Calendario electoral: el reloj ordena el mapa político

Nada mejor que el calendario para disipar la incertidumbre electoral. Eso explica la secuencia de movimientos que buscan afirmar el cenagoso terreno de las presidenciales de 2027. La incertidumbre también produce ansiedad anticipatoria.

Todos quieren claridad hoy cuando solo reina la oscuridad y la confusión, entorno fatal de la política. Se apura el gobierno que quiere pactos ya, se apura la oposición que quiere descartar competidores, se apura la justicia que no quiere perder el control.

En el juego de póker seguramente van a ganar los expertos en la lentificación, la ciencia y arte del legendario cartomago René Lavand. El futuro es para quienes resisten la exposición a la incertidumbre durante largo tiempo.

El martes próximo el Senado reabrirá el debate sobre la reforma política que tiene como eje, para el oficialismo, la suspensión de las primarias PASO. Es una fantasía creer que un resultado electoral depende del sistema electoral que se aplique.

La Argentina no ha escapado a la confrontación de dos familias políticas – peronismo y no peronismo -, con cualquiera de los sistemas que se hayan usado.

Se discuten, en realidad, los pactos a los que puedan llegar las fuerzas, y de lo que acuerden hacia adentro depende que después se toquetee el sistema electoral. El pactismo es la piedra basal del sistema político. Ganan quienes pueden concertar entendimientos y pierden los cismáticos.

Lo ilustra la experiencia de la comuna de Marcos Juárez, Córdoba. Pasó en una década de ser la cuna de Juntos por el Cambio a ser la tumba de esa coalición. El domingo pasado ganó el peronismo con algo más de 6.100 votos. Es el misma cantidad que había sacado en anteriores elecciones, cuando perdió ante la alianza de sus adversarios. Como en estas elecciones estos se dividieron, el peronismo, con lo mismo que tuvo antes, ganó la comuna para el candidato Germán Font.

Aliados insistirán con ficha limpia

En el Congreso hay votos tanto para mantener la vigencia de las primarias como para suspenderlas o anularlas. Si no ocurre pronto es porque es prematuro hacer acuerdos políticos para 2027 con la foto de hoy. Es lo que querría el gobierno que sus aliados hicieran, que se apuraran a pactar condiciones.

Nadie lo hará y menos con un oficialismo que no parece tener hasta ahora una idea cierta de cómo logrará que Javier Milei reelija cuando no tiene partido, ni legisladores ni gobernadores.

Depende (desde el origen y hasta ahora) de fuerzas que le han prestado el voto y hasta programas de gestión. Es difícil que logre que alguien quiera firmarle un acuerdo en este momento, cuando no se conoce ni estrategia ni táctica para que el gobierno se despliegue en el tiempo.

La Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado retomará este martes la reunión que había pasado a cuarto intermedio el 23 de agosto pasado y que tiene como asunto el proyecto oficial de reforma.

Contiene no solo la eliminación de las PASO; también modifica el sistema de aportes de campaña y los requisitos para que un partido pueda tener personería. Implicarán una zaranda en todos los distritos, que buscan reducir la oferta electoral y resguardar la existencia de las marcas nacionales.

La cita puede ser escenario de un cohetazo pírrico. El menú incluye seguir con el debate del proyecto oficial que explicó en agosto pasado la exdirectora Nacional Electoral Luz Landívar – hoy asesora de Diego Santilli-.

Pero los partidos de la oposición amigable aprovecharán esa reapertura para pedir que se agreguen al tratamiento todos los proyectos de reforma que tienen estado parlamentario.

Los que más interesan a los aliados de la UCR y el PRO son los que piden que se apruebe el capítulo de ficha limpia, una iniciativa que perdió estado parlamentario tras ser aprobada en Diputados en 2025 y rechazada en el Senado.

Esos amigos del gobierno están juramentados a volver a la carga. Es otro problema que complicará la ya lesionada relación entre el bloque de LLA en el Senado con sus aliados. Ni el gobierno ni el peronismo quieren que prospere ese proyecto; éste ha bloqueado iniciativa argumentando que es una norma para perseguir opositores.

A quién le conviene adelantar la reforma electoral

A estas señales sobre el debate electoral hay que agregarle la acordada de la Cámara Nacional Electoral para presionar al Congreso a que adelante cualquier definición sobre el sistema electoral. Es una decisión exhortativa, no una sentencia. Cita documentos de las organizaciones internacionales que aconsejan que cualquier reforma se haga por lo menos seis meses antes de las elecciones.

El año pasado, las PASO se suspendieron en febrero, en sesiones extraordinarias y cuando faltaban unos seis meses para la fecha en que se debían formalizar las candidaturas.

¿A quién le conviene esta intimación a que se decida ya mismo si habrá o no reforma electoral? A los candidatos o agrupaciones que tienen la intención de participar por fuera de la esperable polarización entre el gobierno nacional y el de la provincia de Buenos Aires – de un lado Milei y del otro el tándem Cristina-Axel.

Fuera de esa polarización eventual, se mueven otras agrupaciones que querrían saber cuánto antes si habrá reforma o no, para comenzar a definir sus estrategias.

En el oficialismo, una Patricia Bullrich, por ejemplo, debería festejar esa mano que le da la Cámara Nacional Electoral para que se despeje ya mismo la incógnita. También les interesa a manifestaciones de la centro derecha moderada, que acumula candidaturas: Victoria Villarruel, Hernán Lacunza, Jorge Brito, etc.

No es lo mismo para ellos que haya un lema que busque aglomerar todas las expresiones del no peronismo, a que se abra una disputa entre agrupaciones que deberían competir divididas. El mismo efecto tiene sobre la oposición. En particular sobre las fracciones del peronismo que se desmarcan del peronismo del AMBA.

El sector que buscó una extravagante exaltación de José Manuel de la Sota como gozne de unidad ensaya una alternativa al eje Cristina-Axel. Quienes confían en las gestiones iniciadas ante organismos internacionales para rehabilitar a Cristina esperan que una decisión pronta les aclare si deben buscar un candidato que los represente o deberán seguir atentos al protagonismo de una Cristina candidata.

Parece ilusorio que esto pueda ocurrir, pero mientras siga abierta la puerta internacional, la presidenta seguirá manteniendo poder de decisión. Para Axel, Massa o algún otro postulante no es lo mismo que haya o no haya PASO.

Patricia, experta en finales complicados

En esta reactivación de las sesiones de Asuntos Constitucionales también ha actuado Patricia Bullrich. Preside la comisión el fueguino Agustín Coto, quien viajó este fin de semana a su provincia acompañando al canciller Pablo Quirno y al ministro de Defensa Carlos Presti para jalear la creación de otra base militar.

Patricia justificó que se hiciera esa reunión sin que haya acuerdos, para conversar con invitados sobre qué acuerdos pueden lograr en otros temas, como financiamiento y reajuste de la oferta electoral. Para discutir las PASO, cree, ya habrá tiempo y depende de pactos extra legislativos.

Esta intención se sintoniza con la acordada de la CNE, que pareciera haber escuchado la inquietud de Patricia sobre la necesidad de definir el cuadro electoral lo antes posible. La senadora tiene experiencia en el síndrome del último año, cuando los gobiernos naufragan. Como diría José Martí, conoce al monstruo porque ha vivido en sus entrañas y sabe qué es lo que pasa en un gobierno que termina con prestigio a la baja.

Intenta aplicar ese aprendizaje para evitar que se repita lo que vio en el final de Fernando de la Rúa y de Mauricio Macri. Ha perdido poder dentro del oficialismo. Asiste a reuniones de mesa política en las que habla, dice lo que piensa y nadie le responde y cambian de tema.

