Día Nacional del Bandoneón: por qué se celebra cada 11 de julio y cuál es el origen de esta efeméride

Cada 11 de julio la Argentina celebra el Día Nacional del Bandoneón, una fecha dedicada a homenajear al instrumento que se convirtió en el símbolo del tango y a uno de sus máximos intérpretes: Aníbal Troilo, conocido popularmente como “Pichuco”.

La efeméride fue establecida por la Ley 26.035, sancionada por el Congreso de la Nación en 2005, en conmemoración del nacimiento de Troilo, ocurrido el 11 de julio de 1914 en el barrio porteño del Abasto. La iniciativa fue impulsada por el poeta Horacio Ferrer y por Francisco Torné, nieto de Zita Troilo, esposa del músico.

Considerado uno de los grandes referentes del tango argentino, Troilo fue bandoneonista, compositor y director de orquesta. A lo largo de su carrera creó cerca de 60 obras, entre ellas clásicos como Sur, Che bandoneón, Barrio de tango, Garúa, Desencuentro y La última curda, además de formar a músicos que marcarían el futuro del género, como Astor Piazzolla.

Aunque hoy resulta imposible pensar el tango sin un bandoneón, el instrumento no nació en la Argentina ni fue creado para ese género musical.

Su origen se remonta a mediados del siglo XIX en Alemania, donde fue desarrollado por el fabricante Heinrich Band como una variante de la concertina.

Su objetivo inicial era ofrecer un instrumento portátil que pudiera reemplazar al órgano en pequeñas iglesias y acompañar ceremonias religiosas en comunidades que no contaban con grandes recursos.

Con la llegada de miles de inmigrantes europeos al Río de la Plata, el bandoneón desembarcó en Buenos Aires y Montevideo hacia fines del siglo XIX. En los conventillos, cafés y salones de baile encontró un nuevo lenguaje y comenzó a integrarse a las primeras formaciones tangueras.

Su sonido melancólico y profundo terminó convirtiéndose en una de las características distintivas del tango, al punto de transformarse en el instrumento más representativo del género y en un emblema de la identidad cultural argentina.

Nacido en 1914, Aníbal Troilo comenzó a tocar el bandoneón cuando era apenas un niño. A los 10 años recibió su primer instrumento y al año siguiente ya se presentaba en público.

En 1937 fundó su propia orquesta típica y desde entonces se convirtió en una figura central de la época dorada del tango.

Su legado trascendió el tango tradicional. Por su orquesta pasaron grandes cantores como su amigo Roberto Goyeneche y Edmundo Rivero, mientras que Astor Piazzolla encontró en él a uno de sus principales maestros antes de revolucionar el género.

Cada 11 de julio, distintas ciudades del país organizan conciertos, milongas, homenajes y actividades culturales para recordar la figura de Troilo y celebrar al instrumento que definió el sonido del tango.

Museos, centros culturales, orquestas y escuelas de música suelen ofrecer espectáculos especiales para mantener vivo el legado de uno de los símbolos más importantes de la música argentina.

Más de un siglo después del nacimiento de Troilo, el bandoneón continúa siendo mucho más que un instrumento. Su sonido sigue evocando la historia de Buenos Aires, la nostalgia de los barrios y la identidad de un género que conquistó al mundo y fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

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