Saul Martínez-Horta, neuropsicólogo: “La edad no es una enfermedad y envejecer tampoco, cuando se pierde la memoria hay que estudiar qué está sucediendo”
Entrar en una habitación y no recordar para qué se fue hasta allí, no encontrar las llaves o tardar unos segundos en recuperar una palabra son olvidos que pueden ocurrir a cualquier edad.
Pero hay una diferencia entre un olvido ocasional y un cambio que comienza a repetirse y a modificar la vida de una persona. Ahí es donde el neuropsicólogo español Saúl Martínez Horta propone mirar con detenimiento, evitando cualquier tipo de prejuicio al avance de los años.
“La edad no es una enfermedad, envejecer tampoco lo es. Cuando se pierde la memoria hay que estudiar qué está sucediendo”, sostiene el especialista, director de la Unidad de Neuropsicología del CDINC de Barcelona y autor del libro El cielo que olvida sus estrellas.
Pérdida de memoria y enfermedades neurodegenerativas
La frase, pronunciada durante una entrevista con el programa Poniendo las Calles de COPE, resume uno de los principales planteos de su trabajo: no todo cambio cognitivo es una enfermedad, pero tampoco conviene normalizar cualquier deterioro persistente como una consecuencia inevitable de cumplir años.
Por su parte, una persona con una enfermedad neurodegenerativa puede tener difcultades para recuperar recuerdos de su propia vida y, al mismo tiempo, conservar durante mucho tiempo determinadas habilidades adquiridas mediante la práctica.
El especialista recordó que no todo cambio cognitivo es una enfermedadEn base a tal contraste -mencionado en dicho reportaje- Martínez Horta explicó cómo puede ocurrir que alguien deje de recordar determinados aspectos de quién es, pero conserve, por ejemplo, la capacidad de tocar un instrumento.
La razón está en que existen distintos sistemas de memoria. La memoria explícita participa en el recuerdo consciente de acontecimientos, experiencias y conocimientos.
La memoria implícita o procedimental, en cambio, interviene en habilidades que se adquieren y automatizan con la práctica.
Cuando una enfermedad afecta unas estructuras o redes cerebrales y no otras, las consecuencias tampoco son necesariamente las mismas.
Por eso, ante una modificación persistente de la memoria, el punto de partida no debería ser asumir que se trata simplemente del envejecimiento.
Lo importante es determinar qué función cambió, cómo lo hizo y qué puede explicar esa transformación, según sentencia el especialista.
El aumento de las enfermedades neurodegenerativas
Así y todo, el especialista ligó la preocupación por estos trastornos a un fenómeno demográfico.
El español destacó la previsión de aumento de las enfermedades neurodegenerativas.Durante la entrevista con COPE, Martínez Horta señaló que actualmente 66 millones de personas viven con alguna enfermedad neurodegenerativa y que las previsiones apuntan a unos 175 millones en 2050.
El aumento de la expectativa de vida constituye uno de los factores que ayudan a explicar esta tendencia, según sus afirmaciones.
Vivir más años es un logro extraordinario de las sociedades modernas, pero también significa que un número cada vez mayor de personas alcanza edades en las que determinadas enfermedades tienen mayor incidencia.
El envejecimiento poblacional, sin embargo, no explica por sí solo el panorama.
Para Martínez Horta, uno de los principales enemigos de la salud cerebral es mantener un estilo de vida poco saludable, especialmente cuando implica descuidar los factores de riesgo cardiovascular.
La relación entre corazón, vasos sanguíneos y cerebro es uno de los puntos sobre los que más insiste el especialista.
Esto no significa que cuidar los factores cardiovasculares permita impedir todas las enfermedades neurodegenerativas. Hay patologías que no pueden evitarse simplemente modificando los hábitos.
La prevención debe entenderse de otra manera: puede contribuir a influir en la forma en que algunas enfermedades aparecen y evolucionan, aunque no garantice que nunca vayan a desarrollarse.
El alimento clave para cuidar el cerebro y proteger la memoria y que gana respaldo de neurólogos.El ejercicio físico, una alimentación saludable y reducir al mínimo posible el consumo de alcohol forman parte de ese cuidado. A esto se suma el descanso.
Por qué dormir bien también importa
El sueño no aparece en el planteo del especialista como un detalle secundario. Durante el descanso nocturno se activan procesos importantes para el funcionamiento cerebral, entre ellos mecanismos relacionados con la eliminación de determinados residuos.
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Qué pasa en cada etapa del sueño: así trabaja el cerebro mientras dormís
Por eso, mantener una buena calidad del sueño es otra de las medidas que Martínez Horta considera relevantes para proteger la salud cerebral.
No se trata de buscar una fórmula capaz de garantizar que una persona nunca sufrirá una enfermedad neurodegenerativa.
El objetivo es cuidar aquellos factores sobre los que sí existe margen de acción.
Qué es exactamente una enfermedad neurodegenerativa
En otra entrevista, concedida a la periodista Cinthya Martínez Lorenzo, del periódico La Voz de Galicia, Martínez Horta profundizó en el funcionamiento del cerebro y explicó qué ocurre cuando aparece una enfermedad neurodegenerativa.
En términos generales, la neurodegeneración implica un proceso progresivo en el que las neuronas pierden su funcionamiento y terminan muriendo.
Existen distintos sistemas de memoria.Pero no todas las enfermedades afectan las mismas zonas del cerebro. Pueden encontrarse comprometidas estructuras relacionadas con la memoria, así como verse afectadas regiones vinculadas con la percepción del entorno. Ese detalle ayuda a entender por qué existen cuadros con manifestaciones tan diferentes.
Cuando el paciente no sabe que está enfermo
Uno de los escenarios más difíciles para las familias aparece cuando la persona afectada no reconoce sus propios síntomas.
Martínez Horta explicó a La Voz de Galicia que este fenómeno se conoce como anosognosia y que, en determinados casos, no responde a una decisión consciente de negar la enfermedad.
Es decir, no necesariamente se trata de alguien que sabe lo que le ocurre pero se niega a admitirlo.
La anosognosia puede ser consecuencia de una alteración neurológica que impide a la persona reconocer de manera adecuada sus propias dificultades.
Puede ocurrir, por ejemplo, que alguien tenga un deterioro importante de la memoria y no sea consciente de él. También puede manifestarse frente a otros problemas neurológicos. Una persona con una alteración motora puede no reconocer que tiene dificultades para mover una extremidad.
El desafío de convivir con una persona con anosognosia
La anosognosia puede generar situaciones especialmente complejas dentro del hogar.
Martínez Horta describe escenarios en los que una persona puede mostrarse irritable o incluso agresiva y, sin embargo, no reconocer esos cambios en su comportamiento.
Para quienes conviven con ella, aceptar que esa falta de conciencia forma parte del cuadro puede sr muy difícil.
Pero comprenderlo cambia la manera de responder. En lugar de interpretar cada reacción como una decisión voluntaria, la familia puede empezar a verla como parte de “una disfunción neurológica”, señaló.
No todos los pacientes con Parkinson tienen temblores
En dicha entrevista también permite aclaró una idea muy extendida sobre la enfermedad de Parkinson.
El temblor no aparece en la totalidad de los pacientes con Parkinson. Foto: PexelsEl temblor suele ser la imagen más asociada popularmente con esta enfermedad. Sin embargo, no es el único síntoma ni necesariamente aparece en todos los pacientes.
Martínez Horta señala que el parkinsonismo se caracteriza principalmente por manifestaciones como el enlentecimiento de los movimientos y la rigidez.
Una persona con parkinsonismo no necesariamente tiene enfermedad de Parkinson, ya que ese conjunto de síntomas puede aparecer en distintos trastornos.
El diagnóstico no siempre es sencillo
Los casos más claros suelen ser fáciles de reconocer en los manuales médicos. La realidad clínica, en cambio, puede ser mucho más variada.
Los pacientes no llegan necesariamente al consultorio con todos los síntomas clásicos perfectamente definidos. Pueden aparecer primero alteraciones sutiles, cambios de comportamiento o dificultades que se parecen a las de otras enfermedades.
Por eso, el especialista considera especialmente importante escuchar al entorno.
Quienes conviven con una persona pueden ser los primeros en detectar que algo cambió. Quizás no puedan explicar exactamente qué sucede, pero advierten que determinada conducta, habilidad o forma de desenvolverse ya no es como antes.
Ese dato puede resultar decisivo para profundizar en la evaluación. El diagnóstico termina siendo, en muchos casos, un proceso que requiere reunir distintas piezas hasta encontrar una explicación que permita poner nombre al problema.
El cerebro puede construir realidades propias
Martínez Horta también se detuvo en cómo construye el cerebro aquello que llamamos realidad.
El cerebro recibe una enorme cantidad de información del mundo exterior y del propio organismo. Pero no puede procesar cada elemento con el mismo nivel de detalle.
Por eso funciona, en buena medida, como una máquina de predicción: anticipa qué es probable que esté ocurriendo y utiliza esa información para construir rápidamente una interpretación.
Esto significa que la experiencia que cada persona tiene del mundo no es necesariamente idéntica a la de otra.
Una persona puede olvidar quién es pero mantener la habilidad para tocar, por ejemplo, el piano.Las emociones, los recuerdos y las experiencias anteriores influyen en la manera en que interpretamos lo que sucede alrededor. Esa capacidad resulta fundamental para comprender también las enfermedades neurológicas.
Cuando determinadas redes cerebrales dejan de funcionar correctamente, la alteración no consiste simplemente en “olvidar cosas”.
Puede modificar la forma en que la persona interpreta, reconoce, siente o responde ante el mundo que la rodea.
Indicó cuál no es la mejor manera de abordar el asunto. “Confrontar al paciente con nuestra realidad, esa que antes también era su realidad pero ya no lo es, genera mucho malestar y empeora más la situación”, aseguró el españo.
Detectar antes para poder actuar a tiempo
Los avances en neuropsicología y neurología permiten identificar actualmente alteraciones cada vez más sutiles.
El neuropsicólogo destacó que hoy es posible detectar determinados cambios con mucha precisión y con mayor anticipación que en el pasado.
El valor de esa capacidad podría ser todavía mayor si en el futuro aparecen tratamientos capaces de modificar de manera efectiva la evolución de estas enfermedades.
Detectarlas cuando el daño cerebral todavía no es irreversible permitiría aprovechar mejor esas terapias.
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