Logística para el desarrollo federal

En la Argentina, hablar del futuro exige realizar un esfuerzo deliberado por correr la mirada de la urgencia inmediata para concentrarse en las cuestiones estructurales que definen nuestro rumbo. Nos encontramos ante una ventana de oportunidad que no aparece todos los días.

El desarrollo de Vaca Muerta, la minería del litio y el cobre, la potencia agroindustrial, la pesca, la industria forestal y las economías regionales nos van a permitir ampliar exportaciones y atraer más inversiones estratégicas en las provincias. Sin embargo, existe una condición fundamental que atraviesa a todos esos sectores y que muchas veces queda relegada en el debate público: la logística.

No alcanza con contar con recursos naturales extraordinarios o con una demanda internacional favorable. Para que haya insumos en Vaca Muerta, para que el litio y el cobre salgan hacia los mercados globales, para que los granos lleguen hacia los puertos o para que una economía regional pueda exportar alimentos frescos, hace falta un sistema capaz de mover insumos y productos de manera eficiente, previsible y competitiva. Si la logística es deficiente o los costos resultan excesivos, la producción se encarece, se demora o directamente se vuelve inviable.

Nuestro país hoy enfrenta rutas saturadas o deterioradas en corredores estratégicos, accesos portuarios congestionados, pasos de frontera lentos y una red ferroviaria y fluvial aún subutilizada. A esto se suma una configuración territorial históricamente concentrada en torno a la región central, con grandes distancias internas y centros productivos alejados de los principales nodos de exportación o consumo.

Argentina es el octavo país más extenso del mundo, lo que ya de por sí demanda eficiencia logística para conectar a todo el territorio. Pero, además, estamos ante un momento donde la geografía productiva de nuestro país está cambiando y nuevas regiones están asumiendo el protagonismo, lo que vuelva todavía más urgente abordar estos desafíos. Los sectores con mayor potencial de crecimiento son, al mismo tiempo, grandes demandantes de logística y se encuentran en territorios donde la infraestructura no fue pensada para semejante escala.

Además, al estar lejos de los principales mercados globales, necesitamos corredores e instalaciones competitivas para que los costos de transporte no absorban el valor de lo que exportamos. La logística, además, puede definir qué regiones se integran al desarrollo y cuáles quedan condicionadas por la distancia. Las PyMEs y las producciones alejadas enfrentan mayores costos y menor acceso a servicios, evidenciando que la brecha logística es, en esencia, una profunda brecha territorial.

Frente a este desafío, necesitamos mirar hacia el futuro para definir un destino en común y una hoja de ruta para alcanzarlo. El desarrollo exige planificación estratégica de largo plazo. Planificar es la herramienta clave no solo para saber qué hacer con los recursos que ya tenemos, sino para determinar qué infraestructura y qué condiciones debemos construir para conseguir nuevos recursos y atraer las inversiones que transformen ese potencial en una realidad concreta. Tenemos con qué mejorar la vida de las personas siempre que seamos capaces de establecer acuerdos que trasciendan las coyunturas políticas.

Por eso, la conectividad transversal es un punto crítico. Durante décadas, el sistema logístico se organizó en torno a corredores que convergen centralmente hacia los puertos de la Pampa Húmeda. Pero la geografía productiva está cambiando y requiere mejores conexiones horizontales entre provincias, pasos internacionales optimizados y corredores integrados.

El transporte automotor seguirá siendo clave por su capilaridad en los cerca de 700.000 kilómetros de rutas y caminos rurales. Sin embargo, debemos articularlo de forma inteligente con el tren y el transporte fluviomarítimo, impulsando terminales de transferencia y normas que faciliten el transporte multimodal.

A estos desafíos físicos se suman barreras regulatorias y operativas. La duplicación de trámites, la falta de digitalización y las asimetrías entre jurisdicciones afectan la competitividad tanto como una ruta en mal estado.

Asimismo, debemos potenciar las capacidades de quienes gestionan el territorio. La inteligencia artificial, la automatización y las nuevas tecnologías aplicadas a la logística exigen formar a los cuadros técnicos del sector público y privado para operar una red moderna.

Desde el CFI venimos trabajando en la Estrategia Federal Logística, una política viva que está en permanente actualización para encontrar las mejores soluciones para el desarrollo y que cuenta con una cartera con más de mil proyectos.

En ese contexto llevamos adelante la Cumbre Federal Logística en la que participaron los gobernadores de Buenos Aires, Chubut, Córdoba, Entre Ríos, Jujuy, Río Negro, San Juan y Santiago del Estero, junto a referentes de empresas como PAE, YPF, Tecpetrol, Techint, Rio Tinto, Holcim, Glencore, Dreyfus, Basso, Aeropuertos Argentina, Andreani, Mercado Libre, FedEx y DHL.

Fue un espacio clave para abordar los desafíos del sector en base a las necesidades de las cadenas productivas del agro, la minería y los hidrocarburos, con el fin de seguir avanzando en una hoja de ruta común que traduzca nuestras oportunidades en desarrollo concreto para cada provincia.

La Argentina tiene por delante una oportunidad histórica. Si logramos que la logística acompañe con planificación y eficiencia, podremos garantizar que las nuevas actividades productivas no pasen de largo por las provincias, sino que generen empleo, capacidades locales y desarrollo equilibrado en todo el país.

Ignacio Lamothe es Secretario general del Consejo Federal de Inversiones (CFI)

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