Se encendieron las alarmas

Luis Caputo, el ministro de Economía, parece representar desde hace tiempo el papel del profeta equivocado. En abril descartó la posibilidad de tensiones financieras por el calendario electoral del año próximo. Vaticinó que para el Gobierno el desafío del 2027 “va a ser un paseo por el parque”. Un mes después, en el Latam Economic Forum, redobló su apuesta: garantizó que “por primera vez la economía se va a llevar puesta a la política”. La semana pasada mixturó una célebre frase de Carlos Menem cuando sostuvo que “no estamos bien, pero vamos bien”.
Aquella combinación de impericia narrativa y política de “Toto” se habría convertido para el Gobierno en un búmeran. El secretario de Política Económica, José Luis Daza, comunicó que el Banco Central comprará US$ 10 mil millones adicionales para robustecer las reservas antes de los comicios.
Karina Milei, El Jefe, reactivó un diálogo muerto con Mauricio Macri porque descree de aquel optimismo silvestre del ministro de Economía. La senadora Patricia Bullrich opinó públicamente que “las elecciones serán muy competitivas”. Incluso, auspició la chance de una alianza con el PRO, aunque esa instancia la obligue a desistir de pelear por las Jefatura de la Ciudad.
Diego Santilli, el jefe de Gabinete, conversó al menos con dos gobernadores que supieron ser aliados y ahora tomaron distancia. Fueron los que ayudaron a hundir, entre varios, la venta de tierras a extranjeros. Ambos deslizaron las mismas quejas: que “Toto” retacea fondos que corresponden a las provincias para resguardar el superávit fiscal.
Con ese paisaje aflorarían tres conclusiones evidentes: el Gobierno intenta salir de la trampa en que lo sumió su propia inercia desde que el escándalo de Manuel Adorni intoxicó la escena; empieza a tomar conciencia de que el proyecto reeleccionista de Javier Milei cuenta con una buena plataforma, pero de ninguna manera está asegurado; contrariamente a la predicción del ministro Caputo, la política deberá convertirse en un soporte de la economía para evitar que por tercera vez desde la recuperación democrática un mandatario no pueda resultar reelecto.
El despertar del Gobierno respondió también al encendido de otras alarmas. Una de ellas fue la cumbre kirchnerista entre Máximo Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa. Contó con la bendición de Cristina Fernández transmitida a través del jefe del bloque del Senado, José Mayans.
Otra la constituyó esa geografía imprecisa de votantes que, según la mayoría de las encuestas, crece en la idea de no optar ni por el oficialismo ni por la principal oposición. En esas aguas navega el ex diputado Emilio Monzó, junto a dirigentes peronistas y un importante empresario de medios de comunicación. Trabajan en la apuesta por un candidato que logre romper con el péndulo de la política nacional. En la primera línea aparente surge el banquero Jorge Brito.
Aquellos reflejos de la política pueden representar una amenaza para la administración libertaria. El verdadero problema para Milei, sin embargo, radica en una gestión que habría quedado estacionada en sus conquistas iniciales. La superación de la emergencia heredada, la baja de la inflación, que repite coletazos como el 2,1% de julio, y la estabilidad macroeconómica. De broche, un crecimiento que sigue anclado en la energía, la minería y el agro sin verificación de derrame en las áreas laborales más dinámicas. Como la industria, el comercio y la construcción.
Esa realidad ha encendido un debate que ya no se oculta en el oficialismo. Santilli y Bullrich coincidieron la semana pasada en que aquel empuje de la economía no llega a todos ni se refleja en la vida cotidiana. Circuló en paralelo una apreciación de la directora de la consultora ABCEB. Mariana Caminos sostuvo que el principal desafío del Gobierno es lograr la convergencia de la “economía a dos velocidades” ya que no va a existir legitimidad política ni social si tal fenómeno no consigue consumarse.
Hizo esta comparación. Los rubros exportadores y pesados (energía o minería) están creciendo a tasas superiores al 24%. La industria local y el consumo masivo arrastran caídas cercanas al 2,9%. Ilustró que hay una Argentina enorme “que va muy lento” frente a una porción más chica, globalizada y enormemente dinámica.
¿Está de acuerdo Milei con ese diagnóstico?. ¿Coincide con su hermana en la necesidad de ordenar e inyectar anabólicos a la praxis política oficial?
No está del todo claro en una coyuntura en la cual el Presidente emerge absorbido ante la posibilidad en encaramarse como principal referencia de una nueva derecha en la región. Lo obsesiona la suerte de Lula en las elecciones de Brasil en octubre. También, la de su amigo Donald Trump en el examen de medio término que le aguarda en noviembre en Estados Unidos.
