Activismo gordo: ¿por qué genera debate?

Uno de los rasgos culturales más importantes en la configuración de la identidad es la construcción de la corporalidad. La gran trampa en la que estamos inmersos es la sociedad de la imagen que entre todos hemos construido. El politólogo italiano, Giovanni Sartori planteó que el Homo sapiens, ese ser apoyado en la palabra y el razonamiento abstracto, ha mutado a Homo videns, un humano en el que la imagen destronó al lenguaje escrito.

Y como ya hemos hablado en otras oportunidades, en esta época que transitamos, la imagen o la estética personal predominan como imperativo y valor supremo. Si bien esto impacta en hombres y mujeres, la tiranía de lo bello hace estragos particularmente en nosotras.

Pese a los avances conseguidos en las últimas décadas, la figura femenina lamentablemente sigue siendo validada solo desde una mirada estética, hedonista. Importa mucho menos su funcionalidad, es decir, pensar qué me permite este cuerpo. Vivimos un verdadero culto al cuerpo que favorece estereotipos de belleza mortíferos que nadie casi cuestiona.

Suscribite a Buena Vida

Cada quince días, Florencia Cunzolo te cuenta lo último para cuidar tu salud y sentirte bien. Registrate acá

Y para cumplir con este mandato cultural, el adelgazamiento, la vigilancia del tamaño, las formas y el rechazo al peso han proliferado de forma alarmante.

Esto ha llevado a un rechazo y desprestigio de la corpulencia, mientras que simultáneamente se otorga privilegios al cuerpo liviano, delgado y esbelto que hoy es considerado bello. Sin embargo, la idealización de la delgadez es una felicidad aparente. De hecho, para nada es antídoto de infelicidad o infortunio. Si habrá flacos y flacas tristes y sin vidas satisfactorias…

La reacción necesaria

Frente a este panorama, en 1970, en Los Ángeles, nace el movimiento body positive, impulsado por un grupo de mujeres feministas con obesidad que buscaban hacer visible los cuerpos grandes en un contexto y en una sociedad que perseguía ideales totalmente opuestos.

Mientras el gordo en la sociedad está desplazado del centro de la escena, el Activismo Gordo buscaba romper con la “hipervisibilidad invisible”.

Además de este movimiento, aparecen en escena los llamados fat studies, un área de la ciencia que, además de abordar problemas sociales como el estigma, la discriminación, propone la despatologización de la obesidad al cuestionar que el peso se use como sinónimo de enfermedad.

Los fat studies promueven la idea de “salud en todas las tallas” y plantean simultáneamente que los programas destinados a prevenir o tratar la obesidad son iatrogénicos (iatros= médico; y génico=origen), es decir que es un daño generado por una práctica o procedimiento médico.

Los activistas pro-obesidad denuncian la exclusión estructural, como la falta de talles, la falta de entornos adecuados en el trasporte o en el ámbito médico para las personas grandes. Lo cual es un dato innegable de la realidad.

El tsunami de la obesidad

Se calcula que 3.000 millones de adultos viven con sobrepeso. De ellos, 1.000 millones con obesidad a nivel global. En nuestro país, 7 de cada 10 adultos vive con exceso de peso.

La obesidad es una enfermedad inflamatoria generada por un exceso de tejido adiposo disfuncional, es decir un alto porcentaje de grasa corporal que enferma porque dispara inflamación sistémica en el cerebro, riñón, páncreas, corazón, vías respiratorias, hígado, piel, entre otros órganos. Es una de las principales problemáticas de salud a nivel mundial junto con las enfermedades cardiovasculares y la diabetes tipo 2, ambas impulsadas por el exceso de peso.

El cortocircuito ideológico

Si aceptamos que existe salud en todas las personas con obesidad, en todos los tamaños, estamos privando de salud a chicos y adultos.

Una cosa es la aceptación de todos los cuerpos y otra es impedir el acceso a diagnóstico y tratamiento de una enfermedad. Una cosa es oponerse a la tiranía de la delgadez como vara única de belleza y otra es legitimar la obesidad cuando nadie legitima el cáncer o un infarto.

Por eso desde la mayoría de las organizaciones médicas y científicas advertimos que la obesidad es una enfermedad crónica que requiere tratamiento interdisciplinario para evitar complicaciones metabólicas y cardiovasculares. De hecho, es hoy el principal determinante de enfermedades crónicas no infecciosas y de días de vida perdidos por discapacidad o por pérdida de calidad de vida.

El punto medio

Afortunadamente, algunos activistas y profesionales de la salud hemos adoptado posiciones equilibradas. No aceptamos el “saludismo”, es decir la obligación de ser saludables. La salud es una elección y así debe serlo siempre. Particularmente, considero que cada uno es libre de elegir en qué cuerpo quiere vivir, pero también que la obesidad es una enfermedad inflamatoria crónica y es una epidemia de muerte lenta.

Sin la pretensión de obesionarnos con un número en la balanza o con un porcentaje de grasa o músculo determinados, he creado hace dos décadas el método llamado “No Dieta”, cimentado sobre la base de que las personas venimos en diferentes formas y tamaños y que debemos festejar las diferencias. Que para lograr un cuerpo cómodo y sano podemos optar por enfoques que prioricen los cambios de estilo de vida saludables y el bienestar emocional por encima de las dietas restrictivas en calorías o placer, o en la práctica extenuante de actividad física.

Quizás el mayor error como sociedad sea plantear esta controversia como un conflicto con un solo bando ganador. El verdadero fracaso sería seguir criticando el tamaño de los cuerpos mientras no se discute el peso de un sistema que no supo prevenir ni tratar la epidemia de obesidad, ni convivir con la diversidad corporal.

¿Te perdiste alguna cita al consultorio?

Encontrá las últimas acá:

➪¿Tenés alguna duda sobre salud y bienestar que te gustaría que abordemos en notas de la sección? Escribinos tu consulta a buenavida@clarin.com

Mostrar más

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *