Manuel de Falla, el compositor español más universal, tendrá un concierto homenaje por el aniversario de su nacimiento, con el pianista Javier Perianes
A un lado del Atlántico se habla de música. Al otro, de fútbol. O, mejor dicho, de ambas cosas al mismo tiempo. Cuando atiende la llamada desde Montevideo, Javier Perianes acaba de aterrizar “al otro lado del charco”. En el hotel lo recibieron con la televisión encendida: jugaba Uruguay. “Como el resultado no fue muy bueno para los uruguayos y el próximo partido es con España, me preguntaban: ‘¿Usted es español?'”. Se ríe. Más tarde, durante el almuerzo, siguió el partido de la Argentina. “Vi el penal que falló Messi y pensé: ‘Vaya, Dios, qué mala suerte’. Después vi el resto del encuentro: fue un muy buen partido. Espero que no nos crucemos tan pronto y que no me pille en Buenos Aires un España-Argentina”.
La charla comienza entre pronósticos mundialistas, pero rápidamente deriva hacia otro orgullo nacional. Javier Perianes llegará al Teatro Colón invitado por Mozarteum Argentino con un programa concebido para conmemorar los 150 años del nacimiento de Manuel de Falla. El pianista español habla de Falla con el orgullo de quien comparte su nacionalidad, pero también lo hace con la convicción de que los grandes compositores trascienden cualquier frontera.
“Como español uno siente orgullo, pero ese orgullo tiene que ir acompañado de la fascinación que Falla provoca fuera de nuestras fronteras. Yo no quiero que sea un compositor que sólo interpreten los músicos españoles. Sería como decir que a Beethoven sólo pueden tocarlo los alemanes: eso lo haría más pequeño“.
Con esa convicción, Perianes diseñó un recorrido que sitúa a Falla en diálogo con su tiempo y con las influencias que moldearon su lenguaje, desde aquel “primer Falla” que el poeta Gerardo Diego definía con acierto como un compositor todavía en busca de su propia voz “Premanuel de Antefalla” hasta el creador que terminaría convirtiéndose en una figura central de la música del siglo XX.
Pero el pianista también persigue otro objetivo: correr el foco del Falla más difundido -el de El amor brujo, La vida breve, El sombrero de tres picos o Noches en los jardines de España– para poner en primer plano una producción pianística menos frecuentada, aunque decisiva para comprender la evolución de su lenguaje y la gestación del universo sonoro que luego alcanzaría su plenitud en las grandes obras orquestales.
Javier Perianes habla con pasión sobre la música de Manuel de Falla e intenta explicar por qué su música se reproduce en todo el mundo. Foto: PrensaEl valor de un compositor exquisito
-¿Qué representa Manuel de Falla para usted, tanto como músico español y como pianista?
-Siempre he dicho que Manuel de Falla es el compositor español más trascendente y más importante, precisamente porque su música ha trascendido nuestra frontera, porque es interpretado por pianistas de todas las nacionalidades.
-Falla es un compositor muy presente en el repertorio de los pianistas argentinos.
-Sí. Falla es parte de imaginario sonoro argentino, él mismo dirigió su obra Noche en los jardines de España en el Teatro Colón. Tanto Daniel Baremboim como Marta Argerich han tocado mucho esa obra. Nelson Gerber también ha tocado mucha música española. En uno de mis últimos viajes a Buenos Aires tuve la oportunidad de charlar un rato y estar en casa de Bruno Gelber, también me habló de la fascinación que tiene por la música española. Pero él me decía que le resultaba muy difícil. Y le dije: “Maestro, si usted ha tocado los conciertos de Brahms, los de Beethoven”. “Pero la música española es muy difícil”, me contestó. Y fue una conversación muy bonita en torno al piano español y al piano de Falla también.
-El programa que armó para su concierto reúne obras tempranas de Falla junto con piezas de Chopin y Albéniz. ¿Cómo pensó esta arquitectura?
-En este 150 aniversario de su nacimiento, lo que pretendía era un poco ponerlo en contexto. Ese primer Falla, con esas obras cortitas, se toca muy poco en concierto. Cuando las acompañas de obras de Chopin, no para comparar sino para pensar cómo al joven Falla -que empezó su trayectoria en Cádiz, luego Madrid, después París, y era un chico tímido-, los aromas de Chopin le llegaban al alma. La primera obra con la que empieza el recital es el Nocturno en fa menor, ya empezamos con ciertas sospechas. La segunda obra de Falla es una Mazurka, las sospechas se han convertido en una realidad. El joven Falla estaba realmente impresionado por la música de Chopin.
-Y también el Falla maduro, ¿no?
-Sí, con su Balada de Mallorca también sigue con Chopin en la memoria.
Javier Perianes analiza minuciosamente las diferentes etapas compositivas de Manuel de Falla. Foto: Prensa-¿Qué diálogo escucha entre los compositores incluidos en el programa?
-Todo tiene un reflejo. Desde la primera parte, que es como una especie de afinidades lectivas, cada par tiene su explicación. La mano izquierda o el diseño de la mano izquierda del Nocturno de Falla, por ejemplo, prácticamente está calcado del Nocturno en re bemol mayor de Chopin, que se escuchará a continuación. Pasa lo mismo con las mazurcas, la de Falla tiene motivos o citas claramente de las dos mazurcas de Chopin que se tocarán después. Y luego pasamos a una segunda parte, en la que las afinidades lectivas son amistades reales. Falla conoce a Albéniz en París, le dedica sus cuatro piezas españolas fascinado por lo que escuchaba de Iberia. He querido construir este recital poniendo a Falla en contexto con un compositor como Chopin en su tierna juventud, y en su madurez con otro gigante del piano español como es Albéniz.
