Cáncer de próstata: el error que hace que los varones lleguen tarde al diagnóstico y cómo evitarlo
Es una regla para cualquier tipo de cáncer, que aplica también al de próstata: los síntomas no suelen manifestarse en etapa temprana. Esperar a que aparezcan es un error o una oportunidad perdida, porque detectado en forma precoz tiene altísimas chances de curación. Es más, en algunos casos ni siquiera es necesario iniciar tratamiento, alcanza solo con controlar que no avance.
¿Cómo se subsana ese error o esa oportunidad perdida? Arrancando los controles preventivos a los 50 (o hasta una década antes en caso de que haya antecedentes familiares). Esos controles a los que los urólogos convocan a los varones con vehemencia, poniendo énfasis en despejar mitos, confusiones y miedos arraigados.
En Argentina se detectan casi 12 mil nuevos casos al año y es el tercer tipo de cáncer que mayor cantidad de muertes ocasiona en varones (casi 3700 muertes anuales), detrás del de pulmón y el colorrectal.
“De todos los tumores, en los hombres el más frecuente es el de próstata. No es algo que ocurre cada tanto. Si es tan frecuente, nos tiene que involucrar más. Tenemos que tomar conciencia”, exhorta en diálogo con Clarín, Norberto Bernardo, profesor titular de la Cátedra de Urología de la Universidad de Buenos Aires y jefe del Servicio de Urología del Hospital de Clínicas.
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Se estima que uno de cada seis a ocho hombres tendrá cáncer de próstata. “Si entramos en el universo de los que lo tuvieran: cuanto antes se diagnostica, se cura. Y se cura sin afectar la continencia y sin afectar su vida sexual. Eso es algo que hay que internalizar: si me entero antes, me curo antes y sigo con mi vida, con el tema resuelto. Por el contrario, si no quiero enterarme, lo voy a pagar más caro en salud y en calidad de vida”, añadió Bernardo, director del Centro Argentino de Urología y cirujano en el Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento.
El urólogo identifica tres miedos que los hombres arrastran desde hace años relacionados a esta enfermedad. En primer lugar, a morirse. Después, a que se vea afectada su vida sexual y a perder orina. “No son miedos infundados, porque hasta hace algunos años estas cosas podían ocurrir, pero hoy contamos con medios para que no se vean afectados esos aspectos que hacen a la calidad de vida”, alentó.
—¿Por qué cuesta tanto que los hombres se hagan sus controles?
—Hay que machacar muchísimo. En realidad, la insistencia tiene que ver con poner la información de la manera más amigable posible. Una vez que el varón incorpora esa información, baja el miedo, erradica los mitos y adhiere, como hacen las mujeres, a esos controles anuales que tiene que hacer.
¿Por qué la importancia de hacer perder los miedos? Fundamentalmente por una cuestión protectiva. Cuando nosotros enfrentamos el diagnóstico de una enfermedad prostática en una instancia precoz del desarrollo, casi es sinónimo de curación.
Digo “casi” porque puede haber algunos casos de una agresividad inusual, realmente inusual, que requiere tratamiento y la pelea es un poco más difícil, pero en la enorme mayoría de los pacientes el diagnóstico precoz es sinónimo de curación.
Por eso tenemos que insistir bastante, mucho, mucho, que a los 50 años, es el momento de tener un control, que es un control amigable. Una vez que sale, el varón dice tanta película me hice y esto era todo. Al año siguiente viene solo. Y se queda tranquilo. Ejerce su responsabilidad desde la información.
No esperar a los síntomas
“Los números son claros: el control anual con un urólogo es crucial. No es exagerado decir que puede marcar la diferencia entre curar la enfermedad o llegar tarde. El gran problema es que muchos hombres consultan recién cuando aparecen síntomas, y para entonces el tumor puede llevar años creciendo en silencio”, explica Guillermo Scolari, urólogo especialista en Uro-Oncología del Servicio de Urología del Hospital Británico de Buenos Aires.
Es que en etapas tempranas el cáncer de próstata es completamente asintomático. “No avisa. No es que en forma precoz orinás con sangre o tenés dolor. Evoluciona y recién cuando avanza da síntomas. En esa etapa podemos controlarlo, ayudar, pero ya no es sencillo curar como lo es al principio”, dice Bernardo.
