El mirador del jefe y los leones perdidos por décadas: cómo llegar a los rincones menos conocidos de las estaciones de Retiro y Constitución

Un breve impasse en medio de la semana; un respiro en la rutina diaria; una hora para sumergirse en la historia y el presente de las estaciones terminales de trenes más lindas de la Ciudad: Plaza Constitución, de la Línea Roca, y Retiro, de la Línea Mitre. Volvieron las visitas guiadas gratuitas a estas construcciones monumentales con más de un siglo de historia.
Este miércoles habrá dos visitas. Una a las 11 en Constitución y otra, a las 15, en Retiro. Las visitas se repiten durante julio: miércoles 1 y 15, a las 11 y a las 15 (Constitución y Retiro respectivamente); y sábado 4 a las 11 en Retiro.
Las visitas son gratuitas pero es necesario anotarse en la web de Trenes Argentinos Operaciones. Si bien Buenos Aires tiene una agenda enorme de visitas guiadas -no sólo las oficiales, que se organizan desde la Ciudad, sino las que promueven desde redes sociales muchos expertos en patrimonio- éstas visitas tienen una perlita, una joya oculta: en ambas estaciones se ingresa a lugares vedados para el público en general.
En la estación de Retiro se podrá ingresar al balcón que se ve en el acceso a la estación, en la zona de las boleterías. Antiguamente sólo el jefe de la estación podía ingresar a este balcón desde el que monitoreaba todo el movimiento de pasajeros y la operación de las boleterías.
Desde este nivel se ve bien de cerca el trabajo de ornamentación de la balaustrada, los rosetones, el techo y el interior de la cúpula que corona esta estación central.
En la visita la gente podrá conocer un poco de la historia de esta estación, que no fue la primera, porque en verdad reemplazó a una terminal más sencilla, de madera y que se destruyó durante un incendio.
La obra fue proyectada en 1908 por arquitectos e ingenieros británicos. Se comenzó a construir en junio de 1909 y se inauguró en agosto de 1915, con el presidente Victorino de la Plaza como figura principal del evento.
Un dato curioso: la construcción estuvo a cargo de la empresa de la familia Hume, inmigrantes escoceses, quienes también intervinieron en el tendido de miles de kilómetros de vías a lo largo del país. Los descendientes de aquellos inmigrantes aún conservan la residencia que habitaron y que es la única construcción que continúa siendo una vivienda familiar sobre Avenida Alvear.
Muy a tono con la época, la estación -fue una de las más grandes del mundo en aquellos años- combina dos estilos, una arquitectura “dual”: la fachada y el vestíbulo clásico, academicismo francés de pura cepa, con la intención de “dialogar” con la estética predominante en Buenos Aires. Y la ingeniería de hierro británica en la zona de andenes: como muchas otras construcciones de la época, esta estructura metálica fue fabricada en Inglaterra y luego ensamblada in situ, como un puzzle gigante.
Tanto en Retiro como en Constitución, el vestíbulo impacta por su volumetría; y también por las claraboyas monumentales, que bañan todo el interior de luz natural. No importa incluso si está muy nublado, siempre ingresa algo de luz. Para la época, un detalle de vanguardia en ambas estaciones.
Retiro es Monumento Histórico Nacional desde 1997 y Constitución desde 2021.
La joya oculta de la gran terminal del sur es el Patio de los Leones. Como en Retiro, es una zona a la que no accede el público en general. Era originalmente la entrada principal para el personal jerárquico de Ferrocarriles del Sud.
Dos leones esculpidos en mármol de carrara -con serpientes en sus garras- serán los encargados de recibir a la gente en esta visita. Los leones estuvieron ocultos durante años, protegidos en unas cajas de madera, porque ese lugar se había transformado en un pasillo abierto al público, con locales comerciales. Se creían perdidos, pero cuando comenzaron las obras de restauración fueron hallados, intactos.
A diferencia de Retiro, la terminal de Constitución es un edificio hecho de capas, ampliaciones y proyectos. De galpón rural, a palacio francés y mole monumental. En parte estos cambios estuvieron impulsados por la demanda y reflejan el crecimiento de la población del área metropolitana de Buenos Aires hacia el sur.
La primera “versión” de Constitución se inauguró en 1865. Era un edificio sencillo, de una sola planta; en frente -donde hoy están las dársenas de colectivos- había un mercado y un estacionamiento de carretas. En muy poco tiempo la estación quedó chica, debido al boom de la lana y la producción agropecuaria. Y entre 1885 y 1907 se amplió dos veces más, con dos mega proyectos de los arquitectos británicos más importantes del momento.
Vino luego otra ampliación en la década del 20; en esos años Constitución recibía un movimiento descomunal y quedó reflejado en la construcción que se ve actualmente. La fachada del edificio rosa sobre la calle Brasil estuvo a punto de desaparecer, para ampliar y modernizar aún más la estación, pero se “salvó” porque vino la crisis económica mundial del 30.
Este amalgama de estilos representa fielmente a esta estación central. Hay dos formas de verla en todo su esplendor: desde la Plaza Constitución, para apreciar las diferencias entre el clasicismo francés y la modernización. Y desde la autopista 9 de Julio Sur, durante la noche: con una iluminación dramática que sólo la vuelve más bella.



