El reloj que marcó el ritmo de un barrio y el experto detrás de la misión para volver a ponerlo en marcha

Durante décadas, el reloj de la torre del histórico Mercado de Hacienda permaneció detenido sobre una de las postales más reconocibles de Mataderos. Quieto, silencioso, pausado, casi congelado desde otra época. Pero hace pocos meses, un relojero volvió a subir hasta la torre para escuchar otra vez el sonido del escape, revisar el péndulo y devolverle movimiento a una maquinaria centenaria que supo marcar el ritmo cotidiano del barrio y que hoy se rodea de leyendas populares.
La Ciudad inició la reinstalación y puesta en funcionamiento del reloj monumental ubicado en el edificio principal del histórico mercado, como parte de la restauración integral del predio. Pero detrás de la recuperación hay una decisión que especialistas consideran clave: conservar el mecanismo original y no reemplazarlo por uno eléctrico moderno.
“Cuando se contactaron por este edificio hubo dos propuestas: una era colocar acá una máquina eléctrica y poner este reloj abajo como exposición y la otra era conservar la máquina original. El Gobierno de la Ciudad decidió justamente esta última opción”, le dijo a Clarín Guillermo del Valle, relojero y dueño de la empresa encargada de la reparación.
La firma relojera de Del Valle también estuvo a cargo del mantenimiento de otros relojes emblemáticos del país, como los de la Casa Rosada y el Cabildo, dos de los mecanismos históricos más reconocidos de Buenos Aires.
La definición no fue menor. Restaurar un reloj monumental de más de 100 años implica volver a poner en funcionamiento un sistema completamente mecánico, con engranajes, pesas y péndulo, que necesita supervisión permanente.
“Los relojes requieren mantenimiento y puesta a punto periódica. La función del relojero que subía a darle cuerda no era solamente darle cuerda, sino asegurarse de que todo funcionara bien, escuchar el escape, ver el péndulo, entre otros detalles”, explicó Del Valle.
En otras épocas, ese trabajo era habitual en iglesias, edificios públicos y galerías comerciales. Hoy quedan pocos especialistas.
“Había relojeros en todos lados porque era un oficio sumamente común”, contó.
El reloj de Mataderos conserva prácticamente todas sus piezas originales. Según detalló Del Valle, durante la restauración solo debieron fabricar una pieza nueva. “Se tuvo que hacer un solo buje, todo lo otro es original”, aseguró.
El trabajo demandó dos meses y ahora abrirá otra etapa: formar personas capaces de mantener el mecanismo en funcionamiento.
“Lo que vamos a hacer nosotros es capacitar a algunas personas para atender este reloj por estos meses y en el futuro lo va a atender el Gobierno de la Ciudad. Se necesita capacitar a varias personas porque si se capacita a una sola y llega a tener un inconveniente, el reloj queda frenado”, explicó.
La imagen del reloj forma parte de la identidad visual y emocional de Mataderos. Su torre domina desde hace más de un siglo el antiguo edificio central del Mercado de Hacienda, el lugar alrededor del cual creció el barrio.
“El edificio, su torre y su reloj constituyen un punto de referencia y de encuentro para todos los vecinos de Mataderos. Después de más de un siglo, esta construcción sigue siendo el corazón de un barrio que nació y creció junto al Mercado”, sostuvo el ministro de Espacio Público, Ignacio Baistrocchi.
Pero además de marcar las horas, las campanas del reloj quedaron asociadas a la memoria oral del barrio. Algunas historias sobreviven todavía entre vecinos y trabajadores de la zona.
“Las leyendas del barrio dicen que las campanas sonaban para avisar cuando venía el ganado por Avenida de los Corrales. Es muy significativo para la memoria colectiva del barrio”, le dijo a Clarín Salvador Morelli, gerente operativo de la Dirección General de Regeneración Urbana porteña.
La puesta en marcha definitiva del reloj coincidirá con la inauguración del edificio restaurado, está prevista para octubre.
“Ahora estamos finalizando este andamio para continuar con el edificio central. La puesta en marcha del reloj será junto a la inauguración del edificio”, adelantó Morelli.
Hoy en día, casi todos los relojes funcionan con sistemas digitales invisibles, pero el de Mataderos volverá a hacerlo como hace un siglo: con engranajes, péndulo y alguien dispuesto a subir periódicamente hasta la torre para escuchar si cada segundo avanza correctamente.



