El heladero vende algo que no tiene a gusto a nada, ni siquiera terror

Hay algo en lo que seguramente todos coincidamos. Lo peor que le puede pasar a un helado es tener gusto a nada. Derretirse rápido. Dejar un gusto desagradable en la boca. Todo eso lo tiene El heladero, la nueva película del ex enfant terrible del terror Eli Roth.
Hoy en día, para que una película de terror asuste, o al menos nos haga pasar un momento agradable, si cabe el término, o pasatista tiene que tener algo de ingenio. Pero si lo que mejor puede idear Eli Roth en El heladero es a unos chicos destazando la cabeza de un maestro de escuela, sacándole el cerebro y hacérselo comer…
Como que Roth, que como actor lo vimos en Bastardos sin gloria, de Quentin Tarantino, tuvo “su” momento en el que se lo idolatraba por Cabin Fever (2002) u Hostel (2005), películas de jóvenes que caían en lugares desagradables y las películas estaban llenas de torturas.
Vaya uno a saber si Roth escribió el guion de El heladero antes o después de que se desarrollara o estrenara La hora de la desaparición, en la que los alumnos de un colegio se convertían, de la noche a la mañana, en asesinos.
Un vendedor de helados llega a un pueblito, reparte sus productos y todos aquellos niños que lo comen, se convierten en una suerte de zombis asesinos, que no tardarán en despertar y matar con una malévola sonrisa en su rostro anchado de helado a sus padres de las maneras más ridículamente horribles, aplastándoles los rostros, cortándolos en pedacitos, la atrocidad que usted no se le ocurrió, a Roth, sí.
Pero ¿no hay salvación posible, más que correr e intentar escapar de los chicos golosos?
Por suerte, a uno de los chicos del cole no le cae bien la lactosa, así que no come helado. Y a su hermana adolescente, que sí lo probó, le provoca solamente una parálisis. Para los teenagers la cuestión es vomitar, y santo remedio.
Las vueltas de la trama, que no vamos a develar por si a algún lector le dan ganas de ver la película, intentan una explicación del actuar, del por qué el heladero de delantal blanco y bigotito hace lo que hace.
Por qué Eli Roth (que es el padre del niño intolerante a la lactosa) hace lo que hace es otro tema. Lo suyo no fue pensar en personajes más o menos creíbles, que hagan cosas mínimamente convincentes, sino en una carnicería de tripas con sangre berreta, diálogos imposibles y una producción mínima.
Hay discriminación hacia todos lados, desde la discapacidad hasta la bulimia, un uso de la Inteligencia Artificial más que notoria, en fin, todo lo suficientemente repulsivo como para pasar por la vereda de enfrente del cine en que exhiben El heladero.
Ah, por si la ven, hay una escena postcrédito. No vale la pena quedarse, pero si aguantaron hasta el final de la película, no les cuesta nada.
Horror. Estados Unidos / Canadá, 2026. Título original: “Ice Cream Man”. 86′. De: Eli Roth. Con: Charlie Zeltzer, Ari Millen, Darrin Baker, Benjamin Byron Davis. Salas: Cinemark Palermo, Dot y Unicenter, Showcase Norcenter, Haedo y Quilmes.



