Los habitantes de Okinawa solo comen hasta sentirse satisfechos en un 80% y luego paran: sus resultados en la longevidad

Los sitios conocidos como “zonas azules” se distinguen por la longevidad de su habitantes. En el año 2016 el investigador estadounidense Dan Buettner publicó un libro en el que numeró las ubicaciones en el mundo donde las personas viven más tiempo de forma saludable. Y la isla de Okinawa, Japón, pertenece a aquella lista.
¿Cuáles son los secretos de las personas que viven allí una vida centenaria? Para empezar, estos se encuentran disponibles a quien los visite, como pudo corroborar la Dra. Mónica Katz. La médica argentina, especializada en nutrición, destacó en un artículo publicado en este mismo diario la práctica social del Washoku.
El Washoku se basa en habilidades y tradiciones relacionadas con la forma de producir, preparar y consumir alimentos. Las mismas se mantienen en sintonía con el respeto a la naturaleza y el uso sostenible de los recursos naturales.
Hara hachi bu. Esta frase japonesa es vital entre los pobladores de la mencionada isla. Es algo que repiten antes de cada comida para recordar que deben parar de comer al llenar el estómago en cerca de un 80%.
Aquel mantra acompaña a centenarios que mantienen una vigorosa salud. En sintonía con la moderación, durante la tarde y la noche el plato es abastecido con ingredientes livianos.
La variedad de alimentos en Okinawa es abrumadora. Lejos de ofrecer harina y más harina, en un día el patrón alimentario puede incluir hasta treinta alimentos distintos, entre ellos algas, soja, y fermentados.
Otro argentino, el neurólogo Conrado Estol detalla sobre el “Hara hachi bu”: “hay una comida que me encanta, pero debo comer lento”; indicó en su Instagram.
También habló de los tiempos elegidos para nutrirse: “Si nos vamos 20.000 años para atrás, la gente no comía de noche, estaba oscuro, era más difícil y más peligroso”. El ejemplo histórico lo resaltó en referencia al reloj biológico, “hecho para digerir antes de las seis de la tarde”, algo contrario a la costumbre en ciertos países de cenar a horas de la noche.
Pero los consumos para nutrir el cuerpo no son lo único que diferencia a los habitantes de Okinawa. Mantener un propósito diario, independientemente de tener o no un trabajo, es algo transversal a los grupos etarios. Los okinawenses lo llaman “ikigai”, que no es nada más ni nada menos que tener una razón por la que levantarse cada mañana.
A la vez, existen los “moais”, grupos sociales de apoyo con intereses comunes. Semejante atención en la vida dentro de la sociedad destaca la importancia de los lazos, más allá de que se tenga o no una familia.
Por otra parte, Okinawa tiene la tasa de fertilidad más alta de Japón, con un promedio de 1,5 hijos por mujer a lo largo de su vida. Una cifra que supera los resultados a nivel nacional, que lleva un promedio de promedio de 1,1.
Esta cuestión no es menor teniendo en cuenta que el país perdió 3 millones de personas en cinco años (la población cayó un un 2,46 % entre 2020 y 2025), según datos preliminares del censo quinquenal elaborado el año pasado.
Más allá de la caída de la natalidad, Toshio Inui, médico de Osaka y cofundador de la empresa de biotecnología Saisei Pharma, señaló que en Japón “hay un número inusual de personas” que viven más de 80 años. Asimismo, destacó que en el país insular –que tiene el mayor número de centenarios en el mundo- casi un tercio de la población supera los 65 años.
Inui atribuyó esta longevidad a una dieta rica en pescado, soja y verduras, según aparece en el artículo titulado Exploring links between nutrition and longevity, publicado en la revista Nature.



