Las exigencias más extravagantes de los artistas para sus camarines, de Van Halen a Paul McCartney pasando por Jennifer Lopez, Mariah Carey e Iggy Pop
Desde que los recitales se convirtieron en una parte vital dentro de la industria de la música, a lo largo de los años se dieron a conocer una buena cantidad de historias que reflejan algunas exigencias que las estrellas consideran necesarias para brindar un show a la altura que su público se merece.
Desde Van Halen a comienzos de los ’80, pasando por las divas del pop hasta algunas extravagancias de Iggy Pop, todas buenas contribuciones para forjar sus propios mitos y leyendas. Pero, ¿todo son cuestiones de caprichos? Algunos pedidos especiales escondían ingeniosas razones.
Van Halen y la cláusula de los “M&M”
Cuenta la leyenda que en los años ’60 un señor oriundo de Nimega, Países Bajos, emigró hacia los Estados Unidos junto a su familia. Ya radicados en la ciudad de Los Ángeles, Jan Van Halen le inculcó a sus dos pequeños hijos el amor por la música y los educó como pianistas clásicos. En la adolescencia, uno de ellos se dedicó a la batería y el otro a la guitarra sin embargo, en algún momento decidieron intercambiar sus instrumentos y así comenzó la historia de uno de los guitarristas más virtuosos del rock & roll: Eddie Van Halen.
A mediados de los ’70 y después de haber pasado por varios nombres para su formación, los hermanos unieron sus fuerzas a la del carismático cantante David Lee Roth y juntos decidieron que la banda debería identificarse con el apellido de sus fundadores. En 1978 editaron su álbum debut y eso fue suficiente no sólo para ponerlos en el podio del hard rock, sino para ser catalogados como unos de los pioneros en la materia.
Quizás inspirados en sus maestros de Kiss o en Alice Cooper, los miembros de Van Halen aprovecharon las “guitarras incendiarias” de Eddie y la personalidad explosiva de su cantante para incorporar pirotecnia a sus shows y acá es donde entra la cláusula de los “M&M”: convertidos en una de las bandas más populares de Estados Unidos, decidieron llevar ese modelo de shows a ciudades donde pocas veces habían aterrizado producciones de semejante tamaño.
En ese contexto incluyeron en los contratos una cláusula que a primera vista pudo haber parecido absurda, pero hoy en día es un gran ejemplo de cómo ser astutos en el “showbusiness”. La cláusula 126 decía expresamente: “No habrá ningún M&M marrón en la zona del backstage, bajo pena de cancelación del recital y pago total de gastos en favor de Van Halen”.
Los famosos M&M eran parte de los contratos de Van Halen. Foto: APEsto no es una publicidad encubierta de un chocolate, sino una anécdota que el propio David Lee Roth contó en su libro autobiográfico Crazy from the Heat (1997, Editorial Hyperion) y más tarde lo ratificó en una entrevista. El cantante reveló que no se trataba de un simple delirio de grandeza, sino que era una prueba para confirmar que los productores habían leído detenidamente el contrato y podían garantizar una puesta en escena segura.
Para esa época, Van Halen ya no viajaba con un puñado de guitarras y amplificadores. Según el músico, la gira se trasladaba por Estados Unidos con nueve camiones de 18 ruedas cargados de equipos cuando la mayoría de las bandas necesitaba apenas tres. El montaje incluía toneladas de estructuras metálicas, un complejo sistema de iluminación, enormes equipos de sonido, efectos especiales y pirotecnia. Cada escenario debía soportar un peso específico y cumplir con estrictos requisitos eléctricos y de seguridad.
Por eso, en lugar de ir a chequear toda la logística, al llegar al lugar tan sólo se fijaban en los colores de los confites. “Si encontrábamos M&M marrones sabíamos que no habían leído el contrato con atención. Y entonces podía haber fallos críticos en la estructura o en la instalación eléctrica”, aseguró Roth.
De hecho, también recordó aquella vez que se presentaron en un lugar llamado Pueblo, en Colorado, y se encontraron con que el piso del recinto no soportó la carga de la producción y sufrió daños importantes. Además, cuando David Lee Roth vio el bowl con los M&M marrones, se enojó muchísimo y destrozó catering, vestuario y puertas a su paso, con daños que ascendían a 12.000 dólares.
