Parecía una solución perfecta en 1960, pero hoy es una de las especies más invasoras de España

Durante décadas fue vista en España como una respuesta rápida para producir madera y cubrir necesidades forestales. Pero su avance, especialmente en Galicia, hoy genera preocupación entre científicos por sus efectos sobre los bosques nativos, las aves forestales y la biodiversidad.

El dato que más pesa está en el territorio: las plantaciones de eucalipto cubren alrededor del 30% de la superficie forestal gallega.

Parecía una solución perfecta en 1960, pero hoy amenaza a los bosques nativos de España

El eucalipto llegó a España en el siglo XIX, aunque su expansión fuerte se dio en el siglo XX. En los años sesenta ganó terreno por una razón concreta: crece rápido y ofrece madera útil para la industria papelera.

Frente a otras especies de crecimiento más lento, permitía ciclos productivos cortos y abastecimiento constante para el sector forestal.

Un estudio de la Universidad de Santiago de Compostela y el CSIC volvió a poner el foco en ese impacto: comparó eucaliptales con bosque autóctono en el Parque Natural de las Fragas do Eume y encontró menos aves donde domina esta especie.

Con el tiempo apareció el costo ambiental. El eucaliptal puede parecer un bosque cerrado, verde y abundante, pero muchos investigadores lo describen como un “desierto verde”: una masa vegetal que no cumple las mismas funciones ecológicas que un bosque autóctono.

La investigación de la USC y el CSIC, publicada en la revista Forest Ecology and Management, analizó 240 parches de bosque autóctono y eucaliptal. Participaron Fernando García-Fernández, María Vidal y Jesús Domínguez, junto con Adrián Regos, de la Misión Biológica de Galicia del CSIC.

El primer cambio está abajo, no en la copa. En muchos eucaliptales se reduce el sotobosque, la vegetación baja donde viven insectos, pequeños animales y plantas autóctonas.

La referencia apunta a la alelopatía: el eucalipto libera sustancias químicas que pueden dificultar el crecimiento de otras plantas bajo su copa. Con menos arbustos autóctonos y menos insectos, también cae el alimento disponible para muchas aves.

El mito común, el reyezuelo sencillo, el carbonero palustre, el agateador euroasiático y el pinzón vulgar aparecen entre las especies que pierden condiciones favorables en estas plantaciones.

Muchas aves forestales usan huecos en árboles maduros para nidificar. El pico picapinos, el pito real y el trepador azul dependen de cavidades que no aparecen en ejemplares jóvenes.

Además, los eucaliptos suelen talarse en ciclos de entre 10 y 15 años. Ese manejo impide que muchos árboles envejezcan y formen refugios o nidos naturales.

El efecto no termina en tierra firme. Las hojas secas del eucalipto pueden caer en arroyos y ríos, donde liberan aceites y compuestos que alteran la cadena alimentaria fluvial.

La referencia menciona efectos sobre el tritón palmeado y sobre larvas de tricópteros y efímeras, organismos que también forman parte de la alimentación de peces de río.

El dictamen del Comité Científico del entonces Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente advirtió en 2017 sobre efectos del género Eucalyptus en suelos, cursos de agua y biodiversidad. Ese informe recomendó incluir varias especies en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras.

La recomendación alcanzaba a Eucalyptus globulus, Eucalyptus nitens y Eucalyptus camaldulensis. La inclusión no avanzó como pedían los expertos, en medio del peso económico del sector forestal.

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