A solas con Mario Casas, el galán español que ha conquistado Europa y América y ahora se confiesa desde Tailandia
Son las 21 en Bangkok, atrás quedó una larga jornada de rodaje para un filme que verá la luz el año que viene, pero su pasado se le vuelve presente porque está dando una pocas notas por el estreno de La cena, la película que se estrenó el jueves en la Argentina y en la que compone a un teniente del ejército franquista en tono de comedia negra. Avisan que puede estar cansado, que dará la nota desde la habitación del hotel, ya cenado, en una Tailandia que ya se va a dormir. Pero, del otro lado de la pantalla, vía Zoom, Mario Casas se sienta ante la cámara como recién despierto.
Jamás mirará el reloj, jamás tirará un ‘bueno’, como para ir cortando. Un galán conocido, un caballero en varios sentidos.
De remera marrón y cabello bien cortito, el actor español al que en los últimos 20 años hemos visto en series y películas componiendo una colorida paleta de personajes ahora, en Asia, está metido en la piel de un espía en Zeta, una producción de Amazon Prime Video para el 2027.
Pero el disparador de esta charla es el joven teniente Santiago Medina de La cena, película dirigida por Manuel Gómez Pereira, en la que se cuenta, con ironía, humor, desenfado y ciertas pinceladas de absurdo, la misión que le encargaron tras la Guerra Civil: organizar un banquete para Franco, en Hotel Palace, preparado por un grupo de presos.
Mario Casas en el Zoom con Clarín: habló de sus amores, del niño que fue, de su militancia en la honestidad.Pero entre la diferencia horaria -son las 11 de la mañana en Buenos Aires- y el mapa imaginario de fondo, con su tierra natal (La Coruña), su Barcelona de crianza, su Madrid por elección y Bangkok como actual destino laboral, la charla con Clarín hace escalas en varios temas, aprovechando esa capacidad que tiene -un poco en extinción en la nueva generación de actores argentinos- de construir las entrevistas de a dos.
De los 40 a la infancia
-Después de un mes y pico allá, ¿te acostumbraste a la comida tailandesa?
-Los platos son fantásticos. Me gusta la comida thai, me gusta el picante y, vamos, también es bastante sana. Pero lo que más me gusta de este lugar es la gente, es amable, es respetuosa, trabajadora. Está siendo una gran experiencia. En total serán tres meses de convivencia con la cultura de aquí y está siendo un regalo.
-¿Sos de adaptarte fácil a las distintas idiosincrasias?
-En general sí. Es un placer conocer gente que, en principio, poco tiene que ver con uno y con la cultura de uno. Es muy enriquecedor pasar aquí tanto tiempo. Me entusiasma viajar y rodar en diferentes sitios. Ya me acostumbrado al jet lag. Estamos aquí hasta diciembre y sé que me voy a llevar cosas bonitas. Se aprende algo cada día.
En “La cena”, estrenada el jueves, Mario Casas se mete en la piel de un joven teniente al que las cosas se le van un poco de las manos.-Cuando pasás tanto tiempo lejos de tu casa y de tu gente, ¿extrañás mucho?
-La verdad que sí. Uno ya es mayor y cada vez cuesta más. Cuando uno es más joven, el viajar, el estar lejos, el ver el mundo era más fácil, ahora mi vida es distinta… tengo mis animales, mis familiares, mi pareja (la diseñadora Melyssa Pinto) y les echo en falta, aunque a veces me vienen a ver. Tengo rodaje todos los días y no puedo ir yo para allá, pero nos arreglarnos para vernos y sus visitas me hacen súper bien.
-Vos decís “uno ya es mayor”, pero, al margen de tu crecimiento como actor, se te sigue viendo parecido al Ulises que compusiste en “El barco” (2011), una de las series que te volvieron popular en la Argentina.
-Es que creo que no hay que perder la esencia, o al menos hay que intentar eso. Durante el camino, en la mochila uno se pone muchas piedras, pasa por muchos lugares, de repente se calza corazas incluso más grandes que las necesarias, y más en nuestro trabajo, y se corre el riesgo de ir perdiéndose… Pero siempre hay algo que me recuerdan mis amigos, mi familia, especialmente mi madre, y es eso de no olvidar las raíces, de no olvidar a ese niño que uno fue.
Mario Casas se luce en la película basada en la obra teatral “La cena de los generales”.Sin dejar jamás de mirar a cámara, casi convirtiendo la pantalla en un living virtual, se acerca y abre el alma un poquito más: “Debo decir que es mi madre (Heidi Sierra) la que me dice siempre ‘Acuérdate de tal cosa, del que eres, del que has sido’, es la que me sigue recordando las cosas bonitas que había en la infancia”.
-Uno es lo que fue, para bien y para mal, y en ese reconocerse es muy importante la red afectiva.
-Pues claro, y además esto tiene que ver con la educación, somos también cómo nos educan, somos nuestros padres en un sentido y, de alguna manera, nuestros abuelos y bisabuelos. Pero en la línea más directa, mis padres han estado siempre, pero mi madre ha sido la que emocionalmente ha estado ahí… es que las madres suelen ser diferentes.
-¿Te reconocés en el nene que fuiste?
-Sí, yo tengo 40 años y miro atrás, y hablas de Ulises, y de eso debe hacer como 15 años, y es cierto que el tiempo pasa volando. Con los 40 voy empezando a tener, ostras, esa sensación de qué rápido pasa todo. Las redes te recuerdan lo que hiciste, cómo lucías, aparecen Ulises (era un pasajero de un barco al que había subido a escondidas y terminaba enamorado de Ainhoa, el personaje de Blanca Suárez) y ‘Hache’ (Hugo Olivera, el icónico galancito de la película Tres metros sobre el cielo, del 2010) y eso te hace volver atrás y reencontrarte contigo. Las redes me recuerdan mucho al chaval que fui.