Estudiando a Manuel de Falla
-¿Consultó bibliografía o estudios musicológicos para contextualizar la obra de Falla?
-Cuando descubrí al gran musicólogo francés Yvan Nommick, mis intuiciones se volvieron más interesantes aún. Durante muchos años Nommick fue el director del Archivo Manuel de Falla, había hecho un estudio interesantísimo sobre estas obras de juventud y sus correspondientes modelos de inspiración en la música de Chopin. Entonces, como diríamos los españoles, me lo puso votando para rematar directamente a puerta.
-¿Existe algo que pueda definirse como un “sonido español” al piano? ¿O se trata más bien de una construcción estilística que cambia con cada intérprete?
-Falla tiene una particularidad que lo diferencia muchísimo de Albéniz y de los demás compositores. En el caso de Albéniz, la asimilación del folclore puramente español es más literal. Es genial, pero es literal. Cuando uno escucha Triana es literalmente el ritmo de una sevillana. No hay duda. Cuando uno escucha las obras de Falla, puedes decir “esto parece una jota. Y el musicólogo dice: “Sí, lo parece, pero no lo es exactamente”. Falla consigue de alguna manera esencializar y sublimar el folclore, convertirlo en otra categoría, en su propio lenguaje musical. El caso de Albéniz es mucho menos sofisticado, su sofisticación pasa por otro lado: es técnica. Es una bestialidad desde el punto de vista mecánico y las dificultades que te propone.
Manuel de Falla vivió en la Argentina, más precisamente en Alta Gracia, Córdoba. Y también tocó en el Teatro Colón.-Esa tensión que describe en Falla, la aspiración a crear una música profundamente española y al mismo tiempo universal, ¿sigue siendo uno de los secretos de su vigencia?
-Falla sigue sonando contemporáneo. Hay tantos pianistas de nacionalidades diferentes tocando su obra, porque no la consideran lo suficientemente local como para no adentrarse en ella, para mí es una enorme satisfacción, eso es lo que universaliza nuestra música. Conocer el ritmo de la guajira para tocar a Falla, no viene mal, pero no es necesario. Creo que a la universalidad de la música de Falla se la da la sofisticación, pero a la vez la falta de identificación pura y dura con el folclore español.
La casa argentina de Manuel de Falla
-¿Visitó la casa de Falla en Alta Gracia, en la provincia de Córdoba?
-Sí, estuve en Altagracia en la primera visita que hice a Argentina, también invitado por el Mozarteum, creo que en 2017. Toqué el piano allí. Pero de alguna manera era como si ya hubiera estado. Conozco muy bien su casa en Granada y reconocí elementos comunes como la enorme y tremenda austeridad con la que le gustaba vivir. La palabra que le define es monacal. Fue muy muy especial visitar aquel sitio y ver un poco el santuario de él en Argentina, y cómo tenía también un reloj con la hora de España, para rezar a la misma hora que se rezaba en España. Vi muchas particularidades de una personalidad tan poliédrica y tan fascinante como fue la de Manuel de Falla.
-Eligió Alta Gracias por el clima, ¿no?
-Sí, el clima beneficiaba su salud. Tenía una salud muy delicada, de hecho, cuando ves fotos de él con 50 y muchos años, piensas que estás viendo la foto de un anciano, de un señor muy muy grande. Además del clima, creo que para una persona con ese ritmo interior, la hiperactividad de Buenos Aires no le ayudaba. Es una ciudad vibrante Buenos Aires, vibra en cuanto tú aterrizas en Ezeiza, ya notas que hay una vibración telúrica en la ciudad.
Javier Perianes es un especialista en la obra de su compatriota español Manuel de Falla. Foto: Prensa-Es curioso que una persona tan tímida y reservada haya compuesto obras con tanto brillo y vitalidad.
-Sí, al final de su vida parece ser que en unas cartas dice, no que se arrepentía, pero que no estaba tan convencido de haber escrito él una cosa tan “atrevida” como El amor brujo con su historia como de un amor prohibido. Las cuatro piezas españolas que van a escuchar en la segunda parte del concierto, son totalmente extrovertidas, positivas, dinámicas.
-Si tuviera que elegir una obra de Falla para presentarle a alguien que nunca escuchó su música, ¿cuál sería?
-Elegiría Fantasía bética, la obra más brutal que escribió. Ahí están todos los Falla: desde el más poético hasta el más racial, el más salvaje hasta el más primitivo, el rítmico y el de las grandes líneas. Está todo condensado. Una obra que no está en el programa porque debido a la duración no se puede poner todo. Pero por ahí aparece de alguna manera…
Probablemente sea la obra más importante para piano que él escribió, se la dedicó a Arthur Rubinstein, que no la entendió del todo porque esperaba una danza del fuego, algo de tres o cuatro minutos, muy lucida y muy extrovertida. Pero se encontró con una obra de trece minutos, con cierta aridez. Para mí, junto con Iberia y las Goyescas de Granada, la Fantasía bética de Falla es la obra del piano español más representativa y más grande que se ha compuesto.
Ficha
150° Aniversario nacimiento Manuel de Falla
Con: Javier Perianes, piano Programa: obras de Falla, Chopin y Albéniz Ciclo: 74° Temporada Mozarteum Función: lunes 29 de junio a las 20 Sala: Teatro Colón.



