistad entre tomas y escuchar las anécdotas que Natalia tenía para contar. En otra época nos hubieran puesto la nota de: hablan mucho en clase”.
Natalia Oreiro y Gael García Bernal son los protagonistas de “Nada entre los dos”, el nuevo filme de Juan Taratuto.-¿Los que se sientan al fondo y se dispersan con facilidad?
García Bernal: Sí, pero muy concentrados en lo que hacemos. Dándole vueltas. Uno va transmutando lo que le pasa a los personajes, planteando diferentes hipótesis y se arma un debate activo muy lindo.
Oreiro: Nuestro trabajo es un poco eso. Conocer al otro, conectar de forma genuina y traducirlo en miradas cómplices de dos personajes que se vinculan de forma romántica y erótica. Nosotros nos conocíamos un poco, pero entender el punto de vista de diferentes cuestiones de la vida, relacionadas o no a la película, al fin del día funcionaba para cuando la cámara se encendiera.
¿Dos actores y un director o tres directores?
Video
Tráiler de “Nada entre los dos”
-¿Cómo fue triangular con Taratuto, que además de palabra autorizada del género (Un novio para mi mujer, No sos vos, soy yo) es un director que suele repetir equipos y con ustedes rompió la matrix?
Oreiro: Fue bastante atípico. Con Juan me había juntado varias veces a tomar café y charlamos bastante antes. Después, en rodaje, soy de preguntar mucho, llegar antes, entender la forma de mirar, el contexto, la cámara, el tipo de lentes. Que al principio me costó, porque Juan prefería que no participara tanto del detrás, para que fluyera más. Y fue interesante porque uno aprende a convivir con distintas necesidades. También trabajo mucho con María Laura Berch, que me acompañó en rodaje porque el saber, en todo sentido, tiene mucho valor. Es una necesidad personal. Puede jugarte en contra, a veces, tener demasiada información, pero es mi forma.
-¿Tu forma está muy alejada o es más parecida a la de Natalia?
García Bernal: Cada película es un mundo. Y como actores siempre queremos perdernos un poquito también. Entrar con mucha propiedad, pero una vez en ruedo, pasan cosas y a veces uno no tiene idea dónde está y esa inseguridad extraña genera unos virtuosismos alucinantes, muy vivos. También existe la percepción que los directores entienden todo, pero están experimentando a la par. No existe una verdad absoluta y me gusta partir desde ese lugar.
Natalia Oreiro cuenta sobre su trabajo en “Nada entre los dos”: “Conocer al otro, conectar de forma genuina y traducirlo en miradas cómplices de dos personajes que se vinculan de forma romántica y erótica”, dice.-En un mundo que tiende cada vez más a la desconexión vincular, ¿Hacer una película sobre conectar con el otro es un acto de fe?
García Bernal: Hoy tenemos 99 contactos y nos sentimos muy solos. Antes eran 4, 5 y esas personas eran tu roca. El filme habla de personajes contemporáneos a nosotros, que también vivieron esa etapa de lo análogo a digital y tenemos un ejercicio quizás nostálgico. De tener que esperar a que alguien te abra la puerta y no había otra que esperar. La película toca una fibra sensible, deseable.
Y expone: “Siempre es un poco ingrato ponerle tanto peso a una película. Eso es lo interesante del cine, que antes de que exista o mientras la estamos haciendo no hay nadie manifestándose. No hay un paro en la carretera diciendo: que les salga bien, imbéciles. Pero lo loco es que, por ejemplo, hoy en día no se entendería México sin Amores Perros. Pasan 25, 26 años y es una película que marca el cine latinoamericano. Como otras que, ya cuando existen, logran una trascendencia que sólo se logra en las salas.
Gael García Bernal, también director, ya tiene a Natalia Oreiro en su radar, para algún próximo filme.-Hoy también rige el otro modelo de estreno de películas pensadas sin escala para el streaming. ¿Qué se ganó y qué se perdió?
García Bernal: Siento que algo pasó con la plataforma que en alguna época sí era revolucionaria, pero como lo fue el microondas. Un instrumento más. Pero no era tampoco el medio la solución. La sala de cine, el espectro de ese espacio anónimo oscuro donde te concentras, refugias, entra luz ajena es una experiencia tan única y trascendental que yo me rindo… Ahí es donde sucede. Nosotros vimos clásicos en VHS o tele y disfrutamos, pero cómo cambió la experiencia en salas. Me acuerdo con quién estaba sentado y el día.
