El Indio Solari y la película perdida de ciencia ficción que fue el germen de Los Redonditos de Ricota
El Indio Solari fue un showman magnético sobre el escenario, fue el poeta de letras cargadas de lírica y subtextos, fue el ídolo de masas que llenaba hectáreas de estadios, pero también fue el dibujante de cómics, el lector de ciencia ficción y, en una faceta no tan conocida, el guionista y actor que alguna vez participó en películas filmadas en Super 8.
A días de la dolorosa muerte del Indio Solari, se recuerda un dato llamativo: Ciclo de cielo sobre viento, una extraña película de la que solo quedan fragmentos que se pueden encontrar en YouTube. Contó con la interpretación del Indio y fue dirigida por Guillermo Beilinson, a quien aquel apodaba el Negro Beilinson, responsable de presentarle a su hermano Eduardo Beilinson, mucho más conocido como Skay.
“Empezamos a filmar con lo que había, que era el Super 8. Jugábamos al cine con nuestros amigos actores, aprendíamos los rudimentos de la edición”, recuerda el Indio sobre aquellos días de mediados de los años setenta en sus famosas memorias, una serie de conversaciones con el periodista Marcelo Figueras, editadas en forma de la autobiografía oficial Recuerdos que mienten un poco.
Pero el vínculo entre Carlos Solari y el cine ya venía de antes. Cultivaba una cinefilia desde muy chico. Fascinado primero por el peplum, aquel género histórico que retrataba de forma épica periodos como el Imperio Romano o el Antiguo Egipto, iba luego de secundaria en secundaria, se juntaba con su por aquel entonces amigo Hugo, y filmaban en 8 milímetros.
En aquellas andanzas comenzaron a hacer un documental “sobre los pordioseros que vivían a la salida de La Plata”, para el cual retrataron escenas estrambóticas de ellos realizando trucos, atravesándose con agujas y prendiendo fuego papeles.
Años más tarde el Indio se internaba junto al Negro Beilinson en el cine y miraban ciclos enteros de Kurosawa, Fellini y Godard. “Todo el mundo quería hacer cine, en los cafés no se hablaba de otra cosa. Pero nosotros no queríamos seguir hablando, queríamos hacer cine”, afirmó. Gracias a los Beilinson pudieron comprar una Super 8 y, en el mismo espíritu independiente que luego caracterizó a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y a su carrera solista, se largaba a filmar sin productores intermediarios y con un gasto mínimo.
Antes del rock, la ciencia ficción
El Indio Solari, en una escena del cortometraje “Celos”. Foto: libro “Recuerdos que mienten un poco”.Una hipnótica y experimental banda sonora resuena en los primeros minutos del fragmento de los casi apenas 10 minutos de Ciclo de cielo sobre viento, que se puede encontrar en YouTube. Aparte de incrementar la atmósfera opresiva y extraña de la película, es la huella del caldo del cultivo más primigenio de Los Redondos, ya que fue una de las primeras colaboraciones musicales entre el Indio y Skay. “Mezclábamos ruidos con música: Skay tocaba la guitarra y yo metía voces con ecos. Lo que salía era una suerte de folclore universal, bien raro”, recordó el Indio.
El Indio y Guillermo abrieron el libro oracular chino, el I Ching, en busca del título de la película, y allí lo encontraron. Luego, redactaron un texto que sintetizaba la construcción del mundo en el que acontecería el filme, un cóctel en el que se fusionaron las lecturas de ciencia ficción del Indio, que iban desde Ballard y Philip K. Dick, hasta el mismo clima autoritario que acontecía en 1976 en la Argentina.
Fragmento del diario “El Día”, de La Plata, sobre el estreno de “Ciclo de cielo sobre viento”. Foto: Libro “Recuerdos que mienten un poco”. En un recorte del diario El Día de La Plata, compartido por el Indio en sus memorias, figura la trama de Ciclo de cielo sobre viento: “Se ambienta en un futuro en que la superficie de la tierra está contaminada, razón por la cual la humanidad tiene que habitar bajo la superficie creando “subdades” (ciudades subterráneas)”.
