El Cuarteto cordobés está en su mejor momento: tiene su día, grupos muy populares y hasta una productora escuela que es semillero de artistas

Así como existe un Museo del Cuarteto, Córdoba también cuenta con su propia Casa del Cuarteto, por lo menos es así como se la apoda a la productora musical Almenara Network, donde grandes referentes del género musical cranean minuciosamente la manera de promulgar y difundir esa contagiosa música regional a lo largo y ancho del país, desde Ushuaia hasta la Quiaca, e incluso trascendiendo fronteras nacionales.

A esta altura, no existe duda alguna que la misión se está cumpliendo con creces: el cuarteto hoy por hoy es música popular a nivel nacional y no sólo es furor en la región de la Docta, de generación a generación, desde mitad del siglo XX.

Almenara o La Casa del Cuarteto, como más guste llamarla, queda en un caserón enorme en el pituco Barrio Villa Belgrano, donde hay salas de ensayo, de grabación y un patio gigante con pileta de natación, aunque su mayor particularidad es su función como “semillero” de grandes promesas, más allá de albergar a artistas consagrados que llenan estadios en cualquier provincia argentina.

No es dato menor que uno de sus ideólogos sea Ulises Bueno, hermano del recordado Potro Rodrigo. Él cuenta que le hizo una promesa a su consanguíneo mayor: hacer todo lo posible para que se conozca el cuarteto en todos lados. Y al parecer eso ya estaría sucediendo. Hoy el cuarteto ya no es solo sinónimo de barrios populares, sino que además es fundamental hasta en las esferas de la alta sociedad, con innumerables figuras jóvenes, ya no sólo se bailan clásicos de La Mona Jiménez o de Rodrigo el Potro.

En este contexto, Ulises y sus colegas, entre los que figuran su prima Magui Olave, Desakta2, Simón Aguirre y su pareja Valentina Márquez, entre otras figuras, compartirán, a través de su canal de YouTube (@almenaraok), un documental cuyo fin será homenajear al género musical en su día.

Es que cuenta la leyenda que un 4 de junio de 1943, el Cuarteto Leo fue el primero en presentarse en vivo en una emisora radial, LV3 Radio Córdoba. A partir de entonces, esa fecha quedó como simbólica y de celebración en la agenda cordobesa: el Día del cuarteto.

Desakta2, parte esencial del actual fenómeno del cuarteto.

Aunque parezca mentira y a diferencia de otra época, Simón Aguirre (24) -sobrino de Walter Romero, cantante de Banda XXI, que se suicidó en 2017- plantea que hoy es más complejo conquistar al público cordobés, inclusive más que décadas atrás.

“El cordobés es un mundo aparte. Es totalmente diferente a la gente del resto del país. Siento que aquí cuesta más por ciertas razones. Primero que nada, el cordobés es una persona que no se come cualquiera: es pillo, va al frente, le cuesta digerir algo nuevo porque es muy tradicional. Cualquier condimento distinto que incluís, te cuestiona: ‘Eso no es cuarteto’, te dicen”.

10 años para conquistar a los cordobeses

Magui Olave, prima del Potro Rodrigo y de Ulises Bueno. Historia y presente del cuarteto cordobés.

Precisamente por esa razón es que Ulises (40) focaliza tanto en la juventud a través de consejos, pues a él le costó más de diez años conquistar a propios y a extraños, más allá de ser el hermano de un ídolo.

Además de encarar mi carrera, como productor me ocupo mucho que los chicos no vivan sus experiencias profesionales de manera sufrida. A mi me costó y sufrí bastante. Yo lo analizo así, como mi rol de padre: no quiero que mi hija pase por lo mismo que me tocó pasar a mí, que no padezca. Por eso no hay que ser egoísta, hay que aconsejar para bien”, se sincera y, a la vez, solidariza.

Este tipo de acciones como las que plantea Ulises no son un detalle menor, pues la fama suele marear a algunos jóvenes cuando llegan al estrellato. Es por esa razón que Desakta2, conformado por Joaquín Martin (26) y Fernando Olmedo (30) prefiere tomarse con calma su repercusión a nivel nacional (en agosto desembarcan en el Movistar Arena, en Buenos Aires).

