Indio Solari y Charly García: qué vínculo tuvieron las dos grandes estrellas del rock argentino

La idea de independencia es básicamente creíble cuando se habla de Los Redondos. Muchos otros intentos de “artista independiente” fueron más producto de la omisión de la industria musical que de una elección propia. En los comienzos de Patricio Rey no existía, dentro del rock, eso del caminito al costado del mundo. Las tentaciones fueron grandes.
En una de las presentaciones de Los Redondos estaba Charly García, en los años de Piano Bar (1984). Terminó el show y se acercó para intentarles producir su primer álbum. Donde el Charly productor ponía el ojo, ponía la bala. En los ochenta, con la explosión del rock nacional, García estaba por detrás y por delante de todo el movimiento. Había producido ya el primer disco homónimo de Los Abuelos de la Nada y el de Los Twist, dos éxitos instantáneos.
Según la reconstrucción de la charla, el Indio se negó, diciéndole que prefería equivocarse y aprender por cuenta propia antes que confiar las decisiones artísticas finales.
La conversación se dio durante una madrugada en un lugar mítico de Palermo, La Esquina del Sol. Era el García de la trilogía Yendo de la cama al living/ Clics Modernos/ Piano Bar. Debe haberse quedado impresionado por la personalidad de esos muchachotes.
Los había ido a ver, quizás por única vez, en esa esquina de Gurruchaga y Guatemala donde García era habitué de zapadas interminables. No hubo caso: la negativa fue cortés, pero tajante.
Así lo recordó el Indio en su libro de memorias: “En esa época a muchos músicos les daba por meterse a productores artísticos, pero todo lo que sabían era cómo sonar bien ellos; y por eso todos los artistas que producían terminaban sonando como los discos del productor”, analizó Solari, y sintetizó su diálogo con el Bicolor.
“Yo le dije que creía que el que terminaba pintando el cuadro era el que mezclaba al final, y que prefería mandarme cagadas, pero aprender a hacerlo yo”. Pero García no había sido el único que puso sus intenciones artísticas sobre ellos. El reconocido productor Oscar López (Serú Girán, León Gieco) también había mostrado interés en el grupo, logando la misma negativa.
Entre los meses de noviembre y diciembre de 1984 grabaron en los estudios de MIA, ubicados en la casona de los Vitale, en Villa Adelina, con Lito Vitale como técnico de grabación. Gulp! fue editado en 1985 de manera totalmente independiente. Incluyó canciones emblemáticas del rock argentino como La bestia pop, Superlógico y Ñam fri frufi fali fru.
El álbum se distribuyó de manera autogestiva. Es más, ese término se empezó a usar a partir de la decisión de Los Redonitos de Ricota. No se utilizaron canales tradicionales, como las grandes disquerías, sino que hubo una logística a cargo de Carmen “La Negra Poly” Castro (mánager y alma mater del grupo), quien recorría personalmente algunos locales de Buenos Aires y del resto del país, entregando las cajas de discos en mano.
Para agregarle un poco más de leña al fuego, en su álbum Parte de la religión (1987), Charly publicó la canción No voy en tren, con su famosa frase “no voy en tren, voy en avión, no necesito a nadie alrededor“, hablando tal vez de su status de superestrella rockera.
Apenas un año después (1988), los Redonditos de Ricota editaban el disco Un baión para el ojo idiota, con la canción Todo un palo.
Claramente, parecía una respuesta al tema de García. Su letra: “Yo voy en trenes, no tengo a dónde ir. Algo me late y no es mi corazón”.