Oreiro: Yo también, a mis 14, en la Cinemateca de cine del Uruguay, vi una que me marcó y dije: quiero hacer esto. Pero comencé viendo en la tele blanco y negro de mi abuelo, series de Alfred Hitchcock y ponía una papa arriba con dos agujas de tejer para agarrar la antena. Pero si tengo que elegir, ayer fui al cine con mi hijo a ver Las ovejas detectives.
Ir hoy al cine es un acto de fe y hacer una película también. En otro formato, el mejor de los casos la pantalla de casa, perdés detalles. Suena el timbre, está tu hijo, pausás. Sin querer ser negacionista con la realidad, que también acerca a quien no tiene posibilidad del cine, para mí la magia está ahí. Pero nosotros contamos historias y queremos conectar. Hoy pueden ser varias y hay que aprender a adaptarse.
El algoritmo tan temido
Un romance entre dos personas maduras en un resort, el disparador de “Nada entre los dos”, la película de Juan Taratuto con Natalia Oreiro y Gael García Bernal.-¿Cómo se le esquiva al algoritmo, si es que todavía no los condiciona para la diversidad de historias que eligen contar?
Oreiro: Está cruel eso. Todavía me cuesta. Yo soy bastante analógica. Sigo escuchando discos en vinilo, no hace tantos años que tengo celular, obvio que ahora me tiene atrapada. Pero me cuesta entender que decidan filmar historias por un algoritmo. Me pasa lo mismo con la inteligencia artificial, que le tengo mucho respeto y trato de tenerla lo más lejos posible.
Sigo creyendo en lo artesanal, lo físico. No soy necia, pero lo vincular sigue siendo lo que conecta, el calor de un abrazo y un beso. No sé si un algoritmo te puede decir lo que a otro le puede gustar y va a funcionar, quiero creer que no, porque si no estamos terminados. Pero no deja de ser programado.
Mientras hablamos, están pasando cosas muy difíciles y fuertes en el mundo y está programado. De hecho, el cine es una herramienta masiva de control, por lo que es importante contar nuestras historias, con nuestra idiosincrasia en nuestro idioma para hacer frente a todo eso que quieren borrar de un plumazo. Historias que nos representen, películas independientes con bajo presupuesto, porque en la ópera prima está el semillero y si eso desaparece, desaparece el cine.
García Bernal: ¿Cómo le hacemos batalla? Inventándonos otras películas, porque no hay nada más lindo que hacer cine en libertad. Aventurarse a retratar geografía que no estaban siendo retratadas, rostros, caras, lenguas que comúnmente no veíamos. Y pronto hablaremos de una película que hicimos en completa libertad. (Se miran)
Secretos cómplices
-¿Donde vos la dirigís a Natalia?
Oreiro: No puedo hablar mucho de eso, Gael prefiere mantenerlo así… Me encanta trabajar con él, en realidad tuvimos contacto antes de hacer esta peli. Es muy interesante como compañero y artista. Tiene una cabeza muy particular y tenemos muchos puntos en común de ver la vida. Es gracioso, canta muy bien. Nos divertimos mucho cantando, jaja.
Natalia Oreiro, junto al director Juan Taratuto, ya convertido en especialista en comedias románticas, desde “No sos vos, soy yo” y “Un novio para mi mujer”. -Venís de ser dirigida nuevamente por Fernán Mirás (La casaca de Dios) que a su vez hizo teatro con Gael en Argentina en 2018, al mismo tiempo que vos filmabas Re loca con él. ¿Era un nexo en común entre ustedes?
Oreiro: Sabía que habían hecho teatro, de hecho, me usaban de paloma mensajera para saludarse, pero no que había sido ese mismo momento. Nuestro trabajo es tan golondrina que un día estás en México, al otro en España. Tenemos muchas personas en común y Fernán es un amor de compañero, de persona, muy sensible. Más que Gael como actor y como director, jaja.
De estrellato precoz, también padres (Oreiro de uno y Gael de tres, dos de ellos con la actriz Dolores Fonzi) y militantes del cine en la era del scroll, terminan de acortar distancias con la misma convicción: “Es muy difícil entender la vida sin la experiencia de este trabajo, porque nos dio nuestra familia, casi todo. El cine es un pedazo de nuestra epidermis y de nuestros órganos también”.