“Por eso esperar a sentir dolor, molestias urinarias, o cualquier otro síntoma no es una buena estrategia de prevención”, afirma Gonzalo Vitagliano, jefe de la sección oncología del servicio de urología del Hospital Alemán.
El agrandamiento de la próstata provoca síntomas, pero el cáncer no da señales precoces. Foto Shutterstock.Ahora bien, con el paso de los años la próstata puede provocar ciertos síntomas molestos vinculados al agrandamiento de la glándula que nada tengan que ver con un cáncer (y que de todas maneras ameritan consulta porque afectan la calidad de vida).
Lo explica Juan Sade, oncólogo clínico y jefe de la Unidad Genitourinaria del Instituto Alexander Fleming (IAF): “El tumor sucede habitualmente en la zona periférica de la glándula prostática. Por lo tanto, ni siquiera produce síntomas obstructivos, que son generados por la hiperplasia o agrandamiento benigno de la próstata que sucede en la zona central de la glándula, apretando la uretra”.
“Esto hace que no haya que prestar atención a ningún síntoma y que uno tenga que hacer sus estudios y controles a pesar de no tener ninguna señal que se pueda asociar a este tipo de tumores. Cuando da síntomas, es tarde. Son manifestaciones de que la enfermedad se extendió a órganos vecinos como la vejiga o al recto, a los huesos o a los ganglios”, insistió.
Cómo son los controles
La edad es uno de los principales factores de riesgo para desarrollar cáncer de próstata, por lo que se aconseja realizar una consulta con un especialista en urología a partir de los 50 años, o hasta una década antes en el caso de tener antecedentes familiares.
Norberto Bernardo habla de un control “amigable”.
—Un análisis de sangre, que debemos hacernos todos los años, como nos controlamos el colesterol, la glucemia y que debe incluir el antígeno prostático específico (PSA). No es un estudio distinto, está incluido en la rutina, siempre que se indique.
El PSA -continúa Bernardo- nos sirve para comparar el actual con el del año próximo y el subsiguiente y ver si cambia y cómo cambia. Además, qué relación hay entre el antígeno prostático total (que es el que se midió siempre) y una fracción que estamos midiendo ahora que se llama antígeno prostático libre, porque circula en nuestra sangre sin unirse a proteínas.
Aparte de eso, una valoración que tiene que ver con evaluar la consistencia que tiene la próstata, porque cuando nosotros revisamos a un paciente podemos encontrar un cambio en la consistencia que nos llame la atención en aquellos pacientes en los que el antígeno prostático es normal.
—Es decir que puede hablar problemas en la próstata con un PSA normal.
—Sí, podría darse la situación de alguien que tiene un antígeno prostático normal, pero al revisarlo algo nos llama la atención y nos permite indagar un poco más con estudios un poco más profundos, como una resonancia magnética o una microecografía y, en algunos casos, si lo amerita, hacer una biopsia que nos dé un diagnóstico y saber en el caso de que tenga cáncer de próstata ante qué situación estamos: si es un cáncer que se puede controlar sin hacer más que un seguimiento (con imágenes y cada tanto una biopsia), o si requiere alguno de los tipos de tratamiento, que cuanto más precoz se diagnostique más fácil es para conservar.
—¿Qué lugar ocupan hoy los estudios por imágenes hoy en el diagnóstico?
—Hubo avances muy importantes en los últimos años. Las imágenes en la actualidad, con la incorporación de la inteligencia artificial, ha venido a dar un perfil de diagnóstico mucho más preciso, mucho más precoz. Cuando hablamos de imágenes, nos estamos refiriendo a la resonancia nuclear magnética, que nos permite delinear la arquitectura de la próstata y evaluar si hay algún sector cuya arquitectura esté modificada. Esa zona sospechosa se gradúa en cinco distintos grados, desde los dos iniciales que son totalmente indolentes, uno ambiguo que sería el PI-RAD3 que es intermedio, después 4 y 5 que nos dicen prestémosle atención a esto, porque esto merece ser aclarado. La microecografía también nos aporta información.
Los estudios por imágenes cobran cada vez más relevancia. Foto Shutterstock.—¿Qué tan difundido está el uso de estudios por imágenes? ¿O solo se limita a centros especializados el uso de este tipo de tecnología?
—Es una tecnología que está disponible, está cubierta por la medicina prepaga, por las obras sociales, está en los lugares públicos, de hecho en el Hospital de Clínicas está disponible, de manera que es accesible.
Lo que es cierto es que ha ido cambiando en cuanto a la habitualidad, el cambio cultural desde la población médica a usarlo más. Es una ayuda importante. Una alteración en la imagen complementa de manera muy eficiente al análisis y a la revisación, y nos hace llegar antes. Y cuando decimos “antes” estamos hablando de años.
—Cuando hablás de revisación, evitás la palabra “tacto rectal” que es uno de los conceptos que muchas veces aleja a los varones de la consulta. ¿Es necesario siempre?
—Es conveniente. Ustedes nos llevan la delantera en esto de naturalizar. Pero nosotros no hemos tenido una Tita Merello como tuvieron ustedes. Ella ha tenido un rol educativo importantísimo para hacerles perder el miedo, estimular el control, a hacerse el Papanicolau. Estamos buscando todavía el Tito Merello que nos ayude a convencer a los varones acerca de la importancia de los controles.
Pero, yendo al punto del tacto rectal: es importante a nivel complementario, porque el antígeno prostático, si bien es una aproximación muy útil, no sirve en el 100% de los casos. ¿Qué ocurriría si alguien tiene análisis de sangre normales? Una revisación forma parte del examen físico, como puede ser tomarnos la presión.
¿Qué lugar ocupa hoy el tacto rectal?
Vitagliano, por su parte, reconoce que el tacto rectal durante muchos años fue una parte central del control prostático. Sin embargo, considera que en la actualidad su indicación “debe ser más selectiva”.
“Hoy, en hombres sin síntomas, no se recomienda como estudio rutinario para todos de entrada. Eso no quiere decir que haya dejado de servir. Sigue siendo importante cuando el paciente tiene síntomas, cuando el médico necesita evaluar mejor la próstata, cuando existe sospecha de cáncer o cuando ya hay un diagnóstico y se necesita definir con mayor precisión la situación clínica. En otras palabras: no siempre es necesario, pero continúa teniendo valor en situaciones específicas”, afirmó el médico del Hospital Alemán.
En la misma línea, Gustavo Villoldo, subjefe del Servicio de Urología del IAF comentó que en los últimos años se ha generado un importante debate en torno al papel del tacto rectal en la detección precoz del cáncer de próstata.
“La evidencia más reciente ha cuestionado su utilidad como herramienta de tamizaje aislada, lo que ha llevado a que sociedades científicas reduzcan su protagonismo en este contexto. Actualmente, su papel dentro de las estrategias de detección temprana es objeto de revisión, con una tendencia creciente a priorizar herramientas basadas en biomarcadores y métodos de evaluación más precisos, como las imágenes de última generación”. No obstante, reconoció que la adopción de esos cambios en la práctica “ha sido variable”.
Cómo son los tratamientos
El tratamiento del cáncer de próstata es cada vez más personalizado, una especie de “traje a medida”, que busca un equilibrio entre la curación o el control y la preservación de la calidad de vida. La estrategia depende del estadio del tumor y de su agresividad.
En algunos casos de bajo riesgo, la primera opción puede ser la vigilancia activa, que consiste en controles periódicos con análisis, estudios por imágenes y, eventualmente, biopsias para monitorear la evolución del tumor sin necesidad de intervenir de inmediato.
Cuando la enfermedad está localizada, los principales tratamientos son la cirugía y la radioterapia. Los avances tecnológicos permitieron que las intervenciones sean más precisas y menos invasivas. El estándar de excelencia es hoy la cirugía robótica, que ofrece una mayor precisión y ayuda a minimizar secuelas como la incontinencia urinaria y la disfunción sexual. En radioterapia, las técnicas modernas permiten administrar dosis más precisas, proteger mejor los órganos vecinos y acortar la duración de los tratamientos.
También existen tratamientos focales para pacientes seleccionados, como el HIFU (ultrasonido de alta frecuencia) y la crioterapia, que actúan únicamente sobre la zona afectada de la próstata con el objetivo de preservar la función sexual.
En etapas más avanzadas, la hormonoterapia, las terapias dirigidas y la inmunoterapia apuntan a la cronificación de la enfermedad.
“La medicina actual busca evitar dos problemas al mismo tiempo: por un lado, no llegar tarde a los cánceres importantes; por otro, no sobretratar lesiones de bajo riesgo que quizás nunca hubieran afectado la vida del paciente”, concluyó Vitagliano.
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