Cumple 90 años el teatro que se construyó en tiempo récord y el “duelo de titantes” con su competidor en la avenida Corrientes
Considerado el máximo exponente del movimiento art déco en la Ciudad, el Teatro Opera festeja este año su 90 aniversario. Alegoría de un faro en medio de la Ciudad, es la obra del belga Alberto Bourdon, quien construyó, amplió y reformó en el país más de cuarenta salas de cine y teatro. Tuvo una producción arquitectónica enorme, que incluyó decenas de petit hoteles y residencias privadas; e incluso diseñó un templo neogótico icónico en Mar del Plata, la iglesia Stella Maris.
En el Opera, y en todos los cines y teatros en los que intervino, el belga apeló a todas las innovaciones técnicas de la época. “En sonido, en confort, acústica, ventilación. La construcción además fue un espectáculo en sí mismo, porque se trabajaba las 24 horas, en tres turnos. Logró terminar la obra en sólo 9 meses”, cuenta a Clarín otro belga, el arquitecto Guy Van Beeck; vivió en Argentina muchos años y siguió la obra de Bourdon.
La presión por terminar rápido el Opera tiene una explicación. A pocos metros, tenía un competidor de fuste: el arquitecto Alberto Prebisch había comenzado la obra del Gran Rex. “Ganó” Bourdon, que logró inaugurar en 1936, postergando a Prebisch, que terminaría su cine – teatro en 1937.
El escalonamiento de a torre, muchas veces se pierde de ver, detrás de la cartelería. Imagen de 2020, del archivo Clarín
Fachada en 2010. Foto Fernando de la Orden
El hall que asombra al público. La cadencia de sus formas, no pierden su magnetismo. Foto Maxi FaillaEsas fueron épocas de cambios en la zona, porque se proyectó la ampliación de Corrientes, que era originalmente una calle angosta. Además, avanzaba lo que fue el proyecto vial de la Avenida 9 de Julio, tal como se conoce ahora. De hecho, Prebisch inaugura en 1936 el ícono porteño definitivo, el Obelisco.
Estos cambios impulsan también la transformación del Opera, que tuvo tres etapas: la primera con la inauguración de una sala en 1872. Una segunda con la obra de Jules Dormal, que se inaugura en 1888. Hasta 1935, esta sala le compitió mano a mano a otros dos monstruos, el Colón y el Coliseo. Finalmente en 1936, la sala que conocemos actualmente, encargada por la familia Lococo.
La barra original, en la zona de circulación. Pisos y columnas de mármol, un sello distintivo de la obra. Foto Maxi Failla
El Petit Opera. Iluminación dramática para este espacio, ex auditorio. Foto Maxi FaillaAdemás del desafío constructivo, Bourdon pensó en lo que hoy llamaríamos amenities: bar, guardería infantil, bebederos, calefacción, cabinas telefónicas, obras de arte, una ciudad en miniatura, cielo estrellado, ¡jaulas para mascotas!, salón para fumadores, y hasta un “petit” Opera, una sala de proyecciones y auditorio, en el subsuelo.
Muchas de estas cosas se fueron perdiendo en años posteriores y sobre todo en la renovación que se hizo en la década del 90, cuando la familia Lococo vende la propiedad a un grupo mexicano (CIE), con pata argentina en Daniel Grinbank. Por ejemplo, pasó de 2.500 butacas a un poco más de 1.800 porque se amplió el escenario. Y el “petit” Opera quedó reducido a un espacio de uso sin ninguna función específica.
Van Beeck indagó en la vida de Bourdon y pudo reconstruir que “cruzó el Atlántico a bordo del vapor Wittekind en 1903; como muchos otros inmigrantes, en busca de nuevos horizontes. Trabajó los primeros años junto al arquitecto italiano Luis Broggi (autor del edificio La Inmobiliaria, famoso por sus cúpulas rojas) y en 1907 fundó su propio estudio. Trabajó incansablemente durante casi 50 años en más de 100 obras”.
