El enigma de la plazoleta del mástil: la mandíbula que apareció sobre el quebracho
El pasado viernes, lo que debía ser un paseo distendido por el boulevard de la calle 9 de Julio se transformó en una escena de intriga para algunos transeúntes.
Al llegar a la zona del mástil, donde existe el mirador natural hacia el río Paraná, se toparon con algo que no encajaba con el escenario habitual: sobre un durmiente de quebracho, expuesta casi como un mensaje o un trofeo olvidado, reposaba un maxilar inferior, restos óseos que, todo indica, son humanos.
“Estábamos en la parte del mástil y allí se encontraba”, relataron los testigos a La Opinión. La pieza, despojada de cualquier contexto, resaltaba sobre la madera oscura de un durmiente de quebracho, ubicado verticalmente, planteando desde el primer segundo un interrogante sobre su procedencia.
En un principio, se trazaron la duda. Una reacción natural ante el misterioso resto óseo: ¿podría ser el resto de un animal? Sin embargo, la curiosidad, o quizás el instinto de sospecha, llevó a quienes la encontraron a realizar un cotejo minucioso.
Recurrieron a la búsqueda en la Inteligencia Artificial y compararon una imagen de la anatomía ósea humana con la pieza hallada. Y lo que fue sorpresivo se tornó en preocupante, porque las formas, los huecos de las piezas dentales y la estructura general eran totalmente coincidentes.
“Nos sorprendimos mucho”, confesaron los protagonistas del hallazgo. No es para menos. Encontrar un resto humano -hay más certezas que dudas- en un espacio público de tránsito constante no es habitual.
¿Cuál es el origen de este hueso? Si se confirma que es humano, ¿quién la colocó allí deliberadamente para que fuera encontrada? ¿El fin fue realizar una broma?
La mandíbula, ese fragmento de lo que alguna vez fue el rostro de alguien, permanece ahora bajo la lupa del misterio.
Quienes lo encontraron solo se atrevieron a tomar fotografías y dejarlo allí, sin manipularlo por temor a alguna infección, pasando a ser por algunas horas un estandarte de lo tétrico, montaje de un escenario que, al menos por algunas horas, convirtió al paseo en un ambiente tenebroso.
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