Estiman que durante los cuatro días de paro de Ashira se acumularon alrededor de 330 toneladas

La falta de recolección de residuos durante cuatro días consecutivos fue transformándose en un problema que excedió el conflicto laboral que le dio origen. Mientras continuaba el paro de actividades de los trabajadores de Ashira S.A. por la falta de pago de salarios, la acumulación de basura en distintos sectores de la ciudad generó una creciente preocupación por sus implicancias sanitarias y ambientales.

La medida de fuerza se inició a la 0 hora del lunes último y hasta el jueves los camiones recolectores no volvieron a circular por las calles del distrito. Tampoco se prestó el servicio de barrido, por lo que el panorama se agravó con el correr de las jornadas.

La situación era visible en numerosos barrios. Mientras algunos vecinos lograron conservar los residuos dentro de sus viviendas a la espera de una solución, otros se vieron obligados a sacar las bolsas debido al volumen acumulado, especialmente en sectores de alta densidad poblacional.

Ashira paro basura en calles
El cálculo de residuos acumulados durante los cuatro días representó más de 300 toneladas.

Las cifras permiten dimensionar el problema. Habitualmente, seis camiones realizan diariamente la recolección de residuos en San Pedro, distribuidos en tres turnos y distintos recorridos. Cada unidad transporta alrededor de 14.000 kilos de basura por jornada, lo que representa unos 84.000 kilos diarios.

Tomando como referencia que en Argentina cada habitante genera en promedio 1,15 kilos de residuos por día y considerando una población estimada en 65 mil habitantes en el todo el partido, entre el lunes y el jueves se acumularon alrededor de 330.000 kilos de basura.

Dentro de ese volumen se encuentra una proporción significativa de residuos orgánicos, principalmente restos de alimentos. Se estima que cada persona desecha unos 200 gramos diarios de desperdicios de comida, material de rápida descomposición.

La permanencia de estos residuos en la vía pública favorece la proliferación de insectos y roedores, potenciales transmisores de enfermedades. A ello se suma la acción de los perros que durante las noches rompen las bolsas y dispersan su contenido sobre veredas y calles.

Además del impacto visual, la acumulación genera olores desagradables y la producción de lixiviados, los líquidos que se desprenden de la descomposición de los residuos orgánicos y que afectan el ambiente y la higiene urbana.

 

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