Misery, una obra siniestra y perturbadora sobre cómo la admiración se transforma en obsesión y posesión

Misery, una de las novelas más perturbadoras del prolífico Stephen King, regresó a los escenarios con Julia Calvo y Juan Gil Navarro bajo la dirección de Manuel González Gil. Casi cuatro décadas después de su publicación y tras una adaptación cinematográfica convertida en un clásico gracias a las memorables actuaciones de Kathy Bates y James Caan, la historia conserva intacta su potencia y complejidad.

Paul Sheldon es un escritor de enorme éxito que, después de siete libros, puso fin a la saga romántica de Misery Chastain, el personaje ficticio que lo convirtió en un fenómeno editorial. Mientras viaja en medio de una tormenta de nieve, sufre un accidente automovilístico que le provoca graves lesiones en las piernas. Sobrevive y despierta en la casa de Annie Wilkes, una enfermera que asegura ser su admiradora número uno. Vive aislada, lejos del pueblo más cercano, y detrás de su aparente cordialidad esconde un pasado inquietante.

Annie rescata a Sheldon, lo reanima, lo traslada hasta su casa y lo instala en una habitación para que se recupere. Sin embargo, a medida que transcurren los días, el escritor, inmovilizado por sus heridas y aturdido por los analgésicos, descubre que aquella mujer que parecía un ángel de la guarda es, en realidad, una persona extremadamente inestable.

Lo que comienza como un gesto de generosidad cambia de manera radical cuando Annie encuentra el manuscrito de la última novela del autor. La casa se transforma entonces en una prisión donde la admiración deriva en posesión y el amor por la ficción adquiere la forma de una violencia despiadada.

Aquí el terror no surge de fantasmas, videntes ni criaturas espantosas. King construye mucho más que un thriller psicológico. La obra propone una reflexión sobre el vínculo entre los creadores y su público, las consecuencias del éxito y el precio que puede implicar intentar abandonar aquello que garantiza el reconocimiento. En tiempos dominados por las redes sociales y los fanatismos, esa lectura resulta incluso más turbulenta que cuando la novela apareció en 1987.

La ajustada puesta de González Gil, quien ya había dirigido una versión en 1999 con Rodolfo Bebán y Alicia Bruzzo, vuelve al material original y evita convertir la historia en una simple sucesión de golpes de efecto.

El suspenso crece a partir del enfrentamiento entre dos personajes confinados en un mismo espacio, donde cada conversación se convierte en una negociación por la supervivencia. La tensión dramática se sostiene, sobre todo, gracias al trabajo de los intérpretes, auténtico motor de la función.

Julia Calvo ofrece una actuación magnética y compone una Annie Wilkes siniestra precisamente porque nunca cae en el estereotipo. Alterna ternura, humor involuntario, violencia y delirio con una naturalidad que vuelve imprevisible cada una de sus apariciones. Esa convivencia entre la calidez cotidiana y la amenaza constante convierte al personaje en una presencia profundamente amenazadora.

Frente a ella, Juan Gil Navarro moldea a un Paul Sheldon convincente desde la vulnerabilidad. Su interpretación transmite el deterioro físico, el miedo y también la inteligencia con la que intenta sobrevivir al cautiverio. Sin abandonar nunca la verosimilitud, logra que el público acompañe cada pequeño avance de un hombre obligado a depender de quien desea destruirlo.

La estridente música original de Martín Bianchedi, que irrumpe como una suerte de trompetas apocalípticas, subraya con excesiva insistencia emociones que las actuaciones ya expresan con claridad. Además, algunos recursos escenográficos y ciertos cambios de espacio no alcanzan la fluidez deseada. Sin embargo, esos desniveles nunca afectan el núcleo de la propuesta. La contundencia del relato y el compromiso interpretativo terminan imponiéndose sobre cualquier irregularidad formal.

Esta nueva versión recupera el verdadero corazón del texto de King y confirma que el terror más perdurable nunca proviene de lo sobrenatural, sino de la obsesión humana cuando pierde todo límite.

Basada en: la novela de Stephen King. Versión: Daniel Botti y Manuel González Gil del guion de William Goldman. Dirección: Manuel González Gil. Intérpretes: Julia Calvo y Juan Gil Navarro. Sala: Metropolitan, Corrientes 1343.

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