Una actuación del grupo Sabroso, con Valentina Márquez y Tuta de chiquitos y enmarcados.

“Pasaron tan sólo cinco años de la primera vez que entramos a grabar. No nos conocíamos y nos cruzamos allí por primera vez. Lo llamativo fue la química que se produjo entre los dos. Nunca forzamos nada y nos terminamos haciendo amigos, además de compartir el grupo. Nos tomamos con calma este momento”, plantea Fernando, quien antes se probó en otras bandas, pero no funcionó.

Asimismo, su compañero Joaquín, más joven que él, pero ambos en misma sintonía, relata un brusco antes y después en la vida de ambos tras un proceso que no parecía alentador.

“Nosotros solíamos presentarnos en un lugar que se llamaba La Morocha, pero las cosas no funcionaban. No lográbamos que vaya mucha gente. Volvíamos a nuestras casas desalentados. No nos iba bien, no nos daban bolilla. Entonces tuvimos que buscar lugares más chicos. Fue ahí cuando cambió todo para bien”.

Grupo Brumas, parte del fenómeno del cuarteto.

Hay algo que llama la atención en Desakta2: la mayor parte de su público se conforma por jovencitos, incluso hasta chiquitos que van a la primaria.

“Nos pasa mucho de llegar a hoteles y que nos estén esperando niños en la puerta. Ellos nos llevan cartitas, es algo emocionante para nosotros”, describe Joaquín.

De pronto Fernando sonríe y cuenta su percepción al respecto:

La Mona Jiménez, símbolo nacional del cuarteto.

“Tengo mi punto de vista, que lo noto en mi hija de tan solo nueve meses: hay sonidos particulares que utilizamos con la banda o bien el rito del género, los videos, los colores que utilizamos, todo suma. Los niños mueven sus cuerpos. Les llama la atención y se enganchan, aunque quizás no comprendan bien las letras”, agrega, gesticulando con sus manos.

Minutos más tarde, Darío Grupenmajer, su manager y además líder de La Banda de Grillo, se refiere al por qué de la repercusión del cuarteto y su espíritu particular en cada encuentro.

Aquí son bailes contundentes, no se le dice recitales. Se divide en bailes, tandas y bailes, toda la noche. Existe fanatismo y ritual, cosa que no se ve ni en el rock. Es muy particular, similar al mundo de la cumbia”, define.

Simón Aguirre era sobrino de Walter Romero, cantante de Banda XXi. El cuarteto es su vida.

Y las mujeres, también

Aunque no sólo son varones quienes comandan esta nueva movida cuartetera que nació en Córdoba, pero que se contagió con celeridad al resto del territorio: las mujeres, por primera vez también lideran, situación nunca antes presenciada, a no ser por Leonor Marzano, que fue pianista del Cuarteto Leo en la década del ’40 o bien Las Chichí, en los ’70, pero sin la repercusión que hoy tienen, por ejemplo, Magui Olave (37) -prima de Ulises- y Valentina Márquez (26) -hija de Lisandro, ex cantante de Sabroso-.

Valentina Márquez, otra de las voces femeninas del cuarteto.

Ambas vocalistas ya cuentan con momentos destacables en su carrera, con el cuarteto como bandera: Valentina telonéo nada menos que a Ricky Martin en el Estadio Mario Alberto Kempes, mientras que su colega femenina lo hizo en River para María Becerra.

“Haber cantado en el show de Ricky Martin fue algo soñado. Él es un artista que escucho desde muy chica, mis papás lo escuchaban en casa. ¡Imaginate lo que fue para mí! Desgraciadamente, no lo pude conocer personalmente, pero fui feliz”, recalca Valentina acerca de aquella noche soñada.

El Potro Rodrigo llevó el cuarteto al Luna Park.

Después recuerda algunos altibajos que tuvo que afrontar tras nacer Vicente, hijo que tuvo con Simón Aguirre.

