La iglesia donde atendieron a los heridos de las invasiones inglesas, cumple 300 años y tiene unos 100 murales en su interior

Fue colegio de niñas, orfanato, asilo, cementerio para pobres, hospital de mujeres y hospital de soldados. Una y mil historias caben en la esquina de Bartolomé Mitre y Suipacha, en San Nicolás, donde la Parroquia San Miguel Arcangel se prepara para conmemorar los 300 años desde su fundación.

La historia se remonta al 1727 y una de las primeras acciones solidarias de esta comunidad religiosa fue asistir en una de las tragedias que marcó la historia de la Ciudad, la epidemia de tifus; una enfermedad que diezmaba poblaciones enteras.

Cuenta la leyenda que tuvo entre sus feligreses a una vecina que cientos de años después se transformaría en la primera santa argentina, Mama Antula, canonizada en 2024 por otro argentino, el Papa Francisco.

Ya iniciado el 1800, la historia lleva a la parroquia a ser sede también del hospital que recibió a los heridos durante las dos invasiones inglesas: “Aquí se atendió a ingleses, criollos, españoles y negros. La parroquia posee los documentos históricos con el listado de cada uno de los soldados que fueron atendidos. La mayoría se repuso. Todo esto ocurría en esta manzana, pero sobre calle Esmeralda, en donde hoy hay una plaza”, relata Ricardo Dotro, el párroco desde hace más de 20 años.

La versión de "La última cena" de Augusto Ferrari, una de las más de 100 obras que se pueden ver en el interior de la iglesia. Foto Guillermo Rodriguez Adami
El altar mayor de la parroquia. Foto Guillermo Rodriguez Adami

Por fortuna, parte de la documentación que menciona Dotro se encuentra a resguardo. Porque como muchas otras iglesias del area central, fue vandalizada y prendida fuego unas horas después del histórico Bombardeo de Plaza de Mayo y unos meses antes de lo que fue el golpe de Estado de 1955 (la “Revolución Libertadora”).

La parroquia fue mutando a lo largo de los siglos. La versión del edificio que se ve hoy se construyó entre 1917 y 1922 y su autor fue el reconocido arquitecto, fotógrafo y artista piamontés Augusto Ferrari. Tuvo un hijo que lo dobló en fama: León Ferrari, quien fue uno de los artistas plásticos más importantes del país, reconocido a nivel mundial, con exposiciones en los más destacados museos, como el Reina Sofía de Madrid, el Tate Modern de Londres, y el Pompidou de Paris. León centró gran parte de su obra en una feroz y provocadora crítica hacia la religión, las guerras y la intolerancia institucional.

La intervención de Ferrari cambió por completo el templo. Pasó de tener una fachada colonial, con un estilo similar al Cabildo, a transformarse en una iglesia neorrenacentista. Y no se quedó corto con el interior, porque desató todo un despliegue iconográfico enorme. Pintó murales realizados en óleo sobre telas que luego fueron traslados a techos, paredes y cúpulas. Se estima que hay más de 100 obras suyas en el interior del templo.

La fachada será restaurada para conmemorar los 300 años de historia de esta parroquia. Foto Guillermo Rodriguez Adami
Foto Guillermo Rodriguez Adami

Como hizo con otras iglesias en las que intervino, Ferrari padre recurrió a la fotografía y a modelos reales para interpretar escenas de la biblia y del catolicismo: trabajadores, amigos, artistas, colaboradores y familiares. Los vestía con las ropas de época, posaban, tomaba la foto y luego las usaba como guía.

En el caso de la obra principal, Ferrari hace su versión de “La última cena”, de Leonardo Da Vinci: aquí Jesús aún no está sentado a la mesa, sino que se lo ve parado y los apóstoles están dispersos, como charlando, en su propia historia. “Ese de barba, es el propio Ferrari”, revela el párroco.

Para llegar a los festejos por los 300 años renovada, en estas próximas semanas comenzará una importante obra de restauración en la fachada sobre calle Bartolomé Mitre: “La primera etapa es un hidrolavado de toda la superficie para quitar la pátina del tiempo. Haremos un cepillado manual en los lugares que concentren más suciedad, las partes más rebeldes. En donde hay costras negras, se remueve con compresas de papel embebidas en agua destilada. La idea es no dañar aún más el revestimiento original”, describe el arquitecto Pablo Paul, del estudio PlanArq y a cargo de la restauración de San Miguel Arcangel desde 2005.

En los primeros años del 1900 fue Augusto Ferrari el encargado de transformar el templo. Foto Guillermo Rodriguez Adami
La parroquia antes de la intervención de Augusto Ferrari. Foto gentileza San Miguel Arcangel

Las obras son relevadas por la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y Bienes Históricos; pues se trata de un Monumento Histórico Nacional desde 1983. A simple vista se ven plantas crecidas y grietas sobre la fachada: “Hay mampuestos flojos, denigrados, defectuosos. Hay muchas patologías. Todo va a ser reparado. Además de plantas, hay algas y líquenes. Lo que se hace es colocar un herbicida, eliminar y secar las raíces y luego removerlas. No puede quedar nada activo porque con el tiempo las plantas vuelven a crecer y las raíces generan el desprendimiento del revestimiento”, explica Paul.

En laboratorio se analizará la fórmula con la que está compuesto el revestimiento de la iglesia, así se podrán reproducir los materiales para poder completar ornamentos y esculturas dañadas. Se cambiarán también las partes de hierro de muchos de estos objetos; pasan a ser de acero inoxidable. El análisis en laboratorio permite llegar a los colores y texturas originales del revestimiento general de la fachada.

Hay un trabajo también muy delicado en las venecitas de la iglesia, que Paul detalla: “No son venecitas típicas, porque Ferrari trabajaba con vidrios comunes, de distinta terminación; podían ser transparentes, de colores, translúcidos. Y les aplicaba una capa de dorado a la hoja. Hay que verificar el estado de todo el conjunto, pieza por pieza, para poder retirar y limpiar. Es un trabajo lento y complejo”.

La mano y la espada original de la figura de San Miguel Arcangel. Será recolocada durante las obras de restauración. Foto Guillermo Rodriguez Adami

Otra parte importante de la obra es la figura del San Miguel Arcangel, que se encuentra ubicada en la hornacina de la fachada, justo sobre el ingreso principal. Le falta una mano y una espada, que fue removida por precaución y que se encuentra resguardada en el interior de la iglesia: “Según la documentación que tenemos, la ubicación y la inclinación de la figura no son las originales. También realizaremos un estudio de patologías para restaurar la figura y reemplazar las partes de hierro por acero inoxidable”, explicó Paul.

Las obras se llevarán a cabo con fondos exclusivos de la iglesia, a la que aporta la comunidad de feligreses. Además se organizaron colectas y hay tres bonos a través de los cuáles se pueden hacer aportes (más info y contacto en la web oficial www.parroquisanmiguelarcangel.com.ar)

Arquitecto, fotógrafo y artista plástico Augusto Ferrari. Foto Fundación Augusto y León Ferrari Arte y Acervo
Malla de protección en los techos de la parroquia. Foto Guillermo Rodriguez Adami

Dos cierres históricos. Como se dijo, la iglesia fue vandalizada unos meses antes del golpe de Estado de 1955. En la noche del 16 de junio fue incendiada. Hubo daños severos en el mobiliario e incluso las pinturas de Ferrari también fueron afectadas. Dos años después, el propio Ferrari intervino en la puesta en valor del templo.

El otro cierre de la iglesia fue mucho más reciente y fue debido a la falta de mantenimiento, combinada con una humedad que afectó gravemente el edificio. En junio de 2000 el Arzobispo de Buenos Aires, en aquel momento, Jorge Bergoglio, dispuso la clausura total del templo. Se habían desprendido bloques de mantenimiento e incluso se dijo que había un riesgo inminente de derrumbe.

Durante años la iglesia estuvo envuelta en andamios y continuó cerrada. Las filtraciones de agua dañaron severamente muchas de las obras de Ferrari. Incluso hoy se puede ver el daño que persiste en el interior.

Recién en 2008 -y luego de un largo y complejo proceso de obras estructurales- volvió a abrir sus puertas. El propio Bergoglio encabezó la misa de reapertura.

El padre Dotro, en el patio de la parroquia. Foto Guillermo Rodriguez Adami
Antes de la gran reforma del arquitecto Augusto Ferrari. Se alcanzan a ver carretas y el San Miguel, ubicado en otro lado. Foto gentileza PlanArq
Ya con la reforma del arquitecto Augusto Ferrari, con la figura de San Miguel sobre la puerta de ingreso. Foto gentileza PlanArq
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