Josep Maria Boronat, arquitecto: “Dejar el aparato de aire acondicionado en el balcón o terraza puede generar vibraciones, filtraciones y problemas en el edificio”
Hubo un tiempo en el que encontrar un piso con balcón en Barcelona no era tener suerte. Durante décadas, formó parte de la manera de construir y de vivir la ciudad. No hay más que recorrer el Eixample para ver la sucesión de balcones que construyen la imagen de sus calles .
“El balcón es probablemente la habitación más pequeña de la casa, pero también la que establece la relación entre la vida privada y la ciudad”, explica a La Vanguardia el arquitecto Josep Maria Boronat, presidente de AADIPA, quien recuerda cómo durante el Modernismo figuras como Gaudí, Domènech i Montaner, Puig i Cadafalch o Josep Maria Jujol llevaron este elemento cotidiano mucho más allá de su función práctica.
El balcón ondulante de la Casa Planells, por ejemplo, “parece una ola que desborda el edificio” y demuestra, según Boronat, hasta qué punto podía convertirse en una pieza arquitectónica con identidad propia. Ahora es un lugar donde apenas cabe una persona y que termina ocupado por aparatos de aire acondicionado, cajas o tendederos. “Durante décadas hemos reducido progresivamente su tamaño”, lamenta Boronat, que considera paradójico que después intentemos recuperar el contacto con el exterior mediante grandes ventanales, climatización o zonas comunitarias. Para el arquitecto, “un buen balcón no es un lujo, sino una infraestructura doméstica”. Una pieza que, bien diseñada, puede incluso proteger la vivienda del sol. “La mejor climatización es aquella que consigue evitar que el calor llegue a entrar en la vivienda”, resume.
“Durante décadas hemos reducido progresivamente su tamaño” Foto: X/jm_buru¿Cuál es el principal error que se comete actualmente al diseñar balcones y terrazas?
Considerar el balcón como un elemento secundario o simplemente como un requisito urbanístico, cuando en realidad debería entenderse como una estancia más de la vivienda. La pandemia nos recordó hasta qué punto disponer de un espacio exterior mejora el bienestar físico y emocional y, sin embargo, seguimos construyendo muchas promociones donde tiene un carácter casi testimonial. Además, el diseño suele priorizar la imagen del edificio frente al confort ambiental, cuando debería responder a la orientación, al clima, al soleamiento y a las necesidades reales de quienes van a habitar la vivienda.
¿Puede un balcón ayudar realmente a reducir el calor dentro de casa?
Muchísimo. Un balcón correctamente diseñado es uno de los sistemas pasivos más eficaces para mejorar el comportamiento térmico de una vivienda. Su profundidad puede proteger los huecos del sol alto del verano y permitir, en cambio, la entrada del sol durante el invierno, mientras que la orientación también es determinante, porque una fachada oeste necesita soluciones distintas a una fachada sur o norte. A ello se suman elementos de sombra como toldos, persianas alicantinas, contraventanas, lamas, celosías o vegetación, soluciones que históricamente ya formaban parte de la arquitectura mediterránea y que hoy recuperan toda su vigencia frente al cambio climático.
¿Por qué tantos balcones terminan convertidos en trasteros, zonas para colocar el aire acondicionado o espacios que apenas se utilizan?
En parte porque muchos balcones actuales ya nacen con un tamaño insuficiente para desarrollar actividades cotidianas. Cuando un espacio resulta incómodo, acaba siendo ocupado por aquello que no encuentra sitio dentro de la vivienda. También influye la reducción de la superficie útil de muchas casas contemporáneas, que obliga a utilizarlo como espacio auxiliar de almacenamiento.
Durante décadas los inquilinos han asumido que instalaciones como las unidades exteriores del aire acondicionado. Foto: X/jm_buruPor otro lado, durante décadas los inquilinos han asumido que instalaciones como las unidades exteriores del aire acondicionado podían resolverse ocupando el balcón, sin valorar el impacto funcional, estético y patrimonial que ello supone. Quizá hemos olvidado que no es únicamente una prolongación de la vivienda, sino que también forma parte de la arquitectura del edificio y de la imagen colectiva de la ciudad. Cuando los balcones se llenan de instalaciones improvisadas, cerramientos desordenados o elementos añadidos sin criterio, no solo pierde calidad el edificio, también se degrada el paisaje urbano.
En los edificios antiguos, ¿qué señales pueden indicar que un balcón o una barandilla necesitan una revisión urgente?
La aparición de grietas, desprendimientos, manchas de óxido, deformaciones en el vuelo del balcón o movimientos apreciables en la barandilla son señales claras de que debe intervenir un técnico. En muchos edificios históricos, el problema no suele ser únicamente la antigüedad, sino la falta de mantenimiento continuado. El agua es el principal enemigo porque, cuando penetra en la estructura, favorece la corrosión de los elementos metálicos y acelera el deterioro. Las barandillas también requieren atención y, si presentan holguras, corrosión avanzada o pérdida de fijación, deben revisarse de inmediato por razones evidentes de seguridad.
Cualquier elemento añadido modifica las condiciones para las que fue diseñado. Foto: X/jm_buru¿Qué impacto pueden tener los aparatos de aire acondicionado, las jardineras pesadas o determinadas reformas domésticas sobre la estructura y la conservación de un balcón?
Cualquier elemento añadido modifica las condiciones para las que fue diseñado. En el caso de las jardineras, muchas veces se subestima el peso que puede alcanzar la tierra completamente saturada de agua, pero tampoco hay que olvidar las posibles filtraciones cuando no existe una correcta impermeabilización o un buen sistema de evacuación. Con el tiempo, estas humedades pueden deteriorar los revestimientos, favorecer la corrosión de los elementos metálicos y comprometer la durabilidad del balcón.
Los equipos de aire acondicionado plantean además otros problemas, como vibraciones, evacuación de condensados, perforaciones en la envolvente del edificio y un importante impacto visual, especialmente en edificios históricos o protegidos. Lo mismo ocurre con determinados cerramientos, pavimentos superpuestos o reformas ejecutadas sin criterio técnico. No se trata de prohibir estos elementos, sino de incorporarlos respetando tanto la capacidad resistente de la estructura como la calidad arquitectónica del edificio.
¿Es posible añadir balcones a edificios que originalmente no los tenían?
Sí, aunque depende de numerosos factores. Desde el punto de vista técnico existen soluciones para incorporarlos mediante estructuras metálicas u otros sistemas relativamente ligeros, pero antes es imprescindible analizar la capacidad resistente del edificio, la normativa urbanística y, especialmente, el valor arquitectónico del inmueble. No todos los edificios admiten esta transformación de la misma manera.
En algunos casos puede mejorar notablemente la habitabilidad, aumentar el confort y favorecer un mejor comportamiento climático de las viviendas; en otros, especialmente cuando hablamos de edificios históricos o con valores patrimoniales, añadir balcones supondría alterar de forma irreversible su arquitectura.



