Ronnie Wood repasó su propia historia musical, que no es otra que la de alguien que vive de ofrecer cátedra de rock and roll

Cuenta el señor Wood en su biografía, una sucesión de gags y gags llamada Memorias de un Rolling Stone, que sus abuelos y bisabuelos eran inmigrantes a los que llamaban “gitanos acuáticos” porque se les daba por vivir en barcazas, a las orillas del Támesis.

Este modelo 1947 de la saga, del que somos contemporáneos, es un anfibio. Su gracia consiste en hacernos creer que todo eso que hace le es dado fácil. Como si fuera el tío atorrante que nos salva navidades, nos revela un libro, una película o unos nombres. Un facilitador, al que todas las líneas de las manos le predestinan un destino de suerte, uno que no duda en compartir con los cercanos.

El show de este señor de 79 años, sesenta de los cuales los pasó tocando en bandas decisivas del rock británico (The Jeff Beck Group, Faces y The Rolling Stones por nombrar a las tres más importantes) fue realmente serio, más allá de que la picardía y la vitalidad hayan sido el santo y seña de la noche. Desde la elección de una sólida banda (His Ammo Band) con dos coristas estelares como la irlandesa Imelda May y la no menos remarcable Chanel Haynes (que suele trabajar con los Stones) hasta un repertorio elocuente y generoso con sus gustos, el popular guitarrista nunca da la sensación de estar haciendo tiempo o estirando tema algunos. Ergo: en ningún momento se aprovecha de la leyenda para sobrar la situación.

Wood, eléctrico y pícaro, rasgos angulosos y una disposición capilar a la que el inexorable paso del tiempo le ha generado un corte que parece el de alguien que se acaba de bajar de una moto veloz, juega de local pero trabaja su presentación como si fuera la primera vez. Un rato antes, por asociación y pertenencia, los Ratones Paranoicos hicieron un corto set para matizar la velada. Después de domar un sonido esquivo, se asentaron y tocaron clásicos en media hora y escasos meros cuadrados.

Wood canta con un marcado registro nasal, tal que uno puede cerrar los ojos y que tenga la impresión de que se tratara de Bob Dylan. En este caso, uno que puede colar en las aproximadas dos horas que dura el show tres formas de abordar la música jamaiquina: primero, en un clásico del rock steady como Take it Easy (del pionero del género, Hopeton Lewis).

Luego, en Hey Negrita, aquel mix de reggae y funk que fuera su carta de presentación con los Stones en Black and Blue (1976), tocado con precisión y fervor en el escenario de Villa Crespo. Y luego, I Can Feel the Fire, de su gran álbum debut como solista I’ve Got My Own Album To Do, en un acercamiento más rockero y blanco en esa canción en la que compartía voz con su entonces nuevo amigo, Mick Jagger. De ese disco también rescatará la bella Mystifies Me.

De aquella época (1974) es justamente It’s Only Rock and Roll, la primera y apócrifa en registro de sus colaboraciones con los Stones, con la que abre el show para que no le quede al público que no se olvida de ellos, aunque ahora esté viniendo a mostrar otra cosa. Si es por hablar de la banda en la que pasó sus, por ahora, último medio siglo, Ron entrega otras dos piezas: Country Honk, esa versión más country de Honky Tonk Women (1969) que se incluye en el genial Let it Bleed y que ahora tiene un acompañamiento en violín y de unos 14 mil argentinas y argentinos en el famoso coro.

Pero el punto saliente es el de Can’t You Hear Me Knockin’, que tampoco es de su tiempo en la banda de rock más grande del mundo (sale en Sticky Fingers, 1971) pero su aproximación es igual de apabullante, tensa y sensual. Incluso tiene un gesto de conmueve en su realización: como siente que no puede replicar el excepcional solo de Mick Taylor -el guitarrista que vino a suceder en los Stones- le crea un vacío rítmico + armónica de su propia interpretación que resuelve el entuerto con más que decoro.

De su época con los Faces donde hizo tándem con Rod Stewart (1969-1975) recupera la época Flying, cantada por Chanel Haynes, otra desnuda y deliciosa de Oh La La y el brioso cierre con Stay With Me, esa fanfarria modélica de la dinámica rítmica en el rock and roll, con sus cortes y quebradas.

Dentro de esas elecciones sobrias, el repertorio del show está basado en la educación sentimental de Wood, girando entre el pop de chicas (Remember Walking in the Sand, que marca el ingreso de Imelda May al concierto), el soul de varones (Chain of Fools, de Don Covay y popularizado por Aretha Franklin), el soul de mujeres (el clásico River Deep Mountain High), a cuenta de Haynes en voz gracias a su registro y sus modos escénicos que recuerdan a la original Tina Turner, y dos blues con pedigree de leyendas: Baby What You Want de Jimmy Reed y Dust My Broom de Elmore James).

Acaso en esos gestos de recuperar la música que alguna vez lo motivó a tomar un instrumento radique todavía la frescura de esta performance porteña (el domingo se presentará en Rosario), la primera en modo solista, que hizo que un público que se portó de manera eufórica y respetuosa a la vez recuperara un cantito que se inauguró en 1992, cuando aquel primer show solista de Keith Richards en Vélez, claro que cambiando el sujeto: “Mire mire que locura/ mire mire que emoción/ esta noche toca Ronnie/ y el año que viene/ tocan los Stones”. De no poder ser así, Ron Wood ya sabe que igual tiene una audiencia a la que supo respetar con gracia, profesionalidad y alegría.

Ronnie Wood and His AMMO Band + Ratones Paranoicos. Movistar Arena, Viernes 6 de noviembre,

Mostrar más

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *