Milei transita ahora dos laberintos

El presidente Javier Milei ha ingresado, casi en simultáneo, en un doble laberinto que no le resulta sencillo transitar.

Por un lado, la tensión diplomática por las Malvinas en un escenario geopolítico absolutamente distinto y volátil del que conocieron las administraciones anteriores. Por otro lado, una situación económica que detrás de la estabilidad macro y una inflación declinante (1.7% en agosto, la más baja en 14 meses) empieza a exhibir una caída persistente en sectores productivos dinamizadores del empleo y el consumo. La industria y la construcción mostraron otra vez un descenso interanual cercano al 5%.

Los objetivos más módicos perseguidos por Milei en su despertar malvinero resultan inestables. Sin dudas, la figura del líder libertario recobró la centralidad perdida. El fenómeno no había sucedido por ningún factor externo. Fue provocado por su propio apartamiento de la vida pública.

Tampoco logró despejar el debate económico del eje de la escena.

La oposición armó una sesión en Diputados durante la cual arreó a La Libertad Avanza, detonó en esa fuerza otra interna y repuso la necesidad de debatir el problema de la morosidad y el desfinanciamiento para los discapacitados.

El Gobierno deberá, además, prestar mucha atención a la supervivencia del vínculo de emocionalidad con sectores de la sociedad que la estrategia imaginativa del joven Santiago Caputo, asesor en comunicaciones, supuso que el tema Malvinas reconstruirá con el líder libertario.

De acuerdo con un trabajo de la consultora Managment & Fit el 90,3% de la población tomó conocimiento sobre la novedad oficial. Las interpretaciones no resultaron homogéneas. Casi el 36% decidió procesarla como una defensa indudable de la soberanía del archipiélago. Un 34,5% la adjudicó a un simple gesto de marketing y maniobra electoral. Un 16,8% hizo una combinación de ambas situaciones

La estrategia por Malvinas descubre con claridad dos planos. Uno, ligado a la política exterior que Milei decidió anclar con exclusividad en Estados Unidos e Israel.

El otro relacionado con la economía. Si se lleva adelante con seriedad el programa anunciado para preservar los recursos de hidrocarburos en torno al archipiélago hará falta una cadena de decisiones que demandará muchas inversiones. Gasto público. Podría afectar el equilibrio fiscal y la estabilidad macroeconómica que son pilares de la gestión de Luis Caputo, el ministro de Economía. Impediría, tal vez, seguir aplicando la fórmula del ajuste a que obliga la persistente caída de la recaudación, “Toto” ha empezado a preocuparse.

Los principales anuncios del Gobierno demuestran, entre varios, dos puntos que reclamarían fondos. La creación del Consejo de Seguridad Nacional, que deberá estar dotado de mayores herramientas diplomáticas y económicas para coordinar de forma centralizada las acciones de defensa y recopilar información clave desde la Cancillería. En ese trabajo sobresale la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), que supervisa Caputo Juniors. Sus fondos reservados actuales son el 11% del Presupuesto global. Aquel dinero resultó reforzado mediante dos DNU de julio pasado y de este mes. El Presupuesto general asciende a $ 176.000 millones.

Otro aspecto clave a computar es la Base Naval Integrada en Tierra del Fuego. Una de las premisas será fortalecer las comunicaciones en la región austral. El proyecto fueguino, que apenas avanzó un 9,13% desde que fue puesto en marcha en 2022, exigirá una disponibilidad de alrededor de $ 400.000 millones. Solo para reactivarlo el Gobierno anunció una partida de US$ 142 millones. No está contemplado en ese plan el gasto que insumirá el equipamiento de las Fuerzas Armadas. En especial, la Armada y la Fuerza Aérea.

Demasiadas veces la política y la economía suelen habitar una incómoda vecindad. La audacia de los relatos suele estrellarse contra la terquedad de los números. Existen medidas legítimas y comprensibles en la estrategia por Malvinas que podrían terminar metiendo mucho ruido en una economía que, sobre todo, requiere de confianza para intentar un despegue integral. Tanto que Caputo, el ministro de Economía, le rogó en una charla a estudiantes secundarios para que convenzan a sus padres de sacar los dólares del colchón.

El canciller Pablo Quirno inició un proceso sancionatorio y penal contra más de 45 empresas, accionistas y ejecutivos y advertencias a otras 180 firmas que deberán elegir entre operar en la Argentina o continuar sus actividades en Malvinas.

Hay que estar atentos al desarrollo y desenlace porque en esta economía global tan intrincada resulta difícil hacer cualquier disección exacta.

No sería el caso del empresario Eduardo Elsztain, accionista desde hace años de la Falkland Islands Company, el conglomerado que supo controlar toda la economía de las islas. El hombre explicó que buscaba una forma de acercamiento con los kelpers que, después de la guerra de 1982, se convirtieron en la mayor resistencia ante un posible progreso argentino.

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Hay otras líneas casi indelebles que serán complicadas de descubrir. La de empresas noruegas, por ejemplo, que asesoraron en el proyecto Sea Lion de exploración en las islas a la sociedad que conforman la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration. Que también realizaron trabajos para Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF). O la de, al menos, dos bancos internacionales que operan en la Argentina y hacen operaciones cruzadas indirectas con las exploradoras de Malvinas.

Quirno y el procurador Sebastián Amerio formalizaron una denuncia penal ante el juez Julián Ercolini contra los directivos de todas aquellas firmas por violar la ley de Defensa de la Soberanía Nacional. Dura decisión que no debería hacer olvidar antecedentes. Las primeras inhabilitaciones contra ellas habían ocurrido en 2013. Los castigos se multiplicaron entre 2021-22. Fueron 20 años de sanción. Sin embargo, ni Navitas ni Rockhoper detuvieron sus labores en el mar circundante al achipiélago. Ni siquiera hay constancia de que hayan abonado algunas de las multas económicas millonarias.

El derrotero diplomático argentino sobre Malvinas tuvo un buen desarrollo durante las décadas del 60-70. Después de la guerra de la dictadura la historia se torció. Milei modificó su agenda pasiva en el conflicto por una intensidad que impulsó el enojo de Donald Trump con el Reino Unido por su distanciamiento de la guerra de Estados Unidos con Irán.

Nadie sabe si el líder libertario imagina la agitación de Malvinas como un insumo doméstico en la carrera por la reelección. O la factible apertura a una solución de la cual formará parte inexorablemente el presidente republicano para controlar los mares del Sur que suelen ser transitados y explorados por China.

Caputo Juniors supervisa esta parte de la agenda del Gobierno. Otra está en manos de Karina Milei. La secretaria general despotricó por lo ocurrido en Diputados sobre la morosidad y la emergencia por discapacidad. El tropiezo valió una nueva reunión de apuro con el PRO. Hubo intercambio de reproches. Los macristas y los radicales habían acompañado la decisión de la Casa Rosada de boicotear la sesión en la Cámara alta. Quedaron descolocados cuando la hermanísima y Martín Menem resolvieron no regalarle la escena a la oposición y ordenaron bajar al recinto. Cristian Ritondo, el jefe del bloque del PRO, decidió hacerse notar. Reclamo que el oficialismo exhibiera el plan de pagos de la emergencia por discapacidad.

Milei y “Toto” Caputo tuvieron ocasión de comprobar con decepción una mutación de la realidad. El 1,7% de inflación en agosto pasó casi de largo. Ni siquiera la comparación que hizo el Presidente en X con un arquero (Voluntad de hierro, tituló) como última línea de defensa frente a una “tribuna hostil” despertó mucho entusiasmo y adhesiones. Quizá no estén comprendiendo que la destrucción del viejo régimen y la estabilización son conquistas del pasado. La sociedad estaría a la espera de otra organización de la economía que reviva la esperanza de una vida cotidiana mejor.

La baja de la inflación se estrella, por ejemplo, contra la caída de la industria y la construcción que, junto al comercio, explican casi la mitad del empleo asalariado formal. Que en un año perdió 117 mil puestos. Contra el 10% que engloba a los sectores económicos que vuelan, como la energía, el agro o la minería.

Esa descripción ayuda a explicar lo que se denomina el “efecto torniquete”. La pérdida de empleo y la merma de salarios achican drásticamente la capacidad de compra de la clase media y los sectores vulnerables.

En ese punto, tal vez, el Presidente se esté enfrentando en la coyuntura a su mayor desafío. Está obligado a sostener una épica que impulsó con la renovada reivindicación de las Malvinas cuando, de manera simultánea, no se advierte un modelo productivo homogéneo ni una mejora en las condiciones de vida de la mayoría social.

No se trata de apreciaciones huecas. La última encuesta de la consultora D Alessio-IROL-Berensztein muestra una novedad ingrata para el líder libertario. Dentro del universo libertario su ponderación ha caído al cuarto lugar, detrás de Patricia Bullrich, Guillermo Francos (que ya no está) y Diego Santilli. Los planetas parecen alinearse de otro modo.

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