Observa el silencio de la mesa cuando habla Milei y dice que él nunca va a cambiar “por un capricho electoral” (sic, lo dijo en Misiones en la cumbre del IAEF). Ocurre que lo que para Milei es un capricho electoral, para quienes lo rodean es una profesión.

Habrá sonreído si escuchó las quejas de la mesa política sobre la encuesta que puso a Guillermo Francos –expulsado mal por el gobierno– como el mileísta con mejor imagen. El ex jefe de gabinete encabeza el ranking de la muestra “Los 1.000 días de Milei”, en el cual Patricia ocupa el segundo puesto en una tabla en la que Milei queda marginado al puesto 8. (D’Alessio IROL/Berenstein)

Inmunología política

Patricia Bullrich parece haber emprendido vuelo en silencio hacia otras querencias. Lo hace, según observa un colega de la cámara con ojo clínico, mediante un ejercicio de inmunología política.

A medida que pasan los proyectos, consiente en pequeñas dosis – principio de las vacunas – las deficiencias y las sostiene con firmeza y discreción. Esto cuestiona la manera como el oficialismo manda los proyectos, y que pretende que se los acepten a mano alzada.

Les demostró que los capítulos de Villa, Tierras y Fuego, de la Ley de propiedad no podían salir y operó para que apareciera una variante. Pero no peleó en la superficie la insistencia en su formato, como se lo pedían del Ejecutivo. También consiente críticas de los aliados para cambiar las leyes y reconoce en privado que del Ejecutivo le piden cosas imposibles. Con franqueza admite que hay ineficacia de las medidas económicas ante las necesidades del público.

En pequeñas dosis va creando distancia del oficialismo, en compás con el ninguneo que sufre en el vértice del poder, que es como se logra la inmunidad con pequeñas dosis de la enfermedad. Pasó de ser ministra estrella y candidata a todo, a manejar un bloque indisciplinado que no le rinde mucho al gobierno.

Mordaza a los diputados

La suerte del oficialismo en el Congreso declina y acumula derrotas todas las semanas. En la que pasó debió resignarse a que Diputados votara el emplazamiento para tratar los proyectos opositores de discapacidad y endeudamiento.

Es un recurso de la oposición para resistir cuando el oficialismo duerme un proyecto que no le gusta. Les juntaron 135 diputados para arrancar la sesión, pero antes pactaron que no les iban a mojar la oreja con reproches. Fue una sesión rara porque se realizó con el compromiso de que no hubiera discursos.

Un hecho insólito que demuestra la declinación del debate público en una sociedad donde la política ha pasado a la clandestinidad. Cuando el diputado Nicolás Massot quiso hablar de los proyectos, el presidente Martín Menem le cerró el micrófono. “- No puede hacer un discurso sobre un tema que no está habilitado – lo retó -. Además, usted no vino ni a la reunión de Labor Parlamentaria, donde se acordó eso”. “- No es un discurso, es un antecedente”, se justificó Massot. Menem: “- Está bien, pero usted no vino ni a la reunión de Labor, diputado, donde se acordó eso”.

No tuvo mejor suerte, Nicolás del Caño, de la izquierda, cuando admitió que no estaban de acuerdo con que los bloques no pudieran hacer uso de la palabra.

Nadie reaccionó ante esa mordaza ante la cual el público debería exigir que se pasen por TV también las reuniones de Labor Parlamentaria en donde se hacen estos pactos secretos.

El gobierno igual perdió, en derrota negociada, por 249 a cero, una paliza que es una radiografía de la debilidad con la que entra en esos debates. Cristian Ritondo, manifiesto acuerdista, trató de zanjar por el camino de las efectividades conducentes.

Pidió que más allá de lo jurídico y de lo político “se establezca el cronograma de pago que van a tener los proveedores a los que se les adeuda”. Hay valores al cobro y eso es también hacer política.

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