“Yo tuve muchas complicaciones después de ser mamá. Hasta me llegué a plantear si era una buena persona, estuve con depresión, me bajó la autoestima. El mundo nuevo de ser madre no me resultó fácil. Hoy estoy mejor. Y cuando hay agenda de shows que coinciden con que Simón también tiene que viajar, nuestra familia nos ayuda con la criatura”.

En el caso de Magui, su infancia posee recuerdos imborrables, tanto de Rodrigo y su hijo como la complicidad de niños junto a Ulises, por llevarse tan solo tres años de diferencia.

La Banda de Grillo, el cuarteto en todo su esplendor.

“Mi papá era el baterista de Rodrigo, e iba a veces de viaje con ellos. Salíamos de la casa de Rodri, y cuando estábamos en familia, él solía cocinar rabas. También muchas veces cuidé a su hijo Ramiro cuando era bebé. Y con mi primo Ulises jugábamos mucho en la calle a la escondida o saltaba a la soga y él me la sostenía. Nosotros venimos de una familia de canillitas”, devela.

En paralelo, Ulises añade: “Es que somos primos hermanos, amigos, vecinos. Vivíamos en casa de por medio de mi abuela y mi mamá. Ella fue mi corista. Y luego se fue a Bélgica cuando se casó con el jugador de fútbol, Matías Suárez. A su regreso, la convoqué para la apertura de escenarios, hasta que le aconsejé: ‘Prima, soltate sola ya’. Y así sucedió”.

Carly Jimenez. El hijo de La Mona Jiménez armó en el Estadio Único de La Plata un show de cuarteto. Foto: Constanza Niscovolos

Valentina, por su lado, también rememora su infancia en familia de músicos, razón más que suficiente para que ella se dedique a ser cantante de cuarteto. “Era tan chica y no dimensionaba que mi padre trabajaba y disfrutaba como cantante. Crecí jugando con los hijos del grupo Sabroso. A veces, papá me hacía subir a cantar. Fue dura esa etapa, porque papá luchaba contra las adicciones. Yo jugaba con los hijos de Tuta, el director del grupo”, recuerda.

Y Carlos Tuta García del grupo Sabroso, consultado acerca de Valentina, acota: “A Valentina la conozco desde que usaba pañales, daba sus primeros pasos como bebé, se crió al lado nuestro. Fue parte del proceso de Sabroso. Tiene muchas condiciones, es una chica que muestra una dulzura agradable, canta bien, tiene genética porque sus padres eran cantantes. Ella tiene por delante una gran carrera, sus condiciones están a la vista, por eso le va muy bien”.

Dentro de esta herencia musical, a diferencia de estos cantantes, a Juan Caracciolo (30) le sucedió algo distinto: fue cantante de La Barra, legendaria banda de cuarteto que se disolvió. Y su paso lo ayudó a encarar su propio proyecto en Brumas.

“Tenemos una base muy grande de seguidores de La Barra, que nos sigue desde su disolución. Por otro lado, con nuestros videos en redes se sumó nueva gente, más aún cuando apareció Necesito que me contestes, que grabamos con La K’onga: ahí llegó una nueva ola de seguidores”, confiesa.

Ulises Bueno, músico, productor y difusor del cuarteto.

Sobre la magnitud del cuarteto a nivel nacional, Ulises Bueno es contundente. Prueba de ello fue su reciente presentación en el Obelisco porteño, de manera gratuita, ante miles de simpatizantes.

“La idea nos surgió sobre la marcha con mi novia Kei. Justo antes tocamos en el festival que organizó, Carli, el hijo de La Mona, en el Estadio Único de La Plata. Pasó que quería cantar de sorpresa en el centro y presentar mi nueva canción para la Selección Argentina, Viva el fútbol, antes del mundial. Los jugadores me conocen. Yo los aliento. Así como el público alienta al cuarteto y hoy es fenómeno nacional e incluso trasciende fronteras”, concluye el cantante y productor musical.

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