El burro por delante: ¿es correcto decir “yo y Fulano” o debemos decir “Fulano y yo”?

En la vida cotidiana, existen ocasiones en las que escuchamos que alguien dice, por ejemplo, “yo y Santiago” en lugar de “Santiago y yo”. Esta frase puede generar cierto ruido en la conversación e interpretarse como un gesto descortés o una mala práctica.
“El burro por delante para que no se espante”, es un clásico dicho que surge por quienes se nombran a ellos mismos antes que a la otra persona.
Frente a este dilema, la Real Academia Española (RAE) revela, desde el punto de vista lingüístico, cuál es la forma correcta de decirlo.
Algunas personas pueden pensar que decir “yo y Santiago” es incorrecto. Sin embargo, la RAE dice lo contrario. Aunque las normas urbanas aconsejan mencionar primero a la otra persona, la institución revela que no es incorrecto, y nunca lo fue, decir primero “yo”.
“No, no es incorrecto ni lo ha sido nunca, aunque las normas de urbanidad aconsejen mencionar primero al otro. De hecho, no es nada difícil encontrar, en prestigiosos autores de todas las épocas, ejemplos en los que el pronombre que designa al hablante es el primero de una serie, larga o corta, de elementos coordinados”, asegura la Real Academia Española en su sitio web.
Incluso, a veces el orden correcto depende del contexto y puede ser relevante el hecho de citar a otra persona en el último lugar. Por ejemplo, si alguien dice: “Las primeras en terminar el examen fuimos yo, Camila y Paula”, podríamos interpretar que la interlocutora fue la primera persona en finalizar.
En cambio, si se nombra en segundo lugar, es lógico pensar que fue la segunda persona en terminar el examen.
En cuanto a los pronombres del plural, con los pronombres del plural parece que la libertad es mayor. “Resulta más natural decir nosotros y ellos que a la inversa, en lo que quizá influyan razones rítmicas o prosódicas”, asegura la entidad.
Si en lo que queremos nombrar aparecen objetos, la “norma” de cortesía desaparece y lo más adecuado y frecuente es que la persona aparezca en primer lugar: “Yo y mis pinturas” en lugar de “Mis pinturas y yo”.
También hay casos en los que los elementos que siguen parten de un yo que encabeza el grupo: “Yo y los que me votaron”.
Estos son algunos ejemplos en los que no se aplican las reglas lingüísticas ni las de cotidianidad, debido a que sonaría raro que el “yo” se ubicara en otro lugar que no fuera el primero:



