Se estrena Alicia en el país de las maravillas, en el Colón: un ballet que para algunos es una herejía y está pensado para un público mayor que el de los aficionados

¿Pueden imaginarse un espectáculo de ballet que necesita que haya detrás del escenario la misma cantidad de gente -técnicos, utileros, peinadores, iluminadores, maquilladores y asistentes de vestuario- que bailarines en escena? Es lo que ocurrirá en Alicia en el país de las maravillas, una obra que el Ballet del Colón, dirigido por Julio Bocca, estrena este jueves 16 de julio.

La célebre novela del Lewis Carroll publicada en 1865, fue adaptada por el coreógrafo, también británico, Christopher Wheeldon. Su Alicia debutó en Londres en 2011 con el Royal Ballet de esa ciudad. La obra se representó luego en varias de las grandes compañías internacionales y es la primera vez que llega a la Argentina.

Toda el área esceno-técnica del Teatro Colón lleva ya una buena cantidad de tiempo inmersa, con vistas a este estreno, en una actividad frenética. Sumados a los sesenta intérpretes que el público tendrá a la vista, habrá atrás y simultáneamente el mismo número de personas no visibles pero que tienen un papel esencial en esta puesta de Alicia en el país de las maravillas.

Verónica Camara es jefa de la sección de técnica de realización del departamento de Escenotécnica del Teatro Colón. En una breve charla, anticipa, que no podrá ser muy explícita respecto del montaje: el propio público es quien tiene que sorprenderse con ese cofre mágico que se abrirá ante sus ojos.

La producción que utiliza el Teatro Colón no es la original del Royal Ballet de Londres, sino una posterior del Ballet Real Danés. ¿El motivo?: “Nuestro escenario tiene el mismo declive -explica Verónica- que el del Teatro Real de Dinamarca y por lo tanto era la producción que mejor se adaptaba”.

Agrega: “La suma de técnicas para lograr reproducir el carácter fantástico de la historia de Alicia, es mucho más difícil en un teatro que en el cine o que en una película de animación como la famosa versión de Walt Disney”.

La puesta en escena combina el video, la iluminación, la coreografía y la música. Apelando exclusivamente a técnicas teatrales, se producen efectos mágicos, como el momento en que el personaje de Alicia se empequeñece o se vuelve gigantesca o cae en el pozo del Conejo Blanco. Todas estas situaciones exigen una gran velocidad y un gran dinamismo y aunque se utilizan recursos tradicionales, la luz y el video logran que en pocos segundos se produzcan los efectos necesarios. Son ilusiones ópticas -así lo describe Verónica- en un relato muy dinámico.

El equipo del Teatro Colón tuvo que estudiar muy puntillosamente ciertas partes del video para ver cómo realmente lo habían logrado los especialistas de las producciones previas.

los personajes de "Alicia en el país de la maravillas", como el Conejo blanco, subirán este jueves 16 de julio al escenario del Colón. Pero también habrá algunos que no están en la obra original. Foto: Patricio Cortés

La escenografía no es especialmente compleja. Lo complejo es el trabajo de asistir a lo que ocurre en la escena, una sincronización que tiene que ser perfecta. En la danza, la orquesta sigue el movimiento de los bailarines, exactamente lo contrario que en la ópera: son los cantantes los que siguen la batuta del director. En Alicia… ni una cosa ni la otra: el que conduce es el video. Pero hay que aclarar que el video ayuda a configurar el relato de la coreografía; ni lo completa ni lo reemplaza.

Por otra parte, hay efectos espaciales que ocurren en la misma sala; es decir, que intervienen fuera de la caja escénica.

Finalmente, los cambios de vestuario, maquillaje, peinados y pelucas son tan veloces que detrás del escenario habrá instalados cuatro de lo que se conoce como “camarines volantes”, camarines provisorios que por la rapidez de los cambios es preciso que estén muy cerca de la escena.

El creador de esta Alicia

Christopher Wheeldon es un artista grandemente reconocido en el paisaje del ballet contemporáneo, es decir de esa corriente de la danza del siglo XX que heredó la tradición del ballet clásico, pero le sumó otros elementos.

Su formación fue rigurosamente académica: cuando tenía once años ingresó en la escuela del Royal Ballet de Londres. Describe estos estudios como “duros, competitivos, estrictos, pero brillantes en sus fundamentos: “Estaba lejos de casa a los 11 años (nota: Wheeldon nació y creció en el condado de Somerset, en el extremo sudoeste de Inglaterra), y eso fue extremadamente difícil; pero estaba con otros chicos que amaban lo mismo que yo. Las lágrimas de la nostalgia pronto fueron reemplazadas por el enfoque y el impulso hacia la perfección”.

La danza lo había atraído muy tempranamente y de manera espontánea: “Vi un ballet por televisión y les pregunté a mis padres si podía bailar así. Me inscribieron en una clase local, el único varón entre muchas niñas, en un centro comunitario de mi pueblo. Me encantó desde el primer momento”.

Su transición de bailarín a coreógrafo fue sumamente fluida. El New York City Ballet, la gran compañía creada por George Balanchine, le ofreció el puesto de coreógrafo residente, con una gran libertad para crear una obra nueva. Lo recuerda como un regalo enorme para alguien que como él tenía en aquel momento apenas 29 años.