Y si Van Halen utilizó un puñado de chocolates para evitar accidentes, otros artistas encontraron formas muy distintas de dejar su sello en los contratos. Detrás de cada exigencia hay una historia: algunas responden a cuestiones de seguridad, otras a obsesiones, a la simple construcción de un personaje o, como Paul McCartney, a profundas convicciones personales.
Paul y Linda McCartney llevaron su veganismo a los camarines del rock. Foto: Linda McCartneyDel veganismo al “total white”: detrás de cada solicitud hay una historia
El caso del ex bajista de los Beatles es diferente, no hay trampas ni lecturas entre líneas, tampoco caprichos de rockstar. Paul siempre fue muy abierto al respecto y lo contó en diferentes entrevistas una y otra vez: para él, el punto de inflexión fue en 1975 cuando estaba almorzando con su esposa Linda en su granja de Escocia. Mientras comían un plato de cordero, observaron por la ventana a unos animalitos jugando en el campo. La contradicción entre la escena y lo que había en sus platos los impactó tan profundamente que decidieron dejar de comer carne.
Con el correr de los años, McCartney empezó a difundir el discurso ambientalista que -entre otras cosas- sostiene que reducir el consumo de carne es una de las maneras más efectivas de disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero, por lo que comenzó a aplicar lo que él mismo divulgaba.
Se transformó en uno de los activistas más reconocidos por los derechos de los animales y el cuidado del medio ambiente y sus riders (documento anexo al contrato de actuación donde se detallan todas las exigencias técnicas y logísticas necesarias para poder realizar espectáculos), empezaron a incluir que no haya muebles tapizados en cuero; que no se utilicen pieles; que no haya productos elaborados con animales; catering vegetariano o vegano; flores naturales que permanezcan en el lugar y no sean descartadas al terminar el show.
Jennifer Lopez, de blanco. Mismo color que quería para su camarín. Y si McCartney utilizó su contrato para dejar en claro aquello en lo que cree, otras estrellas eligieron que el camarín hable por ellas. En el universo de las divas del pop, la ambientación también forma parte del espectáculo y hay dos que a lo largo de los años se destacaron por compartir una particularidad: quieren sus camarines completamente blancos.
La primera a la que se le conoció esta solicitud fue Jennifer Lopez, que allá por los 2000 comenzó a exigir que todo a su alrededor fuera de este color para relajarse y mantener la concentración. En su lista de pedidos suele figurar que las paredes sean completamente blancas y en caso de no ser posible, que sean tapadas por telas; que hayan sillones y muebles claros y también del mismo que haya rosas (o lirios, según la gira); velas perfumadas; manteles; café recién hecho; agua mineral; frutas y verduras frescas.
En el caso de Mariah Carey, sus pedidos están más orientados al confort que a la relajación. Entre los pedidos que más se repiten aparecen: temperatura ambiente muy específica; humidificadores para cuidar la voz; agua mineral importada; velas aromáticas; flores frescas ( blancas); muebles cómodos; espejos de cuerpo entero e iluminación tenue.
Mariah Carey, fan del “Total White”. Foto: Reuters/Yves HermanEl mito de Mariah Diva y los enanos de Iggy Pop
Entre los riders extravagantes más conocidos se cuenta una anécdota que ubica la superdiva en 2009, en el set de televisión de un reality de canto al que le había pedido que en su camarín hubiera cien palomas blancas, veinte gatitos blancos y una alfombra roja. Aunque nunca se pudo confirmar su veracidad, hay quienes afirman que esa historia contribuyó para construir el mito de “Mariah Diva”. Qué pasó con las palomas y los gatos en el camarín sería tema para otra historia.
En el otro extremo aparece Iggy Pop, que convirtió su contrato en una extensión de su particular sentido del humor.
Entre los pedidos que trascendieron a lo largo de los años figuran un ejemplar del diario USA Today, una buena máquina de café, una revista News of the Weird, un libro del filósofo francés Michel Foucault y hasta siete enanitos de jardín (aunque aclaraba que, si resultaba muy difícil conseguirlos, con uno solo alcanzaba).
Iggy Pop pedía cosas que alimentaban la fama de excéntrico: enanos de jardín para su camarín. Foto: Martín Bonetto Una forma de demostrar que, detrás de un contrato, también hay lugar para el absurdo, la ironía y la construcción de un personaje. Porque, al fin y al cabo, mucho antes de que se apaguen las luces y suene el primer acorde, muchos artistas ya empezaron a contar su historia desde el contrato.



