El Niño y las crecientes del Paraná: qué antecedentes existen y qué podría ocurrir frente a San Pedro
Los principales centros de monitoreo climático del mundo siguen con atención la evolución del fenómeno de El Niño, que este año podría presentarse con una intensidad excepcional y tener impacto sobre gran parte de Sudamérica durante la primavera y el verano.
El Niño consiste en un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial. Ese incremento térmico genera una mayor evaporación y altera la circulación atmosférica, favoreciendo lluvias abundantes en distintas regiones del continente americano, incluida la cuenca del río Paraná.
A partir de estos pronósticos surge una pregunta inevitable en ciudades ribereñas como San Pedro: ¿existe una relación directa entre los eventos fuertes de El Niño y las grandes crecientes del Paraná?
Los antecedentes históricos muestran que sí existen coincidencias importantes, aunque los especialistas aclaran que no siempre hay una correlación automática. Las precipitaciones intensas en la alta y media cuenca del Paraná suelen coincidir con los períodos naturales de crecida estacional del río, potenciando el volumen de agua que desciende hacia el tramo inferior de la Hidrovía.
La crecida de 1983 continúa siendo el ejemplo más recordado y devastador. Asociada a uno de los “Súper Niño” más intensos registrados, el hidrómetro de San Pedro alcanzó los 5,75 metros, el mayor nivel documentado desde 1900 hasta la actualidad. Las inundaciones se extendieron durante meses y afectaron severamente a poblaciones ribereñas e isleñas.
Otro antecedente importante ocurrió en 1991-1992, también bajo condiciones de El Niño. En aquella oportunidad el río llegó a 5,10 metros frente a San Pedro y generó inconvenientes de magnitud. Vecinos recuerdan que en algunos sectores de la avenida costanera podía circularse en lancha.
En 1965-1966, otro evento intenso del fenómeno coincidió con una creciente que alcanzó los 5,08 metros. Las lluvias extremas en toda la cuenca generaron desbordes y daños estructurales, incluido el derrumbe del antiguo muelle principal del puerto local y severas afectaciones en ciudades como Santa Fe.
El episodio de 1997-1998, otro “Súper Niño” considerado térmicamente tan fuerte como el de 1982-1983, tuvo un comportamiento diferente. Aunque el Paraná llegó a 4,82 metros frente a San Pedro e inundó sectores costeros y zonas isleñas, las lluvias más severas se distribuyeron de otra manera en la cuenca, permitiendo una evacuación menos agresiva del caudal hacia el Paraná inferior.
Más reciente fue el fenómeno de 2015-2016, también un “Súper Niño”, cuando el río alcanzó 4,20 metros. En ese caso, el impacto más severo se produjo en el Paraná medio, especialmente en Corrientes y Chaco. En el tramo inferior, factores como la regulación de represas y la situación de arroyos y humedales atenuaron parcialmente los efectos.
San Pedro se ubica en el Paraná inferior, una zona donde el río pierde velocidad y deposita sedimentos que dan origen al delta, riachos y humedales. Esa geografía natural suele amortiguar parte del caudal, aunque las características isleñas y costeras mantienen el estado de alerta ante cualquier escenario de lluvias extraordinarias.
Los especialistas señalan que el comportamiento futuro dependerá principalmente de lo que ocurra en la cuenca superior y media del Paraná, además del estado de los afluentes y humedales. Si esos sistemas llegan con niveles bajos o “sedientos”, podrían absorber parte del excedente hídrico y moderar la crecida aguas abajo.
Por eso, aunque la presencia de un “Súper Niño” genera preocupación y mantiene bajo observación a toda la región ribereña, todavía resulta prematuro anticipar una inundación extraordinaria como la de 1983. Más cuando la bajante del río en todo su curso es pronunciada. Sin embargo, la experiencia histórica demuestra que los eventos más intensos de El Niño han coincidido, en varios casos, con algunas de las mayores crecientes del Paraná frente a San Pedro.
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