La inesperada prueba de fuego de Messi y la Selección

Además de ganar un Mundial, en los últimos años Lionel Messi había logrado algo casi tan importante como eso: dejar de ser visto bajo el prisma de Diego Maradona, dejar de rendir examen ante su leyenda.

Pero el fútbol tiene muchas vueltas y sitúa a Messi, 40 años después de la gesta maradoniana, ante una inevitable comparación de notable potencia histórica.

¿Qué le falta a Messi tras haber ganado todo en el fútbol? Liderar el un triunfo ante Inglaterra. Y si es heroico, mejor.

Maradona es otra vez la medida, una inesperada prueba de fuego para Messi y todo un grupo que ya no deberían ser puestos en cuestión, tanto es lo que lograron.

Pero medirse a los ingleses es otra cosa, reabre debates porque toca varias de las fibras más sensibles del ser argentino. Alcanza con citar las dos “M”, Malvinas y Maradona, para asomarse a la dimensión descomunal del partido de este miércoles a las cuatro de la tarde en Atlanta.

Cuando en el estadio suenen el Himno Nacional y God save the King, el Mundial 2026 estará ante un momento como ningún otro.

En la tribuna podrá verse a David Beckham, al que le regresará el recuerdo de la trampa en que lo hizo caer Diego Simeone en Francia 98, y estará el propio “Cholo”, claro. Su hijo Giuliano juega en la Selección argentina. Lo de Romeo, el hijo de Beckham, es un tanto diferente: está fascinado con la Argentina de Messi.

El consuelo de Beckham pasa por recordar la victoria de 2002 en Sapporo, la tercera de los ingleses sobre Argentina en los Mundiales. La primera había sido un 3-1 en la primera fase de Chile 62.

El brazalete negro que llevaron este sábado los jugadores en recuerdo a Antonio Ubaldo Rattín remite a la segunda derrota con Inglaterra, el 1-0 en el Mundial de 1966 en Wembley. Con expulsión, banderín estrujado y alfombra de la reina incluidos.

Argentina llega a este sexto duelo mundialista con los ingleses con algo a favor -la garra y la mística que la situaron a las puertas de la final-, y con algo que abre cierto temor, las oscilaciones y bajones del equipo. Eso incluye a Messi, que ante Suiza jugó su partido menos lucido y por primera vez en lo que va del torneo no marcó un gol. O quizás haya que verlo de otro modo: la Selección también puede ganar en este Mundial sin depender de los goles de Messi.

Cada partido, además, es una nueva historia. Con un añadido: los ingleses eligieron que a su selección la dirija Thomas Tuchel, al que nada menos que Jude Bellingham le marcó un límite tras pasar a semifinales. Los periodistas le contaron que el técnico se había manifestado disconforme con la actuación del equipo y la respuesta del jugador del Real Madrid fue demoledora: “Quizá no sepa lo que es jugar en ese tipo de condiciones contra Erling Haaland, [Martin] Odegaard, [Antonio] Nusa y [Alexander] Sorloth”.

Tuchel es alemán, pequeño gran detalle ante el que los medios ingleses hicieron en su momento un escándalo: “Un día oscuro para Inglaterra”, tituló el Daily Mail remitiendo inevitablemente a los bombardeos alemanes de Londres durante la Segunda Guerra Mundial. Los buenos resultados los calmaron hasta casi olvidar la nacionalidad del técnico, pero si Inglaterra se estrella este miércoles, Tuchel volverá a ser alemán.

Argentina no tiene ese problema, no hay diferencias en el grupo, mucho menos tensiones con el técnico, y la sucesión de definiciones épicas con las que viene avanzando en el Mundial tiene las baterías anímicas del equipo tan cargadas, que podrían iluminar unos cuantos estadios.

Las presiones pasan por otro lado. Hay una final mundialista en juego, sí, pero no es una semifinal cualquiera: a la Selección y a Messi los observa, inesperadamente y otra vez, la leyenda de Maradona.

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