Adelantado a cierta rama cyberpunk de la ciencia ficción, la película exploraba la incidencia de la cibernética en la sociedad, ya que cada una de las “subdades” está gobernada por una computadora. Estas entran en guerra una contra otra, en pos de buscar más espacio vital, lo que lleva a la decadencia a aquella sociedad. En ese punto comienza la trama de la película, que se centra en unos rebeldes que creen que hay algo más que destrucción fuera de aquellas ciudades subterráneas.
“Tiene mucho que ver con la época de la represión: la gente metida adentro, encerrada… yo pienso que viene por ese lado”, afirmaba en el libro Indio Solari: el hombre ilustrado, de Gloria Guerrero, el músico Ricky Rodrigo, que hizo de extra en la obra.
Y agregó: “El final de la película básicamente es ése: los rebeldes salen afuera, al exterior, y se dan cuenta de que el mundo no estaba tan devastado, había un mundo. Hoy parece súper simple, pero en esa época no se podía hablar, no se podía decir nada; sobre todo si se pretendía hacer algo que la gente después lo fuera a ver…”.
Una banda que aún no lo era
El rodaje se alternaba entre Valeria del Mar, donde el Indio vivía por épocas, y el Pasaje Rodrigo, en La Plata, donde vivía Ricky Rodrigo. Su familia era propietaria del centro comercial desde su fundación, en 1929, y su padre había autorizado al equipo para que filmaran en el sótano y en algunos locales vacíos.
El largometraje requería cierta financiación, por lo que Guillermo Beilinson se puso una estampería de telas, el taller El mercurio. Allí trabajó el Indio, principalmente haciendo diseños. Uno de los clientes del local era Rocambole, el artista visual que más tarde dotó de identidad gráfica a la banda.
Una máscara diseñada por el Indio Solari para uno de los filmes pensados junto al “Negro” Beilinson, hermano de Skay. Foto: libro “Recuerdos que mienten un poco”. En la película también participó otro engranaje clave: Carmen Castro, más conocida como La Negra Poli, luego manager de la banda y compañera de Skay, quien realizó los vestuarios minimalistas y monocromáticos que se pueden ver en el fragmento, de una estética que referencia al hippismo de aquel momento, pero que también se proyectaba hacia aquel futuro postapocalíptico.
“Fue una experiencia que recuerdo con cariño: había una unidad muy conmovedora entre los que hacíamos la peli, me dio mucha felicidad. Salíamos con la cámara y decidíamos qué hacer ahí, en el momento. Era un bonche, la catarsis de un grupo de amigos que gastaban su libido en eso que sólo iba a quedar como parte de nuestra experiencia”, contaba el Indio en sus memorias.
La receta de Los Redondos
Skay, la ‘Negra’ Poli y el Indio, en los buenos viejos tiempos. Foto: Archivo ClarínCiclo de cielo sobre viento no fue la única producción del grupo. Celos fue la plasmación de una inquietud psicodélica (“Yo le decía al Negro Beilinson que era posible hacer una experiencia de ácido y rodar una peli”, relató Solari) en la que el “Indio era como una especie de voyeur”, afirmaba Rocambole.
Por otro lado, Frazin cazador, ya en 16 mm, continuaba con la estela de la ciencia ficción, al narrar la historia de un hombre que se encuentra una nave estrellada y comienza a hacer una ingeniería inversa a partir de sus restos. El repertorio conocido se completa con El sueño de Onia, basada en el cuento judío y una larga serie llamada Horizontes verticales que, según Rocambole, duraba cinco horas.
Las películas se proyectaban en El Club del Bucle, una especie de centro cultural clandestino hermético en donde también se hacían fiestas, bailes, conferencias y charlas literarias. Sin embargo, también está el registro de que Ciclo de cielo sobre viento se exhibió en el Colegio de Abogados, por lo que se supone que circuló en cierto circuito under de la época.
Boceto para una escena de la película “Celos”. Foto: libro “Recuerdos que mienten un poco”. Terminada la filmación de Ciclo de cielo sobre viento, Guillermo Beilinson y el músico Bernardo Rubaja alquilaron un local del Pasaje Rodrigo e instalaron allí un estudio con el objetivo de grabar la banda sonora. Pero los ensayos prosiguieron aún más allá de aquella composición. Skay y el Indio continuaron experimentando, en compañía de Rocambole, de la Negra Poli, y de más gente que se fue sumando. La película completa estará por ahora perdida, pero gracias a ella Patricio Rey y Los Redonditos de Ricota había nacido.



