Lo que le hace bien al corazón también protege al cerebro: 7 claves de un experto para reducir el riesgo de deterioro cognitivo
La conexión entre la salud del corazón y el cerebro está bien acreditada por la evidencia científica. Es que el cerebro se alimenta a través de los vasos más importantes del cuerpo y el corazón es el encargado de bombear la sangre para que llegue hasta él.
La aterosclerosis (la acumulación de grasas, colesterol y otras sustancias en las paredes de las arterias) y las enfermedades y condiciones asociadas (hipertensión, colesterol elevado, diabetes, tabaquismo, sedentarismo) complican ese flujo y suelen coexistir en muchos casos con la demencia en personas de edad avanzada (que es también un factor de riesgo para la aparición de ambas).
Por eso es muy probable que una persona de 70 u 80 años con Alzheimer tenga, además, patología cardiovascular.
Y también por eso es que las mismas decisiones relacionadas con el estilo de vida que reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares (y no solo cardiovasculares, sino también diabetes y cáncer) pueden además reducir el riesgo de deterioro cognitivo.
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Así lo explica el neurólogo cognitivo Bryan Woodruff, de la Clínica Mayo (Arizona, Estados Unidos), en un artículo de divulgación difundido por la institución, en el que aborda los cambios en el estilo de vida que favorecen la salud cardíaca, cerebral y la salud en general, que están íntimamente conectadas.
“Es posible que haya oído que la enfermedad de Alzheimer está causada, en parte, por la acumulación de placas de beta amiloide y proteínas tau anómalas en el cerebro. Aunque esto es cierto, es probable que también intervengan otros cambios cerebrales”, precisa Woodruff.
Y añade que cuando los científicos examinan los cerebros de personas con enfermedad de Alzheimer después de su muerte, “encuentran algo más que placas y ovillos neurofibrilares”.
¿Qué es lo que hallan en esos estudios? Con frecuencia, una acumulación de grasas, colesterol y otras sustancias en los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro. Sumado a evidencias de accidentes cerebrovasculares (ACV) microscópicos, también denominados microinfartos cerebrales.
A diferencia de los ACV de mayor magnitud (aquellos que se presentan con síntomas como caída de una parte del rostro, entumecimiento corporal, dolor de cabeza intenso no sentido nunca antes y dificultades para hablar), los accidentes cerebrovasculares microscópicos son silenciosos.
Y a medida que se producen más de estos episodios, el tejido cerebral puede verse privado de oxígeno y nutrientes. Esa acumulación de alteraciones microvasculares puede afectar la velocidad del pensamiento, haciéndolo más lento, y generar dificultades para concentrarse.
Decisiones que ayudan a reducir el riesgo
“El cerebro, al igual que cualquier otro órgano del cuerpo, depende del sistema cardiovascular”, apunta Woodruff. Y a raíz de esa íntima conexión es que aquello que beneficia al corazón también protege el cerebro.
En el artículo difundido por Clínica Mayo, el neurólogo recuerda pautas clave para obtener este doble beneficio para el corazón y el cerebro.
Bryan Woodruff es neurólogo cognitivo de la Clínica Mayo de Arizona. Foto CM.Controlá los factores de riesgo cardiovascular
Tratá los niveles elevados de glucosa en sangre y colesterol, y la hipertensión arterial. No fumes ni consumas productos de tabaco. Mantené un peso saludable. “Cuanto antes se aborden estos factores, mayor será el beneficio para el cerebro”, dice Woodruff.
Seguí una alimentación cardiosaludable
El énfasis de la dieta mediterránea en un alto consumo de verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, pescado y aceite de oliva virgen extra puede favorecer la salud cerebral al ayudar a controlar la grasa corporal y la inflamación crónica.
Dormí lo suficiente
Una investigación relacionó el insomnio con el deterioro cognitivo. Además, dormir mal también puede aumentar el riesgo de otras enfermedades que afectan a la cognición, como la hipertensión arterial y la diabetes.
Los especialistas aconsejan que dormir entre 7 y 9 horas por la noche. Y destacan que no solo importa la cantidad del sueño, sino la calidad.
Mantené relaciones sociales
Se cree que las relaciones sociales benefician al cerebro de múltiples maneras. Los estudios sugieren que la interacción social desencadena la liberación de sustancias químicas como la serotonina y la dopamina, que mejoran el estado de ánimo y la actitud ante la vida, precisa el neurólogo.
Y añade que las relaciones sociales también pueden favorecer la formación de nuevas conexiones entre las células nerviosas.
Tratá la pérdida de audición y visión
¿La razón? “Si no podés ver ni oír adecuadamente lo que ocurre a tu alrededor, te resultará más difícil comunicarte y mantener una vida social activa. Estas funciones sensoriales son fundamentales para la forma en que pensamos y en que interactuamos con el mundo”, afirma Woodruff. Y añade: “Si no lo ves o no lo oís, no podés codificarlo ni recordarlo.”
Evitá el uso crónico de sedantes
Algunos medicamentos utilizados para tratar el dolor, el insomnio y otras afecciones pueden dificultar el pensamiento, ralentizar el tiempo de reacción y provocar somnolencia, explica.
“Si no estás seguro de los efectos secundarios de los medicamentos que tomás habitualmente, consultá con un médico, que podrá revisar tu tratamiento y sugerir alternativas”, aconseja.
Hacé ejercicio
El ejercicio físico y la actividad mental pueden beneficiar la salud cerebral. Un amplio estudio observó que las tasas de deterioro cognitivo eran dos veces más frecuentes entre las personas sedentarias.
Y mantener la mente activa mediante actividades que resulten agradables, especialmente probando cosas nuevas, también puede ayudar a ejercitar el cerebro.
“Cuando te enfrentás al reto de aprender algo nuevo, el cerebro crea nuevas conexiones entre las células nerviosas. Los expertos creen que, si se adquieren continuamente nuevas habilidades y conocimientos a lo largo del tiempo, estas redes de conexiones neuronales crean una reserva cognitiva, algo así como los ahorros en una cuenta bancaria”, grafica Woodruff.
No obstante, aclara que “la reserva cognitiva no significa que uno sea inmune, pero proporciona cierto margen de protección frente a un problema neurodegenerativo”.
Beneficios que van más allá
Según Woodruff, nunca es demasiado tarde para introducir cambios en el estilo de vida que protejan y mejoren la salud cerebral.
Y concluyó con un consejo que les da a todos sus pacientes, independientemente de la gravedad de su deterioro cognitivo: que cuiden su salud de forma integral. “Lo que es bueno para la salud en general también es bueno para el cerebro”, insistió.
Es que aunque se solía decir que lo que le hace bien al corazón le hace bien al cerebro, las investigaciones dan cuenta de que el beneficio va mucho más allá y permiten decir que lo que le hace bien al corazón le hace bien a todo el cuerpo.
Así lo concluyó una reciente revisión de casi 500 estudios publicada en JAHA, la revista de la Asociación Americana del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés), que encontró que los adultos con buenos indicadores de salud cardíaca estaban más sanos en general, lo que se traducía en menos riesgo de demencia, enfermedades oculares, pérdida de audición, depresión y cáncer.
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