La mudanza de la cárcel de Devoto: el reclamo histórico del club que se fundó junto al penal y el pedido por un terreno ocupado

El único dato concreto sobre la cárcel de Devoto es que la mayoría de los internos ya fueron trasladados a los nuevos pabellones de Marcos Paz, construidos por el Gobierno porteño. Emplazada en tierras federales, ahora se abre un período de incertidumbre en el que no se sabe qué será de ese espacio si los edificios de la penitenciaría son demolidos. Y una parte de esa parcela es reclamada desde hace décadas por el Club Lamadrid, que ahora ve la oportunidad de recuperar algo que la institución perdió hace décadas.
Se trata de un espacio que está detrás del arco del lado oeste del estadio. Allí funciona un taller que atiende vehículos del Servicio Penitenciario Federal (SPF) y la División Suministros. Se ingresa por Pedro Lozano y tiene uno de sus laterales sobre la calle Bermúdez.
Ya en 2018, cuando el entonces jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, anunció el fin de la cárcel, los socios y directivos del club le dieron visibilidad al tema. Pero no hubo avances hasta ahora, que más de 1.400 internos ya fueron trasladados del penal a Marcos Paz. Por eso en “Lama” no quieren perder el tiempo y recuperar ese lugar, que para ellos es vital para hacer crecer al club.
La historia dice que el predio que da a Bermúdez quedó en manos de la cárcel en 1963. Los socios también sostienen que los vecinos fundadores iniciaron allí las actividades, antes de construir la cancha y otras instalaciones, y que fue donde funcionó el primer buffet y se practicaron deportes. Como lo expresaban en 2018, ahora creen que la devolución de ese predio será el puntapié inicial para el desarrollo futuro no solo del club y también “de la vida social del barrio y los nuevos vecinos”.
Lamadrid está afiliado a la AFA. Fue fundado en 1950, mientras que la cárcel se inauguró en 1927, por lo que convivió con el penal a lo largo de su historia. Todo está reflejado en “Carceleros”, un libro del escritor devotense Marcelo Izquierdo. Cuenta, entre otros relatos, que las socias que disfrutaban de la pileta que había en esa época recibían groserías de todo tipo de los presos, que les gritaban desde las ventanas. También molestaban a los que practicaban deportes, con espejitos con los que, los días de sol, apuntaban hacia los ojos.
Agrega que, durante la última dictadura militar, había helicópteros que aterrizaban sobre la cancha, de los que bajaban presos políticos con las caras tapadas, antes de ser ingresados al penal. Y hay más: es famosa la anécdota del preso que conoció el club desde la cárcel, se enamoró y al salir se hizo directivo.
El proyecto de 2018 estipulaba que, donde ahora está la cárcel, se construirían espacios verdes y edificios de 4 pisos. Pero eran tiempos en los que el Pro gobernaba tanto la Ciudad como el país, y un convenio de traspaso de tierras podía resolverse con un acuerdo sencillo. Ahora es distinto. Una vez que quede vacío, el penal pasa a manos de la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), que decidirá si lo vende o lo demuele.
El predio está catalogado como Urbanización Futura (UF), una categoría que comprende terrenos públicos ocupados por instalaciones o usos que podrían removerse. Y para avanzar con cualquier tipo de proyecto inmobiliario es necesaria una ley de doble lectura de la Legislatura. Una parte de lo obtenido por la venta debería servir para pagarle a la Ciudad la inversión de la construcción de Maros Paz.
Además, según la normativa porteña, el 65% del terreno deberá destinarse a espacio público. Se suma que hay pedidos de que el pabellón séptimo, donde hubo una feroz represión en la que mataron a 65 internos, sea preservado como espacio de la memoria.
Por todos estos trámites, es más que probable que el futuro del predio recién comience a resolverse el próximo año. Aunque teniendo en cuenta que habrá elecciones, las demoras podrían ser más prolongadas. Por lo que el reclamo histórico de los vecinos puede tardar más tiempo en hacerse realidad.
Pero como es un reclamo histórico, vecinos y socios buscan que no pase desapercibido. “Pedimos que se haga una regularización de esos terrenos, que es donde se fundó el club. En los 50 era un descampado que pusieron en valor los vecinos”, dijo Flavio Fernández, actual presidente de Lamadrid.
“Tenemos más de 1.200 socios. Hicimos dos canchas de pádel que están abiertas al barrio, dos de fútbol cinco. Es el club más importante de Devoto y lo que queremos es que nos permitan seguir creciendo y desarrollándonos para la gente”, afirmó el dirigente.
Fernández le cuenta a Clarín que igual que él, que entró al club cuando tenía 3 años y a los 50 lo preside, Lamadrid es una referencia para cientos de vecinos.
“En ese espacio tenemos dos o tres proyectos que tenemos que definir en comisión directiva. Desde la propuesta de hacer un jardín de infantes para que el barrio tenga esa opción, hasta hacer un natatorio. Incluso tuvimos charlas con gente que podría invertir”, relató Fernández.
“Queremos que el club crezca y acompañar el proceso de traslado de la cárcel. Y queremos tener un club listo para brindarle algo a la gente que pueda llegar a habitar la urbanización que se va a hacer enfrente, si es que se hace. Además, estamos al límite con el espacio, por eso necesitamos agrandarnos”, dice y argumenta: “Todo el que creció en un barrio sabe lo que representa un club como Lamadrid, que tiene 76 años de historia”.



