La enseñanza de El Principito sobre la felicidad: “Todas las personas mayores fueron al principio niños”

El libro El Principito, no solamente es uno de los más leídos de la historia de la humanidad, sino que posee reflexiones y enseñanzas tan profundas acerca de los vínculos humanos que sigue teniendo una vigencia única. Una de las frases habla de la felicidad de una manera única: “Todas las personas mayores fueron al principio niños“.
Es una verdad tan obvia y profunda, que es imposible que no golpeé en lo más profundo del ser en cada adulto. El libro, escrito por el aviador francés Antoine Saint-Exupéry para olvidarse de la guerra y de sus depresiones, es un cuento infantil que llegó al final de su vida. Era un aviador y escritor muy conocido por sus hazañas, en una época en la que la aviación tenía bastante de aventura.
Piloto de pruebas, había intentado unir sin escalas París con Saigón, pero su avión se estrelló en el Sahara y dieron al escritor por muerto hasta que una patrulla lo rescató. Años más tarde, en su estadía en Nueva York, el escritor terminó El Principito, la historia de ese aviador cuyo avión cae en un desierto, y del niño que, llegado de otro planeta, se acerca y le habla sobre sus fábulas.
“Todas las personas mayores fueron al principio niños”: la reflexión de El Principito
La frase completa es “Todas las personas mayores fueron al principio niños (aunque pocas de ellas lo recuerdan)“, lo que deja aún más claro cómo en la transición a la adultez muchas veces se pierde la capacidad de asombro o inocencia.
En un contexto en el que el mundo cambió y se aceleró de manera única en las últimas décadas, una reflexión para volver a las raíces y recuerdos de la infancia nunca puede estar de más, sino que resulta una invitación a encontrarse con algo olvidado o que se dejó de usar.
Particularmente, esta frase puede interpelar aún más a aquellos que son padres o tienen niños a cargo, ya que ponerse en el lugar de los niños es complicado. Si pensamos en que todos alguna vez lo fuimos, y rememoramos la mirada de los mayores en aquella instancia, puede servirnos para cambiar formas aprendidas que quizás no son las mejores para relacionarse con los más chicos.
Es que la rutina, las responsabilidades económicas y las presiones de lo diario suelen alejarnos de eso que nos pasaba en la infancia. Cuando Saint-Exupéry recuerda en su obra que todos fuimos niños, no lo hace por pura nostalgia o melancolía, sino como un llamado de atención.
Lo esencial no es material, la felicidad no se encuentra en acumular cosas, sino en rescatar la pureza de la mirada de los niños. Enfocarse en lo realmente importante, los sentimientos.
Para él, volver a mirar el mundo con ojos de los más chicos implica recuperar la curiosidad, el juego perdido, la capacidad de conectarse del todo con lo que se está haciendo en ese instante. Dedicarse el tiempo de no pensar en otras cosas más allá de lo presente.
Poder jugar con niños de manera más pura es volver a la infancia, alejado de preocupaciones, sin prejuzgar. Aunque sea por un rato, es necesario recordar siempre que fuimos pequeños.
Recordar que fuimos niños es un puente hacia la empatía. Nunca dejaremos ya el mundo adulto, pero sí podemos recordar, hacer consciente que fuimos niños, para tener una herramienta para abrazar nuestras vulnerabilidades y una guía para recordar que la verdadera felicidad está en lo simple.



