Mariana, cuidadora venezolana en España: “En mi país era maestra, ganaba 500 dólares al mes, aquí gano 1.400 euros en 8 horas y no tengo que trabajar en mi casa”

España cerró el año 2025 con una cifra histórica de más de tres millones de trabajadores extranjeros afiliados a la Seguridad Social. Detrás de este dato estadístico existe una realidad diaria para miles de personas formadas en diversas profesiones académicas.
Médicos, docentes, ingenieros y abogados que llegan al territorio europeo asumen puestos en áreas de servicios, hostelería o tareas domésticas ante las trabas para validar sus títulos universitarios.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ubica a España entre las naciones del continente con mayor índice de sobrecualificación en su población inmigrante. Sin embargo, la brecha de ingresos con América Latina provoca que estos empleos, aunque exijan menor cualificación, ofrezcan una retribución económica mucho más alta que los puestos profesionales en sus países de origen.
Este es el panorama que experimentó Mariana, una joven maestra de Venezuela que decidió dejar su tierra natal para buscar un nuevo rumbo en Madrid.
En su país de origen, la joven ejercía la docencia, una tarea de enorme peso social pero con escaso reconocimiento financiero. Su jornada oficial era de ocho horas, pero la realidad la obligaba a dedicar tiempo extra en su hogar para la planificación de clases y la corrección de tareas escolares. De este modo, su esfuerzo diario superaba por mucho el límite de su contrato de trabajo.
A la excesiva carga de tareas se sumaba una remuneración precaria, que rondaba entre los 400 y los 500 dólares mensuales. Sus ingresos mensuales se dividían en dos partes: una fracción en moneda local y otra mediante bonificaciones en divisas que carecían de respaldo legal.
“Ganaba una parte en bolívares y una parte en dólares. Los dólares evidentemente estaban sujetos a bono y no tenían ningún tipo de seguridad social ni reflejaba nada en eso”, explicó Mariana en una conversación con un entrevistador.
A pesar de que Mariana cuenta con la nacionalidad española, el proceso de inserción laboral en Madrid no resultó tan sencillo como proyectó en un inicio. “Vine con la idea de que tener los papeles era ‘tengo los papeles y todo va a salir bien’, solo porque ya soy española”, relató la joven.
Su primera ocupación en la capital española consistió en el cuidado de menores bajo la figura de au pair, una modalidad que demanda labores domésticas a cambio de hospedaje y un pago escaso. “Es como una niñera pero a la que se le paga muy mal”, comentó la maestra con humor al recordar sus primeros pasos en el mercado de trabajo madrileño.
Con el paso del tiempo, su suerte laboral cambió de forma favorable y encontró trabajo como cuidadora. En esta nueva etapa, Mariana valora de manera especial la conquista de su tiempo libre, algo que resultaba imposible en su etapa como docente venezolana. La tranquilidad de cerrar su jornada al cumplir su horario laboral constituye su mayor logro en este cambio de vida.
La diferencia de ingresos y de condiciones de trabajo es notable para la joven. “Hoy en día trabajo ocho horas de verdad, o sea, y no tengo que trabajar en mi casa, y gano 1.400 euros al mes”, afirmó Mariana.
La experiencia de esta inmigrante sirve de inspiración para quienes evalúan la posibilidad de emprender un viaje similar. Mariana aconseja asumir el proceso de migración con una preparación psicológica fuerte y con absoluta responsabilidad legal. “Que lo disfruten, que disfruten cada parte del proceso. Es difícil disfrutar cuando todo es trabajo, cuando uno está triste, pero incluso el haber disfrutado la tristeza luego le da más valor a los momentos alegres”, concluyó la joven.



