Una soprano italiana y el arquitecto de las Galerías Pacífico: la historia detrás del edificio de Callao que perdió una parte de su cúpula

Las fachadas hablan. Y muchas veces gritan. La del edificio centenario de avenida Callao y Sarmiento hace años que viene diciendo cosas. Lo hace, por ejemplo, a través del crecimiento de plantas; en este caso, helechos. Crecen casi como si estuvieran en una maceta. Una semilla se aloja en una grieta y el sol y la humedad hacen el resto.

Este proceso de deterioro puso en jaque la base de la cúpula de este edificio de estilo clásico, proyectado por el arquitecto italiano Rolando Le Vacher, un profesional del que no se sabe tanto pero que tiene una obra fundamental del patrimonio porteño: Galerías Pacífico, junto al arquitecto e ingeniero Emilio Agrelo.

Le Vacher llegó a Buenos Aires desde Parma para participar del concurso que se convocó para el diseño de la Facultad de Derecho de la UBA.

En este edificio de Callao al 200 funcionó el “Nuevo Hotel Callao” y su propietaria habría sido una cantante lírica italiana, Elvira Colonnese. Esta soprano habría realizado tres visitas al país; en una de ellas incluso participó de la inauguración del Teatro Argentino de La Plata, el 19 de diciembre de 1890. Un tiempo después, decide quedarse aquí y, como ocurría con muchos inmigrantes prósperos, invertían en bienes raíces.

Volviendo al operativo, la Ciudad de Buenos Aires -a través de Bomberos, Policía, Guardia de Auxilio y Defensa Civil- verificó el faltante de mampostería en la base de la cúpula y caída de material sobre la vereda. Desde el techo del edificio, quitaron partes de las molduras; partes que evaluaron que podrían caerse por diferentes motivos, un viento, lluvias o incluso el movimiento constante del tránsito en la zona.

Además, se evacuó a 30 personas de forma preventiva.

El encargado del edificio -propiedad de una empresa- le quitó gravedad al tema: “No se estaba cayendo nada, pero hace varios meses que recibimos denuncias por el estado de la fachada. Los bomberos llegaron y rompieron todo, como hacen siempre. Nosotros venimos buscando apoyo económico para restaurar el frente. El edificio tiene una protección patrimonial, pero al mismo tiempo nadie nos ayuda con la puesta en valor. No es como reparar un edificio cualquiera”, dijo a Clarín.

Efectivamente, se trata de un edificio con un nivel de protección cautelar. Que “reconoce los inmuebles cuyo valor es el de constituir una referencia formal y cultural del área”, explica la normativa. Protege la fachada, permite intervenir los interiores y en algunos casos permite también ampliaciones del volumen construido.

La fecha del edificio difiere incluso en la información oficial, porque la placa de “edificio protegido”, colocada en la vereda, ubica su construcción en 1910. Mientras que la ficha que identifica a la propiedad y a la parcela dentro del banco de datos de la Ciudad, indica que es de 1922.

Está frente a la Maison Moussion, construida en 1912 y también coronada con una gran cúpula. Es una joya del Art Nouveau en Buenos Aires. Fue diseñada por los arquitectos Emilio Hugé y Vicente Colmegna, y concebida como una tienda de lujo que reflejaba la elegancia de los grandes almacenes parisinos. Luego fue un bazar y más tarde la sede de la Fundación Banco Patricios. Desde 2020 está vacío.

Respecto del edificio que está enfrente, y perdió una parte de la base de la cúpula, muestra que el deterioro no es nuevo, por el contrario. Se ve un avance a lo largo del tiempo. Además de los helechos y otras plantas -muy crecidas- se ve que en algún momento se colocaron redes de protección. Hay sobre todo en la losa de los balcones de la segunda planta.

Como antes era un hotel, ahora está habitado por decenas de personas que viven en departamentos de ambientes chicos. Y en la planta baja está totalmente “planchada”, ya que se le quitaron las ornamentaciones hace décadas y ahora funcionan locales comerciales.

Por otra parte, es curioso observar que la cúpula en sí -es decir, el cuerpo central- se ve en bastante buen estado, incluso la decoración de zinc se logra apreciar con todos los detalles.

Este tipo de cúpulas estaban mayormente construidas con una estructura de hierro y placas de madera, a la que se fijaban las tejas de pizarra negra. Luego el coronamiento final, la aguja o pararrayos, se realizaba también en zinc.

Desde la Agencia Gubernamental de Control informaron a Clarín que el edificio “se encuentra en infracción y fue intimado en mayo a presentar el Certificado de Conservación de Fachadas”.

Este certificado al que hace referencia la AGC debe ser emitido por un profesional idóneo contratado por los propietarios. Este profesional es el que acredita el buen estado de conservación del inmueble; y es obligatorio. Esto corre para las fachadas de cualquier edificio, sea patrimonial o no.

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