El enigmático universo de la hipnosis: usos en salud física y mental y el mito que la rodea; “el control lo tiene uno”, dice un experto
El péndulo, el sujeto que cede voluntaria o involuntariamente los controles de su conciencia, hasta llegar a ser dominado, pasando a ser ya no un sujeto sino un objeto del hipnotizador.
Esta imagen, tan difundida, es solo una muestra de que la hipnosis es de las prácticas más estereotipadas, representada tanto en dibujos animados, como espectáculos de mentalismo, películas, series y libros.
No tan difundido está, en cambio, de qué se trata la hipnosis en realidad, y los usos que tiene para regular la ansiedad, el dolor y la percepción de la respiración en el ámbito clínico, como ejercer un control cognitivo que permita cambiar conductas.
Hernán Anllo se define como científico cognitivo interesado en la percepción, la sugestión y la influencia social.
Una vez recibido de lingüista en Buenos Aires, su campo de interés fue el cerebro y el lenguaje, por lo que realizó seminarios doctorales de Filosofía de la mente, Psicología y Medicina; un camino que lo llevó a trabajar en el laboratorio de Neurociencia Integrativa del reconocido neurocientífico Mariano Sigman.
Como máster en neurociencia cognitiva, y doctor en psicología comportamental y ciencia cognitiva, es jefe del grupo Lenguaje, Cognición, Computación y Respiración en el hospital Hospital Pitié-Salpêtrière, en París. Allí se ocupa de “mecanismos de influencia” en personas sanas y enfermas, en particular con problemas respiratorios.
Desde ese campo trabaja con -y ha publicado papers sobre- hipnosis, como parte de su investigación, más amplia, sobre control cognitivo, “es decir, cuando se puede, a través de la propia voluntad o experiencia, orientar las señales perceptuales de bajo nivel, como reorientar lo que sentís, cómo percibís la realidad a tu alrededor”, clarifica, en diálogo con Clarín.
Ahora bien, ¿cómo se vinculan los problemas respiratorios con la hipnosis y el control cognitivo? “De todas las señales autónomas que tiene el cuerpo, como el ritmo del estómago o el del corazón, la respiración es la única que se puede controlar. Y justamente a través de la respiración uno se puede autorregular”, explica.
Hernán Anllo es máster en neurociencia cognitiva, y doctor en psicología comportamental y ciencia cognitiva. Vive y trabaja en París. Foto gentileza.Inmediatamente, vincula todo: “esto se relaciona con lo que a mí me interesa en lo referido al control cognitivo y la autorregulación: poder justamente tratar de modular y controlar toda la influencia que viene de afuera, que se puede reinterpretar y cambiar”. Por eso, la hipnosis con pacientes respiratorios.
A partir de este bagaje, Anllo conversó con este diario sobre sobre los mitos y la desconfianza que rodea a la hipnosis y acerca de los usos que actualmente tiene: qué es, cómo puede aplicarse a la medicina y a la psicología, y en qué casos.
—Hay muchos mitos alrededor de la hipnosis. ¿Cómo la definirías?
—La hipnosis tiene una suerte de doble vida, es una misma palabra que se usa para dos cosas distintas. Por un lado, la cuestión del imaginario popular, en las novelas, en la literatura, que según la cultura adquiere distintas maneras, pero básicamente sería lo que sirve para poder controlar a otra persona.
Por otro lado, la corriente de médicos que arrancó entre Inglaterra y Francia, sobre todo Francia, por Charcot [N. De la R.: Jean-Martin Charcot, neurólogo francés del siglo XIX] , donde planteaban, en línea con Freud, que con la palabra se puede curar, e indagar en cómo es esto de hacer terapias hablando.
Cuestiones que justamente hoy, en el hospital donde trabajo casi dos siglos después, abordamos: ver de qué manera podemos usar el lenguaje para proponerle a la gente que se autorregule y no sienta lo que siente, sino otra cosa.
Este es el origen. Luego, la práctica evolucionó, de hecho en los hospitales se usa bastante, y en el medio clínico la hipnosis difícilmente sea considerada como algo como lo que vemos en los dibujitos, que viene alguien y pone un péndulo, controla al otro y te dice, “ahora sos un pollo” y la persona baila como un pollo.
Justamente lo más probable es que sea al revés: un terapeuta que guía al paciente y lo trata de ayudar para que encuentre la manera de poder, a través de su imaginación y de su control cognitivo, poder sentir ciertas cosas que de otra manera no podría.
—Hablaste de autorregulación, pero en la hipnosis, ¿la persona está en sí o está fuera de sí?
—En la hipnosis, en realidad, la persona está en sí, o sea que cuando a vos alguien te hipnotiza, lo que está haciendo es ayudándote a que vos te autohipnotices. El control lo tenés vos, como en cualquier cuadro terapéutico: si pensás, en una sesión de terapia lacaniana clásica, también tenés el control, pero hay una parte de tu control que se lo cedés al terapeuta.
—Sí, por medio de la transferencia, ¿no?
—Por medio de la transferencia, claro. Yo estoy en otra vereda, la vereda cognitivo conductual, pero pasa algo parecido. Cuando vos vas a ver a un terapeuta cognitivo conductual y le decís, “estoy deprimido”, y el terapeuta te dice “a partir de ahora todos los días te levantás a las 7, hacés la cama y te bañás”, ahí también hay una parte de tu control que vos estás entregando.
— Hay cierta vulnerabilidad que se pone en juego, y uno, en algún punto, está sujeto a eso…
—Y que vos podés en todo momento abandonarla. Con la hipnosis pasa algo parecido. Hay gente que es muy susceptible a la hipnosis y que se entrega por completo a ese ejercicio. Y puede pasar que la persona esté más vulnerable y el locus de control (concepto del campo de la Psicología clásica que se refiere a dónde pone el sujeto el control de los acontecimientos) esté un poco más afuera. Pero por lo general, en una práctica de hipnosis médica ética, eso difícilmente pase. Siempre el control lo tenés vos y el terapeuta te va ayudando a encontrar las sensaciones, pero el que hace el trabajo sos vos.
Si bien la hipnosis tiene este componente disociativo, para la fenomenología de la hipnosis, para lo que significa, es importante que uno sienta que las sensaciones vienen de afuera. Pero el que está haciendo el ejercicio de generar esas sensaciones que vienen de afuera es uno mismo. Ahí es donde está la paradoja de la hipnosis, si se quiere.
—¿Cómo es el proceso mediante el cual un terapeuta o un profesional hipnotiza a alguien? ¿Tiene algún anclaje la imagen famosa del péndulo, o es exclusivamente mediante la palabra?
—Técnicamente no se usa el famoso péndulo, no se hace así de ninguna manera en ningún hospital. Hay un montón de estudios que demuestran que hay distintas formas de inducir la hipnosis, si bien todo lo que yo te voy a decir está siendo muy discutido y muy analizado.
Se suele hablar, en general, de dos etapas: la inducción y la sugestión. La inducción va a ser todo lo que el profesional pueda hacer para tratar de ayudarte a vos a entrar en un estado de foco atencional, en el que puedas controlar tu atención completamente y que le prestes atención a lo que vos quieras o a lo que yo te diga, combinado con cierto nivel de disociación.
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Cuando yo digo disociación, muchas veces la gente se asusta porque dice, “¿cómo disociación? Si mi cuerpo es mío, mi mente es mía”. Pero, puede pasar, la disociación forma parte de la condición natural. A cualquiera le puede ocurrir que mientras está muy concentrado mirando una obra de teatro, alguien lo pisa y ni se da cuenta. Y uno podría decir, “¿pero qué pasa? Me pisaron y no lo sentí”. Y eso sucede porque tu foco atencional está en la obra de teatro, entonces el feedback sensorial que viene de tu pierna no lo sentís. O sea, es como que te disociaste de tu pierna.
Luego, hay otra escuela que dice que la inducción se trata más bien de un contexto social que hace que la persona se disponga a seguir todas estas instrucciones. Y ahí es donde entramos con la cuestión vinculada al efecto placebo, esto de que se “baje la guardia”, se advierta que se está en un contexto médico, se siguen las instrucciones porque se tiene la expectativa y el deseo de curarse y estar mejor, lo que genera una especial predisposición.
Creo que la inducción es una combinación de estas dos cosas.
—¿Cómo se lleva a cabo esa inducción, es entonces mediante la palabra?
—Es mediante la palabra y rutinas comportamentales. Hay muchas técnicas distintas, pero se pueden proponer ejercicios de atención donde se pide que la persona se concentre en una cosa y en la medida que más se concentra, más vas entrando en el estado hipnótico.
Es muy importante ser claro con las instrucciones que se dan, porque también el problema es que justamente por esta doble vida que tiene la hipnosis como ícono popular, cuando uno le dice a alguien que lo va a hipnotizar, se suele imaginar la hipnosis del espectáculo.
La hipnosis puede llegar a ser una herramienta utilizada en una psicoterapia para una cuestión puntual. Foto ilustración Adobe Stock.La persona que hace hipnosis médica tiene que tratar, en la inducción, de despejar todo eso, y aclarar “acá nadie te va a controlar, no te vas a quedar dormido, no vas a tener una amnesia, pero sí quiero que te concentres solamente en lo que vamos a hablar ahora, quiero que vayas haciendo un ejercicio progresivo de hiperconcentración en lo que yo te voy proponiendo, te vas a concentrar en el feedback de tu cuerpo: cómo está tu respiración, cómo están tus músculos, te vas a relajar un montón para apagar todo eso y concentrarte específicamente en lo que estamos hablando”.
Y esto es estratégico también, porque si una persona pide hipnosis porque le duele el brazo y quiere que le deje de doler, cuanto más se pueda separar a esa persona de la sensación del dolor, más fácil después va a ser cuando entre en la sugestión, que es cuando la persona se siente hipnotizada, como que está en otro lugar. Ahí es cuando uno le dice “ahora vas a sentir que no te duele más el brazo”. Y en función de su susceptibilidad hipnótica, eso va a funcionar más o menos, y por ahí de repente el dolor se vaya.
—¿Qué usos tiene hoy día? ¿En qué casos se hipnotiza a alguien o se propone a la gente ser hipnotizada?
—Podemos pensar en dos grandes familias. La hipnosis en el marco de una psicoterapia, por ejemplo la cognitivo-conductual, en donde se proponga hacer de hipnosis para ver si eso ayuda a destrabar algún conflicto.
Vale aclarar que no es con el objetivo de que se ponga a navegar tu inconsciente, sino simplemente porque con tu colaboración a través del ejercicio de hipnosis quizás vos puedas destrabar alguna traba comportamental, un comportamiento en el que reincidís y con la hipnosis, por ejemplo, te ayudan a parar.
El ejemplo más conocido es para poder dejar el cigarrillo. Acá en Francia se usa y funciona bastante bien.
—¿Tiene algún otro uso difundido en salud mental?
—Sí, en el marco hospitalario, por eso ahí ya salimos del gabinete del psicólogo y nos metemos en el hospital. Y ahí diría que la hipnosis tiene, por lo menos acá en Europa, y en Estados Unidos también, aunque depende de donde vayas; dos grandes usos.
Uno es el uso anestésico: hay mucha gente que no tolera la anestesia, y se hacen intervenciones de hipnosis para usar menos anestesia y a veces, incluso, nada. Y funciona muy bien, tengamos en cuenta que la anestesia es un coma tóxico, o sea que para reponerse, la persona demora mucho tiempo. Y quienes usan menos anestesia, o hacen anestesia más hipnosis o solo hipnosis, tienen postoperatorios mucho más cortos, se recuperan mucho más fácilmente. Por eso, se lo utiliza mucho para todo lo que tiene que ver con dolor.
Y el otro gran uso es para medicina respiratoria, porque hay cada vez más y más papers que muestran que cuando vos estás mal de la respiración, no se trata necesariamente de la mecánica de la respiración, sino cómo vos sentís la respiración.
De hecho, dos pacientes tienen exactamente la misma mecánica respiratoria, la misma oxigenación, y uno te dice, “me ahogo, no puedo más”, y el otro te dice, “me siento bien”.
—O sea, es psicológico.
—Hay un componente cognitivo, psicológico, nosotros le decimos interoceptivo: cómo vos sentís tu cuerpo, y la hipnosis es muy buena para cambiar cómo vos sentís tu cuerpo. Entonces con la hipnosis para modular la ansiedad respiratoria, logramos que a los pacientes les baje muchísimo la ansiedad, mucho más que con los fármacos incluso, y que les mejore la fisiología respiratoria, porque se calman y respiran mejor.
—¿Y por qué creen que respiran mal si están respirando bien? ¿Hay alguna hipótesis o es algo individual, más subjetivo?
—Hay muchas hipótesis. Es un tema de mucha actualidad, porque estamos llegando recién ahora, desde fines del año pasado, a poder plantear esta pregunta con entidad. ¿Por qué hay gente que cree que respira mal si en realidad respira bien? ¿Y respira realmente bien si siente que respira mal? Justamente estamos empezando a meternos en el mundo de la cognición respiratoria, de entender la señal respiratoria, y esto de que vos no puedas sentir cómo respiras, se descalibran otras sensaciones corporales, no solamente la respiración.
Se considera que puede haber lo que se llama un error de predicción interoceptivo. Se está analizando si en la enfermedad respiratoria crónica, el cerebro y la mente pierden esa capacidad de estimar “dónde estás respiratoriamente”, entonces ahí se descalibra todo: ya no sabes si estás ahogado, o si no estás ahogado. Y un sufrimiento respiratorio chiquito puede parecer enorme, y uno enorme parecer chiquito. Porque también tenemos lo opuesto: gente que le medís la oxigenación y decís, ¿cómo está caminando esta persona? Y te dicen, “yo me siento bien”.
Se está empezando a evaluar que haya un impacto en este sentido, que cuando vos desarrollás un problema respiratorio crónico, toda tu interocepción se altere. Como si se rompiera el mecanismo que te permite sentir lo que le pasa a tu cuerpo.
—¿Hay que ser candidato para que se use esta herramienta? ¿Qué pasa con las personas a las que les cuesta soltar el control?
—En la hipnosis de laboratorio hace 30 años que se dice que la gente tiene de manera natural una susceptibilidad hipnótica, que se puede medir, de hecho hay diccionarios para medirla y se ven personas más o menos sensibles a la hipnosis. Pero, de manera reciente, se va empezando también a problematizar eso porque, por ejemplo, en el hospital hay un montón de gente que se supone que no es sensible a la hipnosis, pero luego funciona muy bien.
Quizás esa persona en ese contexto pudo soltar el control lo suficiente porque estaba asustada, porque se quiere curar, porque confía mucho en el médico, porque siente que no tiene nada que perder, porque se quiere sentir mejor.Y ahí es donde justamente estos teóricos dicen que la hipnosis es más un trabajo de psicología social.
Hay gente a la que le cuesta más soltar el control, por supuesto, pero volvemos al ejemplo de la terapia conductual o de la psicoterapia, de la gente a la que le cuesta más la transferencia.
Suele usarse para cambiar comportamientos, como dejar de fumar. Foto Ilustración Adobe Stock.En una sesión de hipnosis en un hospital o con un terapeuta serio no hay hipnotista, hay un médico clínico, un psiquiatra o un neumónologo, que te va a practicar una sesión de hipnosis.
