Jorge Valdano, a 40 años del Día D de la historia del fútbol: “No hay otro episodio que sea más recordado que el partido de Argentina y Maradona contra los ingleses”

Cuarenta años después, Jorge Valdano está en el mismo lugar. En la misma ciudad, en el estadio en el que tuvo uno de sus picos de felicidad. Hace 40 años eran México DF y Azteca; ahora, ambos Ciudad de México. Pura semántica. Las emociones, intactas. Escribió hace unos días, desde ese lugar, para el diario “El País” de España: “Si en el Olimpo hay un sentido de la proporción, Gardel y Maradona tendrán que estar cerca. El zorzal criollo seguirá cantando que ‘veinte años no es nada’ y en estos días Diego le retrucará que tampoco cuarenta”.

Este lunes se cumplen 40 años del Argentina 2-Inglaterra 1, en México 86. “El Partido”, como bien lo definió Andrés Burgo en su libro publicado en 2015 y ahora una película reciente también lleva esa patente. A cuatro décadas, desde Ciudad de México, Valdano, aquel delantero y ahora analista de fútbol para diferentes medios, le dice a Clarín: “Estuve ahí el mismo día, a la misma hora, cuando se cumplieron 30 años. He ido muchas veces, incluso a la reinauguración, en México-Sudáfrica en el comienzo de este Mundial y seguramente en México-Chequia. No tengo previsto estar este lunes. Es un lugar que me resulta familiar, pero no quiere decir que me haya acostumbrado. Cada vez me parece más gigantesco, más impresionante. Y, además, todo se cruza con las emociones. No diría que ha modificado mi vida, pero si no hubiese pasado por ahí no hubiera sido un poquito más feliz el resto de mi vida”.

Foto: AP

-Hay un par de recuerdos clásicos en la previa de aquel partido. Diego diciendo: “Yo de política no hablo” y Bilardo repitiendo: “Es sólo fútbol”. Vos aclarando que “no se confundan los imbéciles” y la imagen de las camisetas azules sin números un día antes. ¿Hay algo más que haya quedado en el camino contar?

-Es verdad que cuando hablamos de la literatura clásica, decimos que los clásicos siempre tienen algo nuevo que decir porque juegan a las interpretaciones. Pero los hechos fueron los que fueron. No recuerdo otros. A Bilardo le daba miedo el exceso de emoción, porque eso podría desembocar en cualquier acto disciplinario. Diego sentía que se estaba poniendo el foco en un lugar equivocado y también eso le preocupaba. Pero lo cierto que había algo evidente y era que Argentina no hubiera soportado una nueva derrota contra el rival que nos había humillado no hacía tanto tiempo. La literatura del partido creció a partir del día en que se jugó, pero antes hicimos todo lo posible para esconder la dimensión político-social. Los ingleses, por el contrario, lo vivieron con cierta indiferencia. Pero lo confirmaron hace poco durante la filmación de la película. Y cobra un doble sentido. La indiferencia del que ganó la guerra y del que no tiene presente es una cuestión identitaria desde la infancia. A nosotros las Malvinas nos acompañan desde la escuela primaria.

Mientras elaboraba la respuesta, la memoria de Valdano siguió funcionando, buscando en el arcón algún recuerdo lejano. Y ahí estaba. “El día anterior fuimos a hacer el reconocimiento del estadio. El césped estaba muy alto, unos 10 centímetros. Todos coincidimos que en esa cancha no se podía jugar. Y después Diego hizo lo que hizo” (se escucha su risa de satisfacción a la distancia)

-Todo sucedió en el segundo tiempo. Y muchas veces en el entretiempo, en el vestuario, hay palabras o momentos clave. Se sabe poco de ese descanso en el Azteca. ¿Qué recordás?

-Fue un entretiempo tranquilo, porque si bien es verdad que el resultado estaba cero a cero, sentíamos que el partido era nuestro, que lo dominamos y que prácticamente no habíamos sufrido. No había nada relevante que modificar. Y luego Diego hizo la revolución. Todo lo que hizo tenía muy poco que ver con el equipo. Tenía que ver con un genio que ese día tenía una especie de cita con la gloria.