Este año cumplió los 40 y dice que ve en su hermano más pequeño, de 11, al niño que él fue.El tiempo pautado para la nota se ha cumplido, en Tailandia duermen muchos, pero él se va encendiendo con la charla y no le importa el cansancio. Le hacen bien, se le nota, las arenas de las emociones.
“También hablo mucho del pasado con mis hermanos (tiene cuatro) y mis padres, recordando vacaciones. Yo tengo un hermano de 11, Daniel, muy pequeñito, con quien muchas veces hago espejo. Lo miro y veo por dónde está pasando él y por donde estaba yo a esa edad. Volver a la infancia me sienta bien”, confirma lo que su gestualidad y su postura ya habían dejado a la vista.
-¿Qué decías cuando te preguntaban qué querías ser de grade?
-Actor, siempre dije actor. Jugaba en los castings, en Barcelona, hacía sketch de humoristas, siempre había algo que me llamaba y me llevaba hacia ese lugar. Y con 18 años mi madre me empujó a irme a Madrid a estudiar interpretación y ahí me empezó a cambiar la vida, buscando solo mi lugar en el mundo. Yo tuve la suerte de comenzar a trabajar en proyectos importantes con 19 o 20 años. Soy un afortunado ya que, 20 años después, sigo trabajando de lo que me gusta. Y lo hago con mucha gratitud.
La cena para Franco
Si bien la película que acaba de estrenar no se enmarca rigurosamente en la comedia plana, hay mucho humor e ironía atravesando el relato y, por momentos, uno no sabe si reír o no en escenas absurdas, en las que suena el temible apellido de Franco.
Video
Trailer de “La cena”.
“Te soy sincero, yo me siento más cómodo en el clown o la comedia que en el drama. Disfruto más esos registros y, más, cuando tienen juego. En La cena yo disfruté mucho. Hay un muy buen guión, una comedia negra con un guión ácido, con diálogos bien enganchados. No sabes si reírte o no porque lo que viven los personajes es terrorífico, están intentando que no los maten, sobrevivir a cualquier precio. No está basada en un hecho real, pero con historias que muchos han o hemos conocido. El asunto es que acabó la guerra y nosotros tenemos que preparar esta cena para Franco”, explica Casas, que comparte cartel con Alberto San Juan, Asier Etxeandía y Eva Ugarte.
“Y mi personaje habla de que le ha tocado un bando para sobrevivir mejor. No hay algo ideológico, aunque pareciera haberlo en su carta de presentación, pero no quiere acabar muerto y quiere pasar por ahí de puntillas. Es un relato llevado al extremo. Está el poder de esas figuras que el espectador conoce y está el peligro de la muerte, y se crea esa tensión con personajes al borde del acantilado, que no saben bien cómo moverse”, comparte.
“Hay algo de eso de que la realidad supera la ficción: Franco, unos presos rojos que sacan de la cárcel… es una macedonia increíble. Al final esa explosión acaba en comedia. Y la risa termina siendo liberadora. Creo que la peli tiene una acidez muy interesante, recién has dicho que no sabés si reírte. Y sí, ríete. Hay que reírse sin culpa, la ironía es un buen vehículo para eso”, permite el protagonista de La cena.
-Cuando viste la película, ¿te gustaste?
-No, yo no me gusto. Si puedo no veo mis proyectos. Cuando ya están listos ha pasado un tiempo y siempre me cuestiono algo, lo paso mal. Me quedo con la película que hice durante meses, no con la que se estrena. Si es posible, intento quedarme al margen, aunque a veces hay que ir a los estrenos.
Casas en el 2010 subido a la moto de “Tres metros sobre el cielo”, donde compuso al galancito “Hache”.-¿Qué te sucede cuando te tocan personajes oscuros o complejos, como el de “Instinto” (la serie de 2019 que fue un boom en la Argentina)?
-Cuando acabo un rodaje intento soltar el personaje. No me gustan los personajes que se te quedan anclados. Los oscuros, introvertidos, los que hablan poco pero tienen mucho por dentro se me quedan y yo intento deshacerme de ellos, a veces se me quedan unos meses pegados. Pero también te enseñan.
-A navegar por emociones, y por lugares que uno desconoce. Yo como Mario desconozco sitios que no hubiese transitado de no haber sido por los personajes. En este caso, el que estoy haciendo en Tailandia, es un espía español para CNI (Centro Nacional de Inteligencia)… he buscado información, he estudiado, y luego todo eso te va quedando. Meterse en la vida del otro implica sumergirse lo máximo posible. Es para hacerlo lo más honesto posible con el espectador. Eso me lo enseñó hace mucho mi coach, Gerard Oms: decía ‘Hay que ser honesto en la composición’. Y eso hay que extrapolarlo también a la vida, es como mi guía.
-¿Te resulta fácil en los dos terrenos?
-Sí, es un trabajo, pero me sale natural. Hablo de ser honesto y bueno, no de mega sinceridad, hablo de ser claro, de decir y demostrar “soy esto”.
Y, del otro lado de la pantalla, se ve al Mario Casas que cargó más de 40 personajes en 20 años y, sin embargo, de sus criaturas de ficción queda el recuerdo, pero el que está ahí, mientras sus compañeros descansan, es un galán sin purpurina. Y con memoria, hermosa combinación.



