Sharon Tate y su terrible final en manos del Clan Manson
En Había una vez… en Hollywood (2019) Quentin Tarantino, de algún modo, desarma el mito de Sharon Tate y la convierte en una chica un poco zonza, casi una chica Olmedo, que tuvo la desgracia de ser la “mujer de”, en este caso la esposa de Roman Polanski. Con los años, para fortalecer el miro, aparecieron teorías que vincularon el crimen con Polanski, su círculo o incluso con el contenido demoníaco de su película El bebé de Rosemary.
En lugar de la mártir que Hollywood construyó durante décadas, Tarantino decidió, en esa película, presentar a una Sharon Tate linda, aniñada y no mucho más. Con una de esas famosas justicias fílmicas tan suyas, el genial realizador la rescata de la condición de víctima -en la película no muere-, pero nos da entender que, viva, su figura no hubiera ido más allá de una saludable presencia ornamental.
Tarantino la reduce a la mera condición de “minita”. Es decir, la salva de la muerte, pero le quita todo el aura de fascinación que provocó su asesinato. Es fuerte ver que la figura que supimos aprender desde los crímenes del clan Manson no era más que Susana Traverso, y que su tarea se acotaba a películas bizarras de artes marciales protagonizadas por Bruce Lee.
Había una vez… la retrata como una mujer sencilla y fan de sí misma que se dedica a ir de compras y autocelebrarse por una comedia de acción como las de Chuck Norris o Bud Spencer. Para colmo de ironías, Tarantino usa imágenes reales de la actriz, dando a entender un perfil verosímil y algo patético.
El director de cine Roman Polanski y Sharon Tate en una foto subastada por Christie’s.El tributo es afectuoso, pero legalmente rubio. La escena en la que Sharon (la bella Margot Robbie), angelical y con cara de Dánica Dorada, entra al cine a verse actuar, es de una modestia tal que cuesta imaginarse a una actriz de talento en pleno ascenso. El tono general es condescendiente y más cercano al antojo de “la mujer de” que al pedestal de una futura leyenda.
Si Kill Bill, como díptico, es una epopeya sobre las artes marciales donde se le rinde homenaje al género de Bruce Lee, en Había una vez… en Hollywood la operación es inversa y pasa a burlarse de todo eso. Con respecto al personaje de Sharon, algunas críticas feministas hubo en su momento. Parece que se advirtió, y de forma evidente, un uso indebido de la “infantilización” de Tate, cuya decisión más importante en la película era ir a ver vidrieras.
Una muerte espantosa
El sábado 9 de agosto de 1969, Sharon Tate entró en la historia por un hecho espantoso: fue la víctima más famosa de los asesinatos del clan Manson. En ese momento, la actriz y modelo estaba casada con Roman Polanski, tenía 26 años y atravesaba un embarazo de ocho meses y medio.
Retiran el cuerpo de Sharon Tate de la escena del crimen. Según las crónicas, armados con cuchillos Buck de bolsillo y un revólver Longhorn calibre 22, esa noche cuatro integrantes de una secta liderada por Charles Manson, todos jóvenes, en su mayoría mujeres de entre 17 y 25 años, llegaron a una casa en las colinas de Hollywood.
El clima de época era la contracultura hippie con su espiritualidad, su rechazo a la autoridad, el consumo de LSD y la vida comunitaria. En ese contexto, el líder mandó a matar a la gente que vivía en determinada casa. No había ningún problema con Sharon Tate ni con las otras víctimas. La actriz fue asesinada de una manera atroz simplemente por estar ahí esa noche.
Manson tenía una onda muy similar a la de cualquier cantante de rock de esos días y tenía también una alucinación delirante con provocar una guerra racial. El lo llamaba “Helter Skelter”, haciendo abuso de una canción del Album Blanco de Los Beatles.
Charles Manson, en una foto de 1969.La casa en la que ya no vivía quien quería matar Manson
¿Por qué esa casa? Porque allí supuestamente vivía el productor musical Terry Melcher. Manson había intentado que Melcher escuchara sus demos y al ser ninguneado como músico, ordenó a sus zombies que fueran a la casa de 10050 Cielo Drive y mataran a todos los que encontraran allí.
El problema es que Terry Melcher ya se había mudado y allí, ahora, estaba viviendo el director Roman Polanski, de moda porque hacía poco más de un año había estrenado El bebé de Rosemary. Y por su popular casamiento con la bella dama.
Fue todo un trágico equívoco, pero la cercanía temporal entre la masacre y el estreno de El bebé de Rosemary, una película que trata sobre satanismo, sectas y el nacimiento del hijo del Diablo, llevó a que muchos vieran el asunto de la esposa embarazada como una venganza macabra.
Polanski y Sharon se conocieron en el casting de “La danza de los vampiros”, que él dirigió.En las paredes de la mansión se escribió con sangre la palabra “pigs” (“cerdos”). En la residencia de las colinas de Los Angeles, Sharon Tate, la esposa del famoso director, recibió 17 puñaladas y apareció colgada de una soga en medio del living.
