Marilyn Monroe a 100 años: la exposición con 200 objetos que revela quién era detrás de la leyenda

La National Portrait Gallery de Londres inaugura el 4 de junio una exposición que reúne 200 objetos —fotografías, vestidos, guiones y objetos personales— para reconstruir las distintas identidades de Marilyn Monroe, quien habría cumplido cien años esta semana. La muestra podrá visitarse hasta el 6 de septiembre.

La actriz murió a los 36 años por una sobredosis de barbitúricos y fue, según destacó la comisaria Rosie Broadley, una de las artistas más fotografiadas de todos los tiempos, comparable en ese punto con la propia reina Isabel II. La exposición propone un recorrido que arranca con la joven modelo Norma Jean —su nombre real— y termina con los retratos póstumos que otros artistas le dedicaron, según informó EFE.

El material procede de distintos museos y colecciones privadas. Además de las fotografías, hay vestidos de algunos de sus rodajes, unos zapatos blancos Ferragamo, cartas de admiradores, guiones originales y unas anotaciones que ella misma escribió en el reverso de la carta de un restaurante.

Las imágenes de adolescencia y primera juventud —entre ellas una captura de fotomatón de 1940— dan paso a series de su carrera cinematográfica. Están representados rodajes míticos como el de “La tentación vive arriba”, con la célebre toma en que ella se sujeta la falda sobre una boca de ventilación callejera, pero también “Con faldas y a lo loco” y “Vidas rebeldes“.

Si la imagen que perduró fue la de una figura carnal y seductora, los retratos reunidos en la muestra muestran otras dimensiones. Hay una fotografía de Monroe leyendo el Ulises de James Joyce, tomas en que parece frágil e insegura, y capturas espontáneas: maquillándose en el lavabo de un aeropuerto, leyendo un periódico en un parque, tomando sol en una playa o simplemente durmiendo.

Los fotógrafos que la retrataron coincidieron en describir un magnetismo poco frecuente frente a la cámara fija. “Sabía llamar a la lente mejor que ninguna artista a la que haya fotografiado nunca”, dijo de ella Philippe Halsman, en una valoración que, con distintas palabras, casi todos sus retratistas terminaron por repetir.

Pero no todos la vieron solo desde ese ángulo. Cecil Beaton, tras pasar una tarde fotografiándola en Nueva York, advirtió algo más perturbador debajo de esa energía: “Es una actuación simple, animada, de alegría contagiosa, pero probablemente acabará en lágrimas”, señaló.

La lista de fotógrafos que trabajaron con Monroe incluye nombres como Eve Arnold, Inge Morath y Milton Greene, muchos de ellos ligados a publicaciones como Vogue, Life, Harper’s Bazaar o Town, que competían por llevarla en portada.

La directora del museo, Victoria Syddall, subrayó que la exposición busca ir más allá del mito: “Esta exposición explora cómo era Marilyn durante su vida, su determinación y su independencia”, explicó, y recordó que en un momento Monroe montó su propia compañía de producción para dejar el sistema de los estudios y así elegir los personajes en los que quería participar.

Esa voluntad de control sobre su imagen llegó al extremo hasta los últimos meses de su vida. En 1962, el fotógrafo Ben Stern pasó varias horas con ella en un hotel y relató después que Monroe exigió revisar las 2.500 tomas del encuentro para descartarlas una a una con tachaduras, porque consideraba que la mostraban demasiado sexy, una imagen de la que, según él, posiblemente ya se había hartado.

La muestra incluye también los retratos póstumos que otros artistas le dedicaron, entre ellos tres serigrafías de Andy Warhol y pinturas de la artista pop británica Pauline Boty, quien la retrató justo después de su muerte.

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