-Desde el juego no fue tu mejor partido. Los medios destacaron que estuviste bastante impreciso: Clarín y Sólo Fútbol te calificaron con un 6 y El Gráfico con un 5. Las estadísticas finales dicen que tuviste 18 contactos con la pelota: 12 correctos y 6 no. Cinco acciones en defensa, un quite y 4 cabezazos. Nueve acciones individuales: 6 bien y 3 mal. ¿Cómo conceptualizar estos números?

-Tenía la esperanza de que el partido de Diego los escondiera, pero veo que hay investigadores que me ponen en evidencia (se ríe). Sí, fue mi más flojo partido y creo que hay una razón de fondo. En todos los partidos tenía mi punto de partida muy atrás, en muchas ocasiones por detrás de Burru y de Diego. Por indicación de Bilardo, tenía que cumplir con ciertas obligaciones. Con decir que en la final tuve que hacerle hombre a hombre a Briegel (el lateral alemán), queda todo dicho. Pero ante Inglaterra mi posición fue mucho más adelantada y prácticamente jugué todo el partido de espalda al arco contrario. Eso me hacía sentir mucho más incómodo.

-Cuando Diego hace el gol, en lugar de ir a festejarlo con él, te metiste en el arco a buscar la pelota. En tu última nota confesaste que, un poco enojado, dijiste: ‘Gritalo solo’. Diego siempre contó que te veía a su izquierda, como pase, pero no te la dio.

– Lo dije como un recurso literario. No estaba enojado porque no me la dio. La jugada me parecía demasiado individual, que nos quitaba a los demás todo el protagonismo. Él se había apoderado del partido. Siempre digo, un poco en broma, que fui el máximo sacador de la pelota del arco en ese Mundial. Lo hice en el gol de Diego y en el de Brown en la final. No en el de Burruchaga, el 3-2, cuando estaba cerca pero ya no podía más, ja, ja. Pero es verdad que Diego me veía. Me lo dijo después del partido mientras nos duchábamos y antes de ver la repetición de los goles a la noche. Todo eso me sirvió para escribir una nota después sobre cómo funciona la cabeza de un genio en acción. Aprovechando ideas y desechando otras. Decía que me quería dar la pelota a mí, pero que siempre se le cruzaba un inglés que lo hacía cambiar de idea. Y luego el recuerdo de su hermano y aquella fallida definición en Wembley en 1980. Fíjate con qué velocidad le tienen que atravesar las ideas por la cabeza.

-Este 22 de junio también es el Día del Futbolista, que por un acuerdo entre Agremiados y la AFA se cambió en 2020 en homenaje al gol de Diego, reemplazando al 14 de mayo, por el 3-1 a Inglaterra en 1953 y el gol de Ernesto Grillo. ¿Cómo lo ves en perspectiva?

-Bien. Como digo en el artículo, creo que fue “el día D de la historia del fútbol argentino”. No hay otro episodio en el fútbol mundial que sea más recordado que ese partido de Argentina frente a los ingleses y de Maradona frente a los ingleses. Aunque aquello que ocurre por primera vez muchas veces lo consideramos más relevante, aquí estamos ante algo absolutamente excepcional.

Jorge Valdano marcó uno de los 3 goles argentinos en la final ante Alemania en México 86.

Vozinha casi se llama Valdano

-¿Te enteraste que a Vozinha, el arquero de Cabo Verde, que nació un día después del 3-1 a Corea del Sur en el 86, cuando hiciste dos goles, le quiso poner Valdano?

-Me parece una perversión del padre que en el equipo de Maradona le quisiera poner Valdano. Evidentemente le interesaban los actores secundarios (se ríe). Pero no deja de ser una historia maravillosa del fútbol y de vida, en un mundial más reducido, más elitista, tal vez nunca hubiese tenido la oportunidad de conocer esa historia. Incluso ahora en donde la información viaja a una velocidad impresionante, terminan ocurriendo cosas que parecen increíbles.

Las primeras impresiones del torneo

-¿Qué análisis primario podés hacer de este mundial?

-Primero, que cada vez hay menos especialistas y más jugadores que a lo largo de un partido son capaces de desarrollar distintos roles. Vemos laterales que juegan de interior, delanteros que se tiran atrás y son capaces de darle fluidez al juego. Luego, el tema atlético cada vez es más evidente. El hecho de que haya tantos jugadores de ascendencia africana, no solamente en equipos africanos, sino en países como Inglaterra o Francia, hace que la parte atlética tenga cierto protagonismo. Salvo países como Portugal, España y Argentina, que viven más de la técnica y hasta del oficio y desde ahí son capaces de equiparar las diferencias físicas.

-¿Hay paridad o las selecciones tradicionales empezarán a imponerse?

-De los mundiales siempre se apoderan las selecciones clásicas. Creo que a medida que avance el campeonato eso se va a ir haciendo cada vez más patente. La experiencia juega mucho y aquellas selecciones que fueron campeonas, terminan sacando ventaja.

-¿Qué te parece esa experiencia de 48 selecciones?

-El nivel ha crecido pero para abajo. Lo normal es que sigamos viendo goleadas. Y seguramente el máximo goleador de este mundial saldrá con muchos más goles que los anteriores mundiales. El aumento me parece que está bien sociológicamente porque apasiona, más países se sienten involucrados, pero no redunda en beneficio de la calidad del campeonato. Y un Mundial lo que tiene que asegurar por sobre todas las cosas calidad

Foto: Fernando de la Orden

-¿Y la pausa de hidratación?

-En primer lugar, el cambio climático también ha llegado al fútbol y hay partidos que se juegan en temperaturas extremas. En segundo lugar, veo una gran contradicción en el hecho de haber ajustado el reglamento para hacer el juego mucho más fluido, en los saque laterales, en los saques de meta, en la atención a los jugadores, para luego parar tres minutos, que es prácticamente un tiempo más. Es una pausa en la que intervienen los entrenadores y sirve para invertir en el dominio del partido o para equilibrar el ritmo del partido, pero generalmente después de las pausas el partido deja de ser el mismo. Y eso modifica la idea tradicional que tenemos del fútbol, que es continuo y que no se puede partir por la mitad.

-¿Lo notaste algún partido en especial?

-Prácticamente en todos los partidos ha ocurrido. No conozco las estadísticas, pero creo que me darán la razón si digo que por lo menos aquel equipo que está siendo dominado, equipara el trámite o lo invierte.

-Este Mundial también está expuesto políticamente…

-Sí, bueno, como Irán, que tiene que vivir en México, me parece que es inadmisible, pero bueno, forma parte de una lógica mundial bastante descabellada a la que, desgraciadamente, nos estamos acostumbrando. En cuanto a términos sociológicos este mundial, por los flujos migratorios, nos hace ver multitudes que se sienten representadas por sus países, viviendo en sitios alejados. Ven en el mundial una posibilidad de abrazar su identidad. Por otra parte, es el primer mundial en donde más de 250 jugadores juegan en selecciones de países en los que no nacieron, Eso también es otro dato que nos ayuda a explicar el mundo en el que vivimos.

Foto: Fernando de la Orden

La mirada puesta en la Selección Argentina

¿Cómo la ves a la Selección Argentina?

-La veo madura, adulta, experta y con hambre. Dicho todo esto, como alguna vez me dijo el Gringo Ricardo Giusti, para ganar un Mundial se tienen que alinear los astros. Y bueno, todavía no sabemos si eso puede ocurrir. Por otro lado, están asomando rivales de cuidado. Inglaterra y Francia ya se han mostrado en este mundial con todo su poderío. Incluso alguna revelación como Estados Unidos que hasta ahora, en sus dos presentaciones, resultó deslumbrante. O por lo menos ha pedido que la tratemos con respeto. Hay mucho nivel, así que vamos a ver cómo se desarrolla.

-Hay que decir que en cada mundial hace las cosas un poco más lento y aún así nadie es capaz de desactivarlo. A pesar de que ahora la metodología tiene armas de sobra para analizar a un jugador y desactivarlo, con Leo no hay quien pueda. ¿Recordás al mago manco René Lavand? Viste que hacía un truco y lo iba repitiendo cada vez más lento y decía ‘¿no se puede hacer más lento?’ y lo hacía una y otra vez un poco más lento. Y lo repetía. Bueno, esa es la sensación que me da Leo. En cada Mundial está cada vez más lento y nadie le descubre los trucos. Eso me parece un milagro en este momento en donde el fútbol táctico y atlético prevalecen.

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