En Bastardos sin gloria Tarantino aplica la misma operación que años después practicó con Sharon Tate. Si allí Hitler muere ametrallado en un cine en lugar de suicidarse en el búnker, en Había una vez… decide que Tate sobreviva. ¿Se trató de reparar una injusticia histórica o de impedir que esa muerte se convierta en mito? Siguiendo esta lógica también le estaría bajando el precio a Charles Manson, quien se creyó un asesino célebre de la cultura popular. Durante más de medio siglo Tate fue recordada casi exclusivamente por la forma en que murió. Quentin Tarantino desarmó dos mitos de un tiro.
Sharon, modelo y actriz
Había nacido el 24 de enero de 1943 en Dallas, Texas. Era la mayor de tres hermanas. Su padre, Paul James Tate, se desempeñaba como coronel del Ejército de los Estados Unidos. Por los traslados, la familia vivió en distintos ciudades y en Italia, donde Sharon participó en concursos de belleza y comenzó a trabajar como modelo.
20 de enero de 1968. Sharon y Roman salen de la registro civil en Londres.Una vez en llegada a Los Angeles, con 20 años, empezó a deslumbrarse con Hollywood. Con varios papeles en programas como Los Beverly ricos, tuvo además decorativas participaciones en películas como Nunca comprarás mi amor, de Arthur Hiller, o Almas en conflicto, de Vincent Minnelli (ambas sin aparecer acreditada en los títulos).
En 1964 conoció al peluquero Jay Sebring, un tipo que en la época era famoso como Giordano. Recién separado de su esposa, el coiffeur y Tate llegaron a convivir. En 1965, Sharon consiguió su papel más significativo por dos motivos. Uno es que fue actriz de reparto en el elenco de El signo del diablo, junto a David Niven y Deborah Kerr. Y dos: después del rodaje conoció a Roman Polanski en las audiciones para La danza de los vampiros. Consiguió el trabajo, dejó al peluquero y empezó un romance con el director que terminaría en casamiento en enero de 1968.
Hablando de LSD y rock con Polanski
Roman y Sharon se gustaron de movida. El la invitó a salir y tuvieron una larga conversación sobre los temas habituales de los ’60: porros, LSD, rock. El le habló de su desastrosa única experiencia con el ácido. Pasaron la noche escuchando música y Sharon le confesó que la habían violado cuando tenía 17 años. Polanski, años más tarde, declaró públicamente: “Le creí cuando me dijo que ello no le había causado ningún trauma emocional”. De madrugada tuvieron relaciones sexuales.
El estilista Jay Sebring (con quien Sharon convivió), Polanski y Sharon Tate.En términos artísticos, el currículum de Tate señalaba El valle de las muñecas, de Mark Robson, basada en el best seller de Jacqueline Susann, sobre el ascenso y caída de tres jóvenes en la industria del entretenimiento. En 1967 había actuado en la comedia No hagan olas, de Alexander Mackendrick, junto a Tony Curtis. Y en 1968 protagonizó otra comedia, The Wrecking Crew o La mansión de los siete placeres, con Dean Martin.
La comparación con Marilyn Monroe
La llegaron a comparar con Marilyn Monroe y ella se despegaba con el rubor del orgullo en sus mejillas. Sharon era menos exuberante y más lánguida. El mismo Polanski aseguraba que su encanto radicaba en que parecía no darse cuenta de su atractivo natural.
“Madre mía”, negaba ella con la cabeza en una entrevista televisiva de 1966. “Adoro a Marilyn, pero creo que me resultaría bastante difícil ser otra Marilyn Monroe. En mi opinión -decía-, ese tipo de símbolo sexual ya desapareció. Ahora todo queda más a la imaginación. Para mí, la sensualidad forma parte de cada movimiento. Ya no se ven esos grandes escotes, ahora todo está más en la mente”.
Una imagen de “La danza de los vampiros”.No le gustaba la palabra “starlet”, como se les dice a las jóvenes actrices de cine que buscan o se promocionan para convertirse en una estrella. En 1966 había declarado: “Considero, al menos es mi opinión, que cualquier persona que quiera ser actriz o permanecer en el mundo del espectáculo debe, incluso antes de hacer su primera aparición, aprender el oficio y dedicarle todo el tiempo y el esfuerzo posibles”.
“Debés recordar -le confesó al periodista Robert Musel, famoso por haber puesto el apodo “Elvis the Pelvis” a Elvis Presley- que yo era tímida y retraída cuando llegué a Hollywood. Mis padres eran muy estrictos conmigo. No fumaba ni nada por el estilo. Apenas tenía dinero para sobrevivir. Conseguí que un camionero me llevara hasta la oficina de un agente que, ese mismo día, me contrató para hacer un aviso de cigarrillos. Una chica me enseñó cómo debía hacerlo: respirá profundamente y poné cara de éxtasis”.
A Sharon quisieron en su momento compararla con Marilyn Monroe.Sharon Tate permanecerá congelada en el tiempo como involuntaria protagonista de una fascinante crónica policial. Ni en sus ambiciones más audaces hubiera imaginado que la fama llegaría desde ese lugar. Los sucesos de la madrugada del 9 y el 10 de agosto de 1969 clausuraron la década de “amor y paz”.
“En 1969, mi hermana se vio envuelta en un acontecimiento que cambió el país de formas que aún resuenan”, escribió su hermana Debra Tate en la introducción del libro de 2014 Sharon Tate Recollection. “Dicho esto, siempre me pareció muy injusto que se recordara su vida principalmente por sus últimos momentos. Sharon tuvo una vida magnífica”.