Karina, Martín Menem, el titular de la Cámara de Diputados, y Eduardo “Lule” Menem, mano derecha de la secretaria general, estarían dispuestos a diseñar una nueva hoja de ruta clara que le permita sostener la iniciativa política. No se podría progresar con cualquier proyecto en el Congreso que tensione hasta un límite la relación con los aliados imprescindibles. En el primer lugar de esa nómina figura el PRO.
Es altamente probable que el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que le costó al oficialismo enormes dolores en el Senado, ingrese en un impasse.
La prioridad sería ahora la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central, que consiguió dictamen en Diputados. Una meta de Milei compartida con idéntico entusiasmo por “Toto” Caputo y Federico Sturzenegger.
Aquella discusión sobre las tierras tuvo un elevado costo y dejó un trauma: los libertarios pueden haber perdido sintonía fina con la sociedad. Habrían dejado de percibir sus emociones profundas, una razón del éxito del 2023. También puede haber ocurrido que las demandas ciudadanas hayan mutado su perfil.
En el nuevo ciclo que imagina Karina el ministro Sturzenegger deberá tener un protagonismo acotado. Que nadie piense que podrá sucederle lo de Adorni. El Presidente es un admirador del ministro de Desregulación. Lo apodó El Coloso. En su sillón continuará. Aunque serán bloqueadas sus ocurrencias disruptivas.
La semana anterior desató un conflicto con los prácticos (guías que asesoran a los buques en canales y ríos complejos) que, en realidad, forman parte de un proyecto más ambicioso. La unificación de la Armada con la Prefectura Naval. Una pretensión fuertemente resistida por los marinos. Ellos integran una fuerza que tiene carácter de defensa nacional. Los prefectos atienden la seguridad interna y policial en ríos y mares.
Santilli encara la difícil tarea de un rearmado con los gobernadores que supieron colaborar. Se juntan tres obstáculos. Los eternos incumplimientos de “Toto” Caputo. La percepción de los mandatarios provinciales sobre qué parte de aquel encanto de los libertarios también se habría perdido en el Interior. Como último tópico la desconfianza: recelan de los acuerdos electorales tramados por Santiago Caputo y empujados ahora por Karina. De hecho, el año próximo entre 16 y 18 distritos tienen planeado desdoblar sus comicios de los nacionales.
Sobre “Toto” cae una imputación. El ministro retuvo y no ejecutó más de $ 1 billón recaudados por el impuesto a los Combustibles Líquidos que por ley debían destinarse al mantenimiento de las rutas nacionales. Caputo senior recurre a cualquier malabar para que los números del superávit no se salgan de la pista.
El ministro también resolvió reasignar un crédito del BID de US$ 400 millones que estaba destinado a mejorar la infraestructura del ferrocarril San Martín. Se trata de la línea en peor estado, de acuerdo con un informe de la Auditoria General de la Nación (AGN). Los accidentes e incidentes aumentaron un 72% respecto del año anterior.
Esa fase de desacople estructural de la maquinaria libertaria explicaría, tal vez, la decisión del nuevo acercamiento al macrismo. Necesidad de transmitir previsibilidad y confianza a los poderes económicos que empiezan a condicionar sus resoluciones al horizonte que se vaya configurando en este año largo hasta las elecciones.
Santilli fue el motor que impulsó el nuevo acercamiento con Macri. Sondeo primero al diputado Fernando De Andreis para descubrir si existía voluntad de diálogo en el principal aliado. Luego sobrevino la charla entre Karina y el ingeniero que derivó en la primera reunión de las partes. Fue una manera de intentar romper el bloque de hielo que se formó después de los repetidos maltratos que Milei tuvo con el ex presidente.
En el PRO impera por el momento el recelo por encima de la posibilidad de avanzar en la construcción de una alianza duradera. Temen que pueda repetirse algo que ya sucedió en estos dos años y medio de gestión libertaria. Un acercamiento de coyuntura que podría diluirse si el Gobierno logra salir de su inercia.
Ese sentimiento lo hizo público el gobernador de Chubut, Ignacio Torres. Otro par de dirigentes fueron más punzantes. Plantearon discrepancias con decisiones de “Toto”. Hernán Lacunza, el ex ministro, y Guido Sandleris, ex titular del Central, ambos del riñón de Macri, cuestionaron la decisión de flexibilizar reglas para los préstamos en dólares a empresas.
Los hermanos Milei persiguen en el corto plazo un objetivo. Contar con el PRO para intentar eliminar o suspender las PASO. Sería un golpe para la unidad que pretende construir la principal oposición. También para los dirigentes que insisten con una oferta que destierre el péndulo electoral. Macri posee una petición de base: que no haya disputa en la Ciudad y que la renovación del jefe porteño quede en manos del PRO.
Evidencias de que los bandos negocian por la supervivencia y desde una postura embarazosa, ante la amenaza de que el adversario común pueda renacer.