Varias de sus obras más conocidas tienen un origen literario o al menos narrativo, como Cuento de invierno, basada en Shakespeare, o el ballet inspirado en la vida de Oscar Wilde o la misma Alicia…

El equipo creativo de "Alicia en el país de las maravillas". Gaby Herbstein Christopher Wheeldon Joby Talbot y David Briskin. Foto: Juanjo Bruzza

-¿Le interesan otras fuentes como punto de partida para una obra de danza?

-Por supuesto; creo obras a partir de todo lo que capture mi imaginación. Hice ballets inspirados en viajes, en la pintura, en la poesía o en la muerte.

-¿Qué lo atrajo de la novela de Lewis Carroll como base para un ballet?

-Me inspiré en Alicia desde chico: escuchaba para dormirme unos casetes que relataban el cuento y era como una manta de protección nocturna para mí. También teníamos en casa una primera edición de la novela, un verdadero tesoro familiar.

Músicos que no entran en el foso

Una semana antes del estreno de Alicia… llegaron a Buenos Aires Christopher Wheeldon y Joby Taylor, autores, respectivamente de la coreografía y la música de esta obra que, aun antes de verla, sabemos que posee unas dimensiones sin precedentes. Todo el montaje previo, a lo largo de varias semanas, fue hecho por Jillian Vanstone, colaboradora de Wheeldon desde hace largos años y en estos días el coreógrafo se ocupa de ajustar todos los innumerables detalles que conlleva la puesta en escena.

En la conferencia de prensa organizada en el Teatro Colón con ambos creadores, Wheeldon y Taylor aportaron muchos datos sobre este ballet fuera de norma.

Joby Taylor se refirió a la partitura, que escribió para una orquesta más numerosa de lo habitual: setenta y cinco instrumentos, varios poco conocidos y que como no caben todos en el foso -justamente- de la orquesta, algunos de ellos estarán ubicados en otros lugares de la sala.

Una gran puesta, Lo que se espera de "Alicia en el país de las maravillas". 60 personas en escena y 60 más en el backstage. Los músicos, 75, no entran en el foso, por lo que habrá algunos distribuidos por la sala. Foto: Patricio Cortés

Cuenta Talbot: “En el principio, para mí estuvo claro que había muchos estilos en juego en esta obra. Incluso, hay una especie de pastiche Tchaikovski en un momento dado, pero tuve que traer muchas referencias y muchas ideas de distintos lugares para crear la partitura”.

“Estudié composición y escribo música clásica, pero también escribí para el cine y la televisión, donde el trabajo es muy distinto. Por ejemplo, la obra cuenta una historia y su música tiene que lograr que el público entre en la mente de un determinado personaje, para después sacarlo de allí y que vuelva a engancharse con la historia principal”.

Wheeldon, aunque recurre principalmente al vocabulario del ballet clásico, también utiliza otros lenguajes de danza; por ejemplo, el tap, que es ejecutado por el personaje del Sombrero Loco y que tuvo en la producción original un bailarín que también dominaba este estilo.

Dice: “Cada vez que montamos Alicia con nuevas compañías preguntamos, desde seis meses, antes si cuentan con intérpretes que conozcan el tap. Si no, tienen que aprender a hacerlo. Afortunada y sorprendentemente, en el Ballet del Colón no hay sólo uno sino tres bailarines que hacen tap” (Nota: habrá tres repartos distintos de “Alicia” a lo largo de las diez funciones).

Aunque sin duda alguna este ballet se basa en el extraordinario relato de Lewis Carroll, Wheeldon introdujo elementos propios: en la primera escena se muestra una merienda al aire libre en la que participan la propia Alicia Lidell “real” -no la del sueño-, su padre y su madre, sus hermanas, el propio Carroll y un personaje que en el libro no existe: el hijo del jardinero, con el que Alicia entabla una pequeña e incipiente historia de amor.

Todos estos personajes se verán duplicados en el País de las maravillas: los padres serán el Rey y la Reina de corazones y Lewis Carroll, el Conejo Blanco.

Mucho color, en la puesta de "Alicia en el país de las maravillas", en el Colón. Foto: Patricio Cortés

Algunas personas consideraron que Wheeldon había cometido una herejía al crear un espectáculo que no puede etiquetarse sencillamente como “ballet”, porque contiene muchos otros ingredientes: “Pero yo tengo también un recorrido en el género de la comedia musical y estoy seguro de que Alicia... puede atraer a un público enormemente más amplio que el de los aficionados al ballet”.

Joby Taylor cerró con una anécdota muy simpática: “Para mí, como para todos los británicos, Alicia en el país de las maravillas es parte de nuestra identidad nacional. Y cuando empecé a componer la música, lo hacía en un café que luego me di cuenta de que se llamaba ‘El Conejo Blanco’”.

“Y luego me mudé a los Estados Unidos y me instalé en un pueblito cuyos senderos peatonales tenían como nombres los personajes de la historia de Alicia. Entonces me di cuenta de que este relato está en todas partes”.

Información

Alicia en el país de las maravillas se estrena este jueves 16 de julio a las 20. Habrá funciones hasta el 26 de julio en distintos horarios en el Teatro Colón, Libertad 621 (ver teatrocolon.org.ar),

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