La ruta porteña de las mejores empanadas


Pocos platos de la cocina argentina despiertan tantas pasiones como la
empanada.
Cada provincia defenderá la suya y cada comensal defenderá la de su casa de empanadas
preferida, casi como un equipo de fútbol. Habrá grietas, por supuesto, que no sólo se dirimen en la
histórica salteña vs. tucumana:
huevo duro, aceituna, pasas de uva y hasta la, para muchos
herejía, de
cortarla con cuchillo y tenedor al plato.

No es un invento argentino: versiones de la empanada hay en todas las geografías y las cocinas y la
razón quizás está en la definición perfecta que da en su libro sobre el tema Pietro Sorba, crítico
enogastrónomico de Clarín: “Este pequeño cofre tan peculiar acompaña al hombre desde hace muchos
siglos
(…) Es una idea hija de solucionar varios problemas a la vez: ensamblar, conservar,
transportar,
vender, fraccionar, presentar y, por supuesto, comer de manera práctica y sin utensilios”.

No es un invento argentino, decíamos, pero terminó formando parte del ser nacional. Se pide en
las
juntadas con amigos, en la previa de los partidos, en los cumpleaños, se comen al paso compradas en un
kiosco de empanadas o se degustan a la mesa de un restaurante de lujo.

Buenos Aires es un muestrario de las empanadas, si no del mundo, al menos de esta parte. ¿Cuáles
son las
mejores? Difícil decirlo, porque en la elección entran varias variables y, volvemos al principio, el
gusto personal. Aquí, una guía un tanto arbitraria —como toda guía— en la que el lector
seguramente
podrá sumar las suyas de 10 de las mejores empanadas tradicionales que pueden probarse en la
Ciudad
.

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