Imagen del interior de la sala en su origen; replicaba el perfil de una ciudad. Foto gentileza Biblioteca CPAU (Revista del Centro de Arquitectos, Constructores de Obras y Anexos
Lo que quedó del diseño original de Bourdon. Foto Maxi FaillaMucha información la obtuvo a través de una de las hijas de Bourdon, que “llevaba un listado completo y pormenorizado de las obras que había hecho su padre. Incluso lo acompañaba en las obras. Muchas salas fueron remodelaciones de las originales porque se venían cambios tecnológicos y Bourdon se terminó convirtiendo en un especialista. Dejaron de ser sólo salas de teatro para sumar pantallas. De hecho, el Opera pasó a ser cine – teatro, cuando antes era exclusivamente teatro de ópera”, explicó Van Beeck.
Patricia Méndez es arquitecta e investigadora Superior CONICET – CEDODAL. Realizó un importante trabajo sobre la producción de Bourdon y remarca que la construcción del Opera vino a marcar un contrapunto, “una competencia de titanes, pero que terminan dialogando entre sí. Rivalizan pero cada uno tiene un valor que lo hace único: el gran faro del Opera y ese enorme ventanal del Gran Rex que ilumina todo el foyer. Uno es la gran joya del art déco, el otro un destacado ejemplar de estilo racionalista”.
“Era un cine – teatro ‘atmosférico’. Cuando entrabas era como hoy es la realidad virtual. Los muros se diluían a la vista por el efecto de ese perfil de ciudad construido sobre los laterales. Pero sobre todo porque en el cielo se proyectaban estrellas y nubes. Hubo ahí una búsqueda estética que hizo única a esta sala”, explica Méndez.
Desde la última fila de plateas, vista perfecta del escenario. Foto Maxi Failla
El arco de proscenio original. Se perdió con las últimas modificaciones de la sala, en los años 90. Imagen gentileza Teatro OperaEl belga se inspiró en el diseño de la sala Le Grand Rex, ubicada en París; el año pasado la revista Time Out lo destacó como “el cine más hermoso del mundo”. “El cine parisino toma una esquina, lo que destaca aún más esa idea de faro. Y Bourdon no sólo se inspira en la fachada, sino que también toma elementos del interior. Afortunadamente el Opera fue una obra muy valorada, recibió premios y se destacó en una época en que había mucha producción arquitectónica y también se construía mucho”, apunta Méndez.
Pero el Opera, aún considerado un ícono del art déco, anda sufriendo la falta de mantenimiento. Toda la zona de la torre se encuentra inhabilitada. Omar Ciprés es un empleado histórico, electricista y alma mater del edificio. Lleva más de cuarenta años trabajando en el lugar. Conoce todos los rincones y acompaña a Clarín a hacer un recorrido fotográfico por las entrañas del teatro.
Corte lateral de la sala. Foto gentileza Biblioteca CPAU (Revista del Centro de Arquitectos, Constructores de Obras y Anexos)
Desde adentro, la base de la torre. En algún momento se usó como sala de ensayo. Foto Maxi FaillaCuenta que “las reformas modernizaron la sala, pero obligaron a hacer grandes modificaciones. Sin embargo, todo el hall se mantiene intacto y es lo que más impacta a la gente. Otro lugar hermoso que se transformó por completo es el “petit” Opera, que perdió sus 40 butacas. Siempre sueño con que se vuelva a rehabilitar la torre, que hoy está vacía. Se puede llegar hasta la punta, a través de una escalera caracol, y podría transformarse en un mirador”, dice Omar.
Actualmente el edificio es propiedad de un grupo económico brasileño (Time for Fun/Ticketek).
Bebederos originales, conservados. Foto Maxi Failla
Obras de arte en los pasillos. Se conservan, pero no son visibles para el público. Foto Maxi Failla
Lámparas también originales. Foto Maxi Failla
Detalles del estilo, conservados. Foto Maxi Failla
Los 90 años del Teatro Opera Buenos Aires. Imagen de la fachada en sus primeros años. Foto gentileza Biblioteca CPAU (Revista del Centro de Arquitectos, Constructores de Obras y Anexos)
Los 90 años del Teatro Opera Buenos Aires. Imagen del interior de la sala en su origen; replicaba el perfil de una ciudad. Foto gentileza Biblioteca CPAU (Revista del Centro de Arquitectos, Constructores de Obras y Anexos
Omar Ciprés, empleado histórico del teatro; en uno de los balcones de la torre. Foto Maxi Failla
Le Grand Rex, de París (Francia). Considerado por Time Out como el “cine más hermoso del mundo”. Inspiración para Bourdon. Foto @legrandrex


