Sun Tzu, filósofo chino: “Si haces que los adversarios no sepan el lugar y la fecha de la batalla, siempre puedes vencer”

Desde tiempos inmemorables, el “efecto sorpresa” se utiliza como estrategia en diferentes ámbitos de la vida. Como suele ocurrir con los grandes postulados filosóficos, algunos mantienen una asombrosa vigencia, e incluso resultan aplicables al mundo actual. Ese es el caso de la obra de Sun Tzu, estratega militar y filósofo de la antigua China.

A Sun Tzu se le atribuye históricamente la autoría de la obra clásica El arte de la guerra, considerado el tratado de estrategia militar y filosofía del conflicto más antiguo e influyente del mundo.

Quién fue Sun Tzu, el misterioso estratega militar de la antigua China

Algunos historiadores dudan si lo creó en completa soledad, o tuvo la colaboración de sus discípulos, pero hay jun aval general sobre la prosa, propia del general y táctico militar, que coincide con otros de sus trabajos.

Como estratega militar del reino de Wu durante el periodo de las Primaveras y Otoños (siglo V a. C.), pasó a la historia por sus victorias operativas y por sistematizar la doctrina bélica antigua.

Sus pensamientos trascendieron más de dos milenos y se convirtió en una obra clásica de cabecera de la filosofía oriental. En Japón fue una lectura fundamental para los samuráis y forjó líderes históricos que se alinearon a su gestión estratégica.

Incluso hay una estatua de Sun Tzu en la ciudad japonesa de Yurihama, más precisamente en el Jardín Chino Encho-en, en la prefectura de Tottori.

El parque Encho-en fue inaugurado en 1995 como un símbolo de amistad, hermandad y cooperación cultural entre la prefectura de Tottori y la provincia china de Hebei.

La estatua de Sun Tzu sostiene en su mano un libro enrollado en tablillas de bambú, tal como encontraron "El Arte de la Guerra". Foto: Wkipedia Dominio Público/663highland

La figura lo representa sosteniendo en su mano un libro enrollado, que simula las antiguas tablillas de bambú en las que se descubrió El arte de la guerra. Se cree que fue escrito hace 2.500 años.

Los historiadores creen que escribió sus obras en los siglos VI y V a. C., pero los detalles de su vida siguen siendo un absoluto misterio. El nombre por el que es conocido se debe a un título honorífico, que significa “Maestro Sun”.

A diferencia de otros estrategas que se enfocaban en la fuerza bruta o el número de tropas, el pensamiento de Sun Tzu incluso consideraba la opción de ganar sin combatir.

Someter al enemigo sin necesidad de presentar batalla era la cúspide de la habilidad estratégica, según este pensador. Además postuló la famosa premisa: “Si conoces al adversario y te conoces a ti mismo, no se debe temer el resultado de cien batallas”.

El valor de la información, según “El arte de la guerra”

El arte de la guerra, la obra fundamental de Sun Tzu, es un tratado compuesto por trece capítulos que analiza los principios fundamentales de la estrategia.

Con el tiempo surgieron otras interpretaciones de sus enseñanzas y fueron aplicadas por fuera del campo de batalla. En el mundo empresarial se toma como referencia para diferentes situaciones de liderazgo corporativo, a la hora de la toma de decisiones, la negociación y la resolución de conflictos.

Representación de Sun Tzu, filósofo chino, en una imagen generada por IA Magnific.

De forma más llana y terrenal, sus principios suelen traerse a colación en cualquier instancia en que el ser humano compita contra otro. La incertidumbre; la manipulación de la información como un activo tangible; y la gestión de las propias debilidades y fortalezas, son algunos de los temas que aborda la obra.

“Si haces que los adversarios no sepan el lugar y la fecha de la batalla, siempre puedes vencer”, es una de las conceptos que evoca en el Capítulo VI, “Sobre lo lleno y lo vacío” (también llamado “Puntos débiles y puntos fuertes”).

En este capítulo, Sun Tzu analiza la ventaja de controlar el terreno, el tiempo y la información para dividir las fuerzas del enemigo. Introduce “la información” como un activo intangible, ya que quien la domina puede tener una ventaja decisiva.

“El enemigo no debe saber dónde ni cuándo pretendo presentar batalla. Si no sabe dónde voy a combatir, deberá prepararse en muchos lugares diferentes; y si se prepara en muchos lugares, las tropas que tendré que enfrentar en cualquier punto serán pocas”, argumentaba.

El arte de la guerra, obra clásica de Sun Tzu. Foto: Archivo Clarín

“Si uno conoce el lugar y la fecha de la batalla, sus tropas pueden marchar y reunirse en el campo; pero si no se conoce ni el terreno ni el día, la izquierda no podrá ayudar a la derecha ni la vanguardia a la retaguardia”, manifestaba.

Al no saber dónde ni cuándo, el enemigo se veía obligado a dispersar sus recursos y defensas en múltiples frentes, mientras que el general Sun Tzu reunía las fuerzas propias en un solo punto y finalmente alcanzaba superioridad numérica para asegurar la victoria.

El arte de la “no-definición” en una sociedad hiperconectada

Aquellos conceptos trascienden el ámbito militar y suelen aplicarse como metáfora sobre el control de la atención, la impredecibilidad y la soberanía interna.

En una sociedad hiperconectada, “el lugar y la fecha de la batalla” representan la previsibilidad de nuestras reacciones y decisiones, donde el arte de la no-definición, también llamada “fluidez“, resulta difícil de alcanzar.

En línea con el taoísmo, la base filosófica del pensamiento de Sun Tzu, mantenerse indefinido como el agua, que no tiene forma fija., tiene un sustento teórico de preservación. Si no nos encasillamos en una postura rígida o predecible, será más complejo para el enemigo anticipar o neutralizar nuestros movimientos.

Sin embargo, vivimos en una era digital donde la información circula constantemente en caudales inmensos y hay un acceso global a esa información.

En cualquier tipo de negociación, ya sea en la propia casa, en una entrevista de trabajo, o en cualquier otro ámbito, el nivel de información que dispongan las partes enfrentadas puede favorecer a uno o a otro y cambiar el curso de los resultados.

Aunque hayan pasado 2.500 años, la duda y la incertidumbre siguen siendo dos factores a los que nadie es inmune, tal como explicaba la filosofía de Sun Tzu.

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