El príncipe chino que salía de noche a cazar personas: la historia de Liu Pengli, el primer asesino en serie registrado

Durante años, cuando el sol empezaba a desaparecer detrás de los campos de Jidong, los caminos quedaban vacíos. Los campesinos aceleraban el paso, los comerciantes cerraban temprano y las familias se encerraban detrás de sus puertas.

No era una guerra ni una epidemia lo que había alterado la vida cotidiana de la región. El miedo tenía nombre propio. Según los registros que sobrevivieron hasta la actualidad, el responsable de aquella ola de asesinatos era el propio príncipe que gobernaba esas tierras, Liu Pengli.

La historia ocurrió durante la dinastía Han, una de las etapas más prósperas y estables de la antigua China. Mientras el imperio consolidaba su poder, unificaba territorios y promovía ideales de armonía y orden, una de las ramas de la familia imperial protagonizaba un escándalo que siglos después todavía genera debates.

Es que Liu Pengli no era un criminal común. Era nieto del emperador Wen, sobrino del emperador Jing y miembro de una de las familias más poderosas del mundo conocido. Los registros no cuentan demasiado sobre su infancia. No se sabe cómo fue la relación con sus padres ni qué ocurrió los primeros años. Lo que sí se sabe es que nació rodeado de privilegios.

El emperador Wen de la dinastía Han. Foto: Wikipedia

Su padre, Liu Wu, había sido uno de los hombres más influyentes del imperio y durante años disfrutó de riquezas que rivalizaban con las del propio emperador. Sin embargo, una disputa política terminó alejándolo de la corte imperial. Tras su muerte, el antiguo reino familiar fue dividido entre sus hijos y Liu Pengli recibió Jidong. Todavía joven, se convirtió en la máxima autoridad de la región.

El príncipe que convirtió el reino en un campo de caza

La mayoría de los habitantes de Jidong eran campesinos y artesanos. Sus días transcurrían entre jornadas agotadoras, cosechas y trabajos manuales. La vida estaba lejos de ser cómoda, pero tampoco era especialmente peligrosa. Al menos hasta que empezaron a aparecer cadáveres junto a los caminos.

Cada pocas noches aparecía una nueva víctima. Los cuerpos mostraban heridas brutales y casi siempre habían sido despojados de sus pertenencias. Como ocurría con frecuencia en la antigüedad, las investigaciones eras escasas y poco eficaces.

Muchos atribuían las muertes a bandidos, criaturas sobrenaturales o grupos de delincuentes que operaban en la oscuridad. Lo que nadie imaginaba era que el responsable estaba sentado en el lugar más alto de la estructura del poder.

Según los registros históricos, Liu Pengli salía de noche acompañado por entre veinte y treinta sirvientes, además de varios delincuentes que formaban parte de su entorno. Juntos recorrían caminos y calles buscando personas que regresaran tarde a sus hogares o que, simplemente, tuvieran la mala suerte de cruzarse con ellos.

Liu Pengli, el primer asesino serial registrado. Foto: CriminalMindsWiki

Cuando encontraban una víctima, atacaban sin piedad. Robaban sus pertenencias y la asesinaban. Después seguían adelante en busca de otra.

Liu Pengli no necesitaba robar. Había heredado una fortuna considerable y gobernaba un reino propio. Los bienes que obtenía de las víctimas no cambiaban en nada su posición económica. Por eso, incluso los relatos históricos más antiguos coinciden en señalar que los asesinatos parecían responder únicamente al placer de ejercer violencia.

La población de Jidong empezó a hablar abiertamente de las expediciones nocturnas del príncipe. Todos sabían quién estaba detrás de las muertes, pero no podían hacer nada al respecto. Liu Pengli era la autoridad máxima del reino y pertenecía a la familia imperial.

Mientras tanto, los cadáveres seguían apareciendo. Las estimaciones históricas hablan de al menos cien víctimas confirmadas. Sin embargo, sus nombres nunca fueron registrados. No quedaron listas, testimonios ni documentos que permitan reconstruir quiénes eran.

El hombre que se atrevió a denunciar

Parecía que Liu Pengli quedaría impune hasta el último de sus días. Sin embargo, una de las familias afectadas decidió romper el silencio.

Después de que su padre fuera asesinado, un joven habitante de Jidong tomó la decisión que nadie más se había atrevido. Redactó un informe detallando los crímenes que se estaban cometiendo en la región y señaló directamente al príncipe como responsable. Luego envió el documento a la capital imperial.

Su nombre no sobrevivió al paso del tiempo, pero su denuncia sí. No se conocen registros detallados de la investigación ni se conocen las pruebas utilizadas por los funcionarios de la corte. Lo que sí quedó documentado es que Liu Pengli, fue considerado culpable por haber asesinado al menos a cien personas.

La noticia sacudió la dinastía Han. Los funcionarios exigieron la pena de muerte y consideraron que los crímenes eran demasiado graves para recibir otro castigo. Pero el emperador Jing tenía la última palabra.

Emperador Jing, tío de Liu Pengli. Foto: Wikipedia

Por un lado, estaban los principios que sostenían el orden del imperio. Por otro, el hecho de que el acusado fuera su propio sobrino. A pesar de que en aquella época los asesinos eran ejecutados, el emperador dictaminó una sanción benévola. Le quitó todos sus títulos, confiscó sus propiedades, lo convirtió en plebeyo y lo envió al exilio en el lejano condado de Sanyong.

Después del destierro, Liu Pengli prácticamente desaparece de los registros. No se sabe cuando murió, qué ocurrió durante sus años de exilio ni si volvió a cometer asesinatos. De hecho, gran parte de lo que hoy se conoce sobre el caso proviene de una breve referencia incluida por el historiador Sima Qian en Registros del Gran Historiador, una obra terminada hacia el año 91 a.C.

Allí lo describió como un hombre arrogante y cruel que salía saquear y matar acompañado por decenas de seguidores. Sin ese texto, probablemente la historia se habría perdido para siempre. Aún así, el paso de los siglos dejó más preguntas que respuestas.

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