Un viaje en el tiempo: La Orchestre des Champs-Élysées hizo sonar a Schubert y a Beethoven como si estuviéramos en el Siglo XIX
Aunque pasaron 17 años desde que Philippe Herreweghe y su Orchestre des Champs-Élysées ofrecieron en el Teatro Coliseo la Sinfonía fantástica de Berlioz y su “spin off”, Lélio ou le retour à la vie, el recuerdo de esa actuación permanecía como un hito en la actividad musical porteña del presente siglo. Este lunes, y también en el marco de la temporada del Mozarteum Argentino, el director belga y su ensamble volvieron a ofrecer un concierto extraordinario, esta vez en el Teatro Colón, con dos piezas clave del repertorio vienés de principios del siglo XIX: las sinfonías nº 8 (Inconclusa) de Schubert y nº 7 de Beethoven.
Ambas obras tienen una presencia permanente en los repertorios, pero la posibilidad que ofrece la Orchestre des Champs-Élysées es única: la de asomarse, a través de instrumentos de época o sus réplicas, a un mundo sonoro de otra manera inaccesible.
Por supuesto, los detractores del movimiento de interpretación históricamente informada argumentarán, por un lado, que la escucha es parte del fenómeno sonoro, y que por lo tanto los oídos actuales, inmersos en un bombardeo permanente de estímulos, son incapaces de percibir la música como se lo hacía entonces; y, por el otro, que las modificaciones posteriores en los instrumentos hubieran sido bienvenidas por los compositores mismos. Como sea, orquestas como la de Champs-Élysées ofrecen hoy la experiencia más cercana posible a aquel sonido, lo cual no es poco en nuestros atribulados tiempos.
Luego de acomodada la orquesta, Philippe Herreweghe (de 79 años) hizo su ingreso con pasos cortos y lentos, camisa suelta y su ya tradicional sobriedad. Y apenas se acomodó en el podio, comenzó la magia.
En el 2010, al recibir un premio, Riccardo Muti explicaba (mediante la referencia a un supuesto diálogo con un policía) que para dirigir la Sinfonía inconclusa de Schubert bastaba marcar un compás de tres tiempos con el brazo derecho mientras la orquesta tocaba los dos movimientos, y que cualquier persona estaba en condiciones de hacerlo. Pero luego de esta humorada Muti daba la verdadera clave: el arte de la dirección orquestal es el más difícil del mundo, porque la idea y el sentimiento del director deben viajar a través de sus brazos a los cuerpos e instrumentos de los músicos, para finalmente llegar al público. “Estoy en la mitad del camino, y estoy seguro de que nunca llegaré a la otra orilla del río, porque detrás de las notas habita el infinito”, concluía.
La dirección de Herreweghe demuestra cabalmente que su autoridad, su conocimiento y la relación entrañable y de mutuo respeto que ha forjado con su orquesta son mucho más útiles y necesarias para hacer música que cualquier gesto de manual. Raramente, por ejemplo, sus brazos se elevan por encima del hombro. No se necesita más: todo ha sido dicho en los ensayos y está en las almas de los músicos. Toda la orquesta respira con él, y la mínima inflexión de su mano se refleja en un contraste sonoro, un corte o un ataque incisivo.
Philippe Herreweghe y la Orchestre des Champs Élysées tienen un entendimiento notable. Foto: Liliana MorsiaDetalles percibidos gracias a una acústica maravillosa
Así, el universo de Schubert se abrió, misterioso, desde la línea de cellos y contrabajos, para dar paso a la textura de las cuerdas y el tema principal, enunciado por el oboe y el clarinete, que sonaron aquí con un empaste extraordinario.
La acústica del Colón es sin dudas el marco ideal para apreciar la infinidad de detalles que Herreweghe y su ensamble ponen en juego. Su sonido es a la vez compacto y lleno de matices, con un grado de “tridimensionalidad” superior a lo común. Es en las maderas y los metales donde más se puede apreciar la diferencia con los instrumentos modernos, y en los diálogos de esta primera sección (flautas, oboes, clarinetes, fagotes) hay una inusual tersura que resigna brillantez, pero revela mucho más.
Si el Romanticismo monumentalizó a Beethoven y su obra, esta deificación se tradujo durante el siglo XX en ciertas versiones orquestales cargadas de patetismo y ampulosos gestos musicales. Por esta razón, la tarea de directores como Herreweghe es vital para devolver a estas partituras su espíritu, más cercano a Mozart que a Mahler.
Una de las sinfonías de Beethoven que más han padecido esta herencia romántica es la nº 7 en la mayor. La interpretación escuchada el lunes en el Colón permitió, en cambio, apreciar un carácter más ligero y menos dramático, y algunos elementos propios de los instrumentos de época recrearon un paisaje más auténtico, como la rusticidad de los cornos y las trompetas, la precisión de los timbales o la ya referida tersura de las maderas.
La Orchestre des Champs Élysées, con dirección de Philippe Herreweghe, llevaba 17 años sin venir a la Argentina. Foto: Liliana MorsiaEl famosísimo Allegretto, que otras veces se escucha mucho más lento (a falta de adagio), recuperó así su pulso natural, y la transparencia de este engranaje perfecto reveló la riqueza contrapuntística de una manera inédita, como aparecieron contrastes “novedosos” en el Presto y un carácter de danza arrollador en el Allegro con brio, apoteótico final de una fuerza insuperable.
En agradecimiento a la ovación, el bis fue un énfasis sobre lo ya escuchado y disfrutado: la recapitulación previa al final del tercer movimiento de la Séptima, que opera como un teaser (para usar otro término del lenguaje audiovisual) del material previo.
Extinta la música, Herreweghe permaneció al costado del escenario, al pie de las gradas, saludando a cada uno de los miembros del ensamble, conversando con algunos de ellos y observando la belleza del Colón mientras la sala se vaciaba y el personal de escenario comenzaba a desarmar. Un gesto de humildad y amor a la música y a los músicos que, más allá de toda etiqueta, es la clave de su genio.
Cuando el concierto terminó, Philippe Herreweghe saludó uno por uno a los músicos de su ensamble y se quedó observando la belleza del Teatro Colón. Foto: Liliana MorsiaFicha
Orchestre des Champs-Élysées
Director: Philippe Herreweghe Ciclo: Mozarteum Argentino Sala: Teatro Colón, lunes 1 de junio.



