La visita de León XIV a Luján: la basílica monumental que se construyó por una pequeña Virgen y por segunda vez recibirá a un Papa
La construcción de la Basílica Nuestra Señora de Luján fue toda una epopeya. Ya desde el inicio tuvo que sortear la crisis económica y financiera que se desató a fines de la década de 1880 en el país y sobreponerse a las diversas polémicas que desató: por su emplazamiento, una zona cercana al río e inundable, por el costo de una obra que iba a ser monumental, por la falta de piedra adecuada y mano de obra capacitada para la construcción. Incluso críticas por su estilo neogótico.
Pero la obra se puso en marcha pese a todo porque el objetivo central era dotar de una residencia definitiva a la imagen de la patrona oficial de la Argentina, el símbolo máximo de la fe católica y de la identidad popular del país. Todos los años, más de un millón de personas llegan en peregrinación hasta Luján y este octubre -con la visita del Papa León XIV al país ya confirmada- hubo 2,8 millones de peregrinos y peregrinas.
Hito urbano visible a kilómetros de distancia, recrea la tipología de las más grandes y famosas catedrales del mundo. Su distribución -en forma de cruz- resume la planta canónica del gótico clásico francés. Con más de 100 metros de largo y un tramo transversal de casi 70 metros de ancho, está precedida por dos torres gemelas monumentales, coronadas por cruces de hierro. En un segundo plano, difícil de ver desde el nivel del suelo, una torre de cobre se alza sobre el Altar Mayor e indica la ubicación de la virgen.
Plagada de detalles ornamentales -gárgolas, pináculos, arbotantes, cresterías- toda esta mega estructura cobija en su interior a la mítica figura de terracota de la Virgen María. La “virgencita” de Luján, de tan sólo 38 centímetros.
Proyectada por el ingeniero y arquitecto francés Ulrico Courtois, junto a un equipo liderado por el arquitecto belga Ernesto Moreau, la obra concluyó más de 40 años después de la colocación de la piedra fundamental. Es Monumento Histórico Nacional desde 1998 y entre 2003 y 2021 fue sometida a un enorme plan integral de restauración y puesta en valor. Por fuera y por dentro, la joya arquitectónica definitiva de la llanura pampeana.
¿La Notre Dame parisina de Argentina? No, precisamente. Más bien una síntesis tipológica inspirada en otras dos basílicas francesas, de estilo gótico: la de Reims (del año 1211) y la de Chartres (de 1194).
Como se dijo, Jorge María Salvaire fue un personaje central en la construcción de la Basílica; junto a quien fue el arzobispo de Buenos Aires, Federico León Aneiros.
Foto: Secretaría de Cultura.En una época de crisis en la fe cristiana, con cambios de organización civil trascendentales -se crea el Registro Civil y se legisla sobre la educación laica, entre otras cosas-, Salvaire entendió que el país necesitaba esta obra monumental. Pese a la crisis económica y a las críticas, lograron lo que se propusieron: que los feligreses sostuvieran la construcción, sin pedir un sólo peso al gobierno nacional y provincial.
Por supuesto, sí hubo una intervención estatal que simplificó la logística. Por ejemplo, con la construcción de una estación de trenes que se montó cerca de la basílica (que luego se desmontó) y obras de mejoramiento en el cauce del río.
La Basílica de Luján se prepara para recibir al papa León XIV. Fotos: Emmanuel Fernández
Como ocurría con la construcción de las residencias y palacios porteños, muchas de las piezas que se pueden ver en la basílica llegaron desde Europa en barco y luego en tren. Entre otras partes, los mármoles de Carrara y el carillón de 13 campanas de Milán (Italia), los vitrales de Burdeos y el órgano monumental de la famosa firma Cavaillé – Coll (Francia), y los relojes ingleses de las torres.
Los detractores del estilo neogótico que impulsaba Salvaire, aseguraban que no era posible la construcción ya que en la zona no había piedras (el material base de la gran mayoría de las catedrales europeas). La construcción entonces se llevó a cabo con ladrillos.
Esta necesidad de ladrillos hizo crecer a su vez la ciudad, porque se instalaron fábricas y cada vez más familias; es decir, que no sólo se necesitaban ladrillos para la basílica sino también para las casas de los trabajadores.
De todas maneras, hay partes realizas en piedra, que llegaron desde canteras ubicadas en Tandil y en las provincias de Entre Ríos y de San Luis.



Fotos: Emmanuel Fernández
La figura fue realizada en 1630, en San Pablo, Brasil.
Es de terracota y mide sólo 38 centímetros.
En 1750, para diferenciarla de otras imágenes, se le coloca un vestido blanco con un manto celeste.
Luego se termina de darle su impronta única con los escudos de Argentina, Paraguay y Uruguay a sus pies y los rayos de luz divina asomando desde su espalda.
La historia documentada por el culto católico revela que la imagen de la Virgen fue realizada en San Pablo, Brasil, en 1630. Es de terracota -barro cocido- y tiene 38 centímetros de alto.
Fue un portugués, Antonio Farias de Saa, hacendado en la actual Santiago del Estero, quien encargó una imagen de la virgen para colocarla en una capilla que iba a construir en su estancia. Finalmente se trasladaron dos virgencitas.
Llegaron por mar desde la ribera paulista hasta Buenos Aires. Ya en tierra, comienza el traslado hacia el norte en carretas. La expedición se detuvo en una estancia a orillas del Río Luján y aquí se dio el milagro: al otro día los bueyes no pudieron mover el carro. Los troperos interpretaron que una de las vírgenes tenía que permanecer en el lugar, mientras la otra continuó camino hacia su destino final en Santiago del Estero.
Como hay muchas imágenes similares, en 1681 se le coloca un vestido blanco, con un manto celeste. Así se logró distinguirla de otras figuras. Muchos años después vendría el manto triangular (tipo poncho) y a principios del 1900 se le coloca una coraza de plata que evita el roce con la arcilla y permite el cambio de ropajes sin alterar a la escultura.
Jorge María Salvaire -un hombre central en la historia de la Basílica- sumó otro distintivo para continuar aumentando el aura de la virgencita: le agrega los escudos de Argentina, Paraguay y Uruguay sobre una medialuna ubicada a los pies. Y apareciendo desde su espalda, los rayos de luz divina.
Y a lo largo de los años, el ritual para cambiar ese vestido fue cambiando. Porque antes se hacía de manera privada, y a partir de 1998 se decide hacerlo público. Todos los 8 de mayo, en la misa de las 19, se le saca el manto viejo y se le coloca uno nuevo.
Hasta 2002, el vestido se destinaba a otra virgencita. Pero luego se introduce otro giro que volvió masiva la ceremonia del cambio de ropas: el manto usado se corta en pequeños trocitos y se colocan en estampas que se reparten en la misa del 8 de mayo.
El 15 de mayo de 1887 se considera el día 1 de esta basílica, cuando se coloca la piedra fundamental. Para esa época también se entierra una cápsula del tiempo, que se encuentra ubicada debajo del altar mayor.
Tanto la grandilocuencia del neogótico, como el costo e incluso la ubicación fueron en su momento motivo de un intenso debate. Pero para Salvaire y el arzobispo de Buenos Aires, Aneiros, no existía ni una sola chance de modificar el sitio de implantación.
Foto: Secretaría de Cultura.Si bien muchas cosas cambiaron en torno a la imagen de la virgen a lo largo de estos casi 400 años, su ubicación se mantuvo inalterable. Uno de los motivos fue el compromiso que la iglesia asumió con Ana de Matos y Encinas, donante de las tierras donde se asentó la primera capilla con la imagen de la virgen.
Alejada unos metros de la ribera del río, estas tierras aseguraban un mayor resguardo a la figura de esta virgen que desde el minuto cero de llegar a Luján generó una gran devoción.
A la capilla la continuó un templo de estilo colonial que mandó a construir Juan de Lezica y Torrezuri, un noble vasco, comerciante y alto funcionario de la Corona española en el Río de la Plata; fue además fundador de Luján como municipio autónomo.
Cuando se decide la construcción de la basílica actual ocurre algo muy curioso: el templo colonial nunca cerró sus puertas, continuaba recibiendo fieles y peregrinos. Es decir que quedó operativo mientras a su alrededor, y por encima, avanzaba la obra.
De esta manera se garantizó también la continuidad de las misas. La demolición del templo colonial arrancó en 1904 y sus escombros sirvieron para construir las bases de la actual basílica.
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Fotos: Emmanuel Fernández
Solo tres salidas en 400 años
Hubo tres momentos en los que la imagen de la virgen dejó por un rato el Altar Mayor de Luján. Una de esas oportunidades fue en 1955, durante la etapa conocida como “Revolución Libertadora”.
Meses antes de que ocurriera el golpe de estado contra el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón (esto ocurrió en septiembre de 1955), hubo una escalada de confrontación, tensiones políticas y violencia en las calles que derivó en la quema y saqueo de iglesias, sobre todo en el Area Central.
En Luján se encendieron las alarmas por el valor simbólico de la virgen; y sobre todo porque hubo una amenaza de atentado contra el santuario. Fue así que se decidió mover la imagen de la virgen por primera vez en la historia.
Se la reemplazó por una réplica y la imagen original fue trasladada a una casa, en un campo cercano a la basílica, donde quedó a resguardo de una familia.
Unos años después, con motivo de la realización de lo que fue un evento religioso multitudinario -Gran Misión de Buenos Aires-, se la trasladó a una misa.
Y la última y tercera vez en 400 años fue durante la visita de otro Papa: Juan Pablo Segundo.
Juan Pablo II visitó Luján en 1982. Fotos: Santuario de Luján / Archivo Clarín
Como se sabe, Juan Pablo II estuvo dos veces en Argentina, en 1982 y en 1987. En su primera visita estuvo en la Basílica de Luján, pero en la segunda no; en su apretada agenda de actividades no estaba contemplado. Así que se decidió entonces que la virgen fuera trasladada hasta las inmediaciones del Monumento a los Españoles en donde en Pontífice estaba por dar una misa multitudinaria. Así se reencontró con la venerada imagen de la virgen de Luján.
Agradecimientos: la nota fue producida en base al trabajo documental realizado por el Departamento de Turismo del Santuario y Basílica Nuestra Señora de Luján. Con agradecimiento especial a su director, Leonardo Ferrari. Y datos del documento “La Basílica Nacional de Luján: el proyecto de su construcción (1887-1890)”, de Juan Guillermo Durán para la Universidad Católica Argentina (UCA).
Visitas: El departamento de Turismo de la basílica se encuentra a cargo de las visitas guiadas, que se organizan todos los días, incluso los feriados. Hay cinco circuitos: visita a la cripta, a la cripta y al museo, ascenso estándar (hasta la Galería A Giorno, a 32 metros de altura), ascenso premium (visita al órgano mayor y a los techos de la basílica) y Mirador 360 (se llega hasta el campanario y hay una degustación de productos regionales). Los costos van desde los $13.000 a los $66.500. Sólo se necesita reserva para la experiencia Mirador 360, pero conviene escribir al Whatsapp (+54 9 2323 533211) para chequear la disponibilidad y tener información más detallada. En Instagram: @turismo_basilicadelujan y