Yo siempre doy el mismo mensaje, que me parece muy importante para quienes quieran hacer hipnosis y están buscando con quién. Y pongo la siguiente situación hipotética: si yo te digo, “el carnicero de la vuelta de mi casa es un maestro del escalpelo. No sabés qué bien que lo usa, corta carne hace 30 años. Y si no, tengo un cirujano. ¿Con quién te querés operar? ¿Con el cirujano o con el carnicero que usa re bien el escalpelo?” Lo siento, con el cirujano.
Esto es lo mismo. Cuando una persona te diga, “soy hipnoterapeuta”, francamente yo recomiendo no ir con esa persona. No te atiendas con una persona que no te podría tratar sin hipnosis el problema que tenés. Si la persona a la que vos vas a ver no te puede proponer una solución no hipnótica a tu problema, entonces no le aceptes una solución hipnótica. Porque hay gente, acá en Francia hay un montón, que por ahí eran ingenieros informáticos y después se reconvirtieron en la hipnosis haciendo un cursito de seis meses. Y no están para ocuparse de la salud mental de nadie.
—Dándole algún anclaje al temor que puede generar, ¿cuáles son los riesgos de la hipnosis, realizada incluso con un profesional idóneo?
—No hay riesgos. Todos los estudios que se han hecho para ver si la práctica de hipnosis podía tener algún problema, han demostrado que los problemas son más o menos anecdóticos. Sí puede generar sensaciones incómodas, en el sentido de que como es una terapia muy poderosa y muy profunda, por ahí, si vos sos una persona que, sin darte cuenta, estás todo el tiempo pensando y llevando situaciones muy difíciles que viviste, en una sesión de hipnosis te podés encontrar confrontado a eso.
—Con el pasado o una situación de angustia que estés viviendo. Lo que te puedo decir es que, por lo general, es terapéutico. O sea, cuando vos vivís eso, después te sentís mucho mejor.
Pero sí te puede pasar que alguien diga “vine a hacer hipnosis para dejar de fumar y no puedo parar de llorar. ¿Qué pasó?” Bueno, si resulta que estoy triste y deprimido, y no puedo parar de fumar, la hipnosis te confronta con esto. Ese es el único riesgo real.
Después hay algunas poblaciones donde se recomienda precaución, como cuando hay desórdenes que se acercan a la psicosis o a la esquizofrenia, no sería recomendado hacer hipnosis porque se trata de una persona que está bastante disociada de la realidad, y no sería conveniente proponer ejercicios donde se distancie todavía más.
Pero, si vos sos un deportista y tu deportólogo se formó en hipnosis y usa hipnosis en el contexto del deporte para ayudarte a relajarte antes de los partidos, no hay ningún problema.
—¿Además de para dejar de fumar, para qué situaciones puede usarse en el marco de una psicoterapia?
—Insisto: primero, ojo, porque hay gente que se promociona como hipnoterapeuta y un montón de gente ve por la tele que en las series de Netflix hay hipnosis y van directamente a ver a un hipnoterapeuta. Yo digo, cuidado.
Respecto a los usos, se ha usado para un montón de cuestiones: dolor crónico, como terapias complementarias, por ejemplo, si alguien está con ansiedad, se puede hacer medicación más hipnosis o solo hipnosis, pero de vuelta, si vos tenés ansiedad, te la tenés que tratar con una persona competente.
En ese marco, ansiedad, ansiedad social, estrés post traumático, depresión, dolor crónico, modificar rutinas comportamentales. Es una herramienta bastante flexible que se puede usar para muchas cosas.
— Acceder a perspectivas nuevas, cambiar comportamientos o formas de pensar muy rígidas; muchas de las cosas que decís se vinculan con el impacto de los hongos psilocibios en la salud mental. ¿Encontrás alguna vinculación?
—Esto tiene mucha relevancia, y es exactamente así. De hecho, hay terapeutas y hay una línea de investigación también bastante reciente, que propone que la hipnosis puede ser un acceso a la psicodelia sin sustancias. Y que todos los efectos terapéuticos que obtenés de la psicodelia podrías potencialmente obtenerlos de la hipnosis sin consumir sustancias, si a través de ese ejercicio podés llegar a un lugar parecido.
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