¿Por qué nos urge recuperar la Historia Argentina en las aulas?

Transitando mi séptima década de vida y con las canas que otorgan los años de observación y estudio, no puedo evitar mirar el presente de nuestra educación con dolor y preocupación. Quienes nos formamos en la escuela pública de los años 60 y 70, en mi caso, bajo el ala del querido Comercial N° 3 Hipólito Vieytes, fuimos bendecidos con una enseñanza que no solo nos transmitía datos, sino que nos sembraba el germen de la curiosidad, el pensamiento crítico y un irrenunciable amor a la Patria. Fue esa chispa la que me llevó a elegir la Historia como camino de vida. Sin embargo, lo que vino después ha sido un sistemático proceso de desmantelamiento intelectual.

Durante décadas, vimos cómo la mala política, movida por intereses mezquinos y un afán de provecho propio fue metiendo mano en los programas escolares. Se manipuló el pasado, se tergiversaron los hechos y se adaptaron los relatos para que encajaran en el molde de las ideologías de turno. El resultado está a la vista, generaciones enteras de argentinos privados de conocer su verdadera historia, huérfanos de un pasado real que les permita entender su presente.

Para cambiar el rumbo de nuestra Nación, es urgente una reforma estructural. La Historia Argentina debe ser una materia imprescindible y continua desde el jardín de infantes hasta la universidad. No se trata de un capricho académico, es una necesidad de supervivencia nacional. Aprender historia no es repetir de memoria efemérides edulcoradas. Es mirarnos al espejo con honestidad brutal. Necesitamos que nuestros jóvenes conozcan lo bueno y lo malo; nuestras glorias y nuestros fracasos más estrepitosos. Solo comprendiendo las malas decisiones del pasado lograremos el anticuerpo social necesario para no cometer los mismos y viejos errores que hoy nos mantienen estancados.

Pero la mala praxis ideológica hizo algo más perverso, creó listas negras en el pasado. Por sectarismo político, se pretendió borrar a próceres fundamentales. Figuras que pensaron el país, que sangraron por él, fueron condenadas al olvido o a la caricatura simplemente porque sus ideas no comulgaban con el relato oficial del momento. Reivindicar a esos hombres y mujeres olvidados no es revisar el pasado con revanchismo, es hacer justicia histórica. El verdadero amor al país se siembra mostrando la grandeza de quienes nos precedieron, la complejidad de los procesos y el costo humano que tuvo construir esta Nación. Cuando un estudiante comprende que este suelo es el resultado de sacrificios inmensos, empieza a cuidarlo, a respetarlo y a proyectarse en él.

Una oportunidad histórica está en manos de las autoridades actuales, tienen el poder y el deber moral de reparar el daño inconmensurable que la manipulación ideológica con su lavado de cerebros le causó a la sociedad. Solo así, con la verdad como norte y el pasado como lección, podremos ofrecerles a nuestros jóvenes el futuro próspero y libre que tanto se merecen.

El 1 de julio se celebra en Argentina el Día del Historiador, un futuro venturoso nace del amor a la Patria.

Francisco Manuel Silva frsilva50@gmail.com

Desde el famoso “desclasados” hasta el anuncio de la muerte de Jorge Messi, los ataques del kirchnerismo hacia la Selección Argentina y, en especial, hacia Lionel Messi son una constante. La razón es simple, no lograron apropiarse del triunfo, como lo han hecho con el día de la memoria, día de la mujer, del orgullo gay, de la bandera de los derechos humanos. Ampliaron la grieta mostrando en sus actos a Maradona como un guapo que defendió al pueblo y a un Messi que le sonrió a Trump desentendiéndose del hambre de los jubilados, la inflación, el presupuesto universitario, el Garrahan, los discapacitados, la crueldad de Milei. Desconocen la existencia de la Fundación Leo Messi con sedes en Barcelona desde 2007 y Rosario desde 2009, que luego de un largo proceso burocrático logró la registración oficial en 2013. Entre sus donaciones, aportó 500 mil euros al Garrahan. También por problemas burocráticos no se permitió el ingreso a 32 de 50 equipos de respiradores en la emergencia por el coronavirus. No es casual que también apunten contra Susana Giménez, que también realiza importantes donaciones de las que no hace ninguna publicidad. Desprecian a ambos porque están imposibilitados de igualarlos, por la sencilla razón que carecen de los fundamentos que son necesarios para hacerlo: capacidad, esfuerzo, dedicación, disciplina y talento. La Selección podrá retener el título o no; el fútbol es impredecible, pero siempre gozará del reconocimiento de los argentinos de bien que amamos el fútbol y les agradecemos la felicidad que nos produce verlos jugar.

Gabriel C. Varela gcvarela@gmail.com

La sobreabundancia de información no ha garantizado mayor verdad. Redes sociales, streaming y plataformas digitales han ampliado el acceso a contenidos, pero también la circulación de rumores y noticias sin verificar. Lo que para otras generaciones se llamaba educación democrática o instrucción cívica hoy debería incluirse bajo el concepto de alfabetización mediática.

No se trata solo de conocer instituciones, sino de aprender a evaluar fuentes, distinguir información de opinión y verificar datos antes de compartirlos. Una ciudadanía crítica es la mejor defensa frente a la desinformación y las operaciones disfrazadas de periodismo.

J. Felipe Fliess felfli@yahoo.com

Nunca uses la inteligencia artificial para que piense por vos. El mayor riesgo de confiar a rajatabla en la tecnología es que puede llevarte a no cumplir con tus expectativas.

La inteligencia artificial es una herramienta práctica e indispensable que facilita ordenar las ideas y convertirlas en óptimos resultados de lectura. De hecho, ya está incluida en los correctores ortográficos y en los buscadores de términos redundantes, lo que ayuda a que un texto quede profesional y libre de muletillas. Sin embargo, un punto crucial es que no debemos olvidarnos de las capacidades propias.

Existe el mito popular de que utilizamos una mínima fracción de nuestro cerebro, pero tal afirmación es falsa. A mis 72 años, he aprendido que los seres humanos poseemos una lucidez biológica excepcional que contribuye a estructurar los conocimientos; solo hay que darle tiempo. Lo ideal es plasmar un pensamiento y dejarlo en borrador. Al día siguiente de haber escrito el material, emergerá el razonamiento propio para ayudarnos a visualizar, con total claridad, fragmentos que antes no habíamos advertido. A mi entender, es una fórmula que no falla.

Reconozco que la IA me ha enseñado a mejorar mi lenguaje y a expresarme mejor; pero más allá de lo que nos facilite, la capacidad y el instinto intelectual siempre deberán prevalecer.

Hugo Modesto Izurdiaga modestoizur@yahoo.com.ar

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