Enigma médico: ACV, Parkinson o envejecimiento, ¿qué tiene este paciente?

¿Quién no jugó alguna vez a desenmascarar una enfermedad en un familiar o allegado? La semiología clínica que, a través del análisis signos y síntomas permite a los profesionales de la salud identificar patologías, tiene algo de detectivesco y eso nos resulta atractivo, porque detrás de lo detectivesco habita lo lúdico, dice el médico especialista en neurología Ignacio Flores.
Flores, de la Unidad de Memoria de la Fundación Favaloro, diseñó una serie de enigmas médicos basados en casos clínicos reales, con el objetivo de invitar a los lectores a despertar su “olfato investigador” para identificar patologías frecuentes a través de sus síntomas típicos.
Cada entrega se complementará con datos históricos curiosos, las claves de la enfermedad y, finalmente, un consejo de experto con valor preventivo.
¿El objetivo? Concientizar sin tecnicismos, utilizando el entretenimiento como vehículo para desmitificar enfermedades y fomentar hábitos saludables.
Hoy, la primera entrega: ¿ACV, Parkinson o signos de envejecimiento?
La enfermedad de Parkinson es una condición que afecta al sistema nervioso de forma progresiva. Los síntomas ocurren principalmente por la pérdida progresiva de un grupo específico de neuronas ubicadas en una región profunda del cerebro llamada sustancia negra.
Estas neuronas son las encargadas de producir dopamina, un neurotransmisor esencial que actúa como un mensajero químico para enviar las señales que coordinan y suavizan los movimientos del cuerpo.
Cuando los niveles de dopamina caen por la pérdida de estas células, los mensajes que controlan los músculos no se transmiten correctamente, lo que da origen a la clínica característica de la enfermedad.
Aunque suele asociarse principalmente con problemas de movimiento, también involucra otros sistemas del cuerpo y se presenta de diferentes maneras.
Las manifestaciones pueden dividirse en dos grupos: las que afectan el movimiento y las que no.
Dentro de los síntomas motores son característicos la lentitud o bradicinesia (los movimientos habituales se vuelven más lentos. Se nota en una menor expresión en la cara, pasos más cortos o dificultad para realizar tareas manuales) el temblor en reposo (es el síntoma más reconocible y suele empezar en una sola mano cuando esta se encuentra relajada), la rigidez (los músculos se sienten tensos y ofrecen resistencia al mover los brazos o las piernas) y los problemas al caminar (postura encorvada, pasos arrastrados e inestabilidad).
Los síntomas no motores, en cambio, pueden aparecer años antes que se desarrollen los problemas del movimiento.
Las señales tempranas (sin otra causa que los ocasione) que pueden anticiparse a la enfermedad son la pérdida del olfato, estreñimiento constante, trastornos en el sueño (actuar los sueños o moverse o hablar al dormir) y la depresión. Es importante destacar que estos síntomas aislados no necesariamente son parte anticipatoria de esta enfermedad.
El diagnóstico es clínico. Esto significa que el médico neurólogo lo determina a través de la consulta y un examen físico riguroso. Los estudios complementarios se utilizan para descartar otros problemas o buscar elementos que aumenten la sospecha diagnostica.
El tratamiento actual busca controlar los síntomas, mantener la autonomía de la persona y mejorar su calidad de vida.
El fármaco más efectivo es la levodopa, que busca reponer la dopamina que el cerebro necesita. Existen otras opciones que el médico elige según la edad y las necesidades de cada paciente.
La actividad física es fundamental para estimular el equilibrio y la fuerza muscular. El abordaje de la enfermedad es multidisciplinario e incluye el apoyo de kinesiología, terapia ocupacional, psicología y